UNA GRAMOLA POR LOS CAMBIOS

No os preguntaré si habéis echado en falta mi cita la semana pasada, por si acaso la respuesta avala mi teoría sobre que, en ocasiones, la sinceridad está sobrevalorada.

Vuelvo hoy para hablaros de cambios, y más concretamente de la adaptación a ellos.

Desde la completa asunción de mi condición de tortuga, no sé si con escasas habilidades, pero desde luego sí lentas, tomo plena conciencia de que la adaptación al cambio no es solo esa cualidad que los eruditos universales promulgan como deseada en una entrevista de trabajo o en una dinámica de grupo. Tampoco, aunque pudiera, se refiere exclusivamente a la habilidad de una persona para afrontar diferentes tareas en espacios de tiempo muy cortos. Ni mucho menos se define, de manera única, como nuestra capacidad para relacionarnos constantemente con personas diferentes y de distintos ámbitos. Y desde luego no alude a la virtud de poder hacer dos cosas a la vez, tan asumida por los varones como seña de identidad.

Por estos andurriales de la maternidad, por los que vagamos como viejas glorias con sabor a victoria, podemos llegar a pensar que gozar de la titularidad de madre y trabajadora podría hacernos merecedoras de este enjundioso emblema. Es más, nuestro ego así nos lo hace creer y transmitir. Pero ni la ausencia de descanso enmascarada por ropajes, tacones y maquillajes; la destreza para alcanzar la cuadratura del círculo en términos de organización; la excelencia profesional, maternal y marital; ni la sonrisa imperturbable de mujer diez, ganadora en la competición de cortesía y amiga de todos, incluso de los del lado oscuro si hace falta, es suficiente para saborear el éxito.

Con serenidad y sin temor a equivocarme, sólo con cierto riesgo de caer en la exageración involuntaria, me aventuro a sostener que la auténtica adaptación al cambio la exhiben los valientes decididos a dejarlo todo y emprender una nueva vida en otro país. Eso es lo que la retórica identifica como adaptación al cambio y la euforia folclórica como tenerlos bien plantados (cualquiera de los dos atributos, dependiendo del género).

Mi etiqueta negra en su momento lo hizo, asumiendo así el rol de valiente en nuestra pareja. Ahora mismo no me veo con fuerzas para luchar por desbancarlo. No sé si más adelante me veré obligada. Uno nunca sabe.

Igual que él, algunos intrépidos lo hicieron e incluso repitieron, por si no habían hecho suficiente gala de su valentía en la primera ocasión.

Es el caso de una mujer animosa donde las haya. Por amor, siguiendo a su marido en su andadura más allá del océano, dejó España y pasó más de un lustro en Chile, país que vio nacer a dos de sus tres hijos. Cuando se fue, no le quedó más remedio que adaptarse a su nueva vida allí, aunque ahora es consciente de que siendo sólo dos era una tarea más fácil. Pasados los años y con apenas meses de diferencia, se enteran de que está embarazada de su tercer hijo y que el sueño de vuelta a casa se iba a realizar.

Mi querida compañera de achaques durante los embarazos se vio abocada a un nuevo cambio de país, esta vez cargada, además de con los bártulos acumulados en seis años de vida en común, con dos hijos y un bombo. Y aunque el cumplimiento de los sueños es grato, a veces nos sorprende también por su dureza. Como ella misma describe, se ha tenido que adaptar de nuevo a todo, desde hacer la compra con productos y marcas completamente nuevas, pasando por colegio nuevo, amigos nuevos, y terminando por tener que acostumbrarse al tono de voz y contestaciones a la española, después de vivir la fascinación del candor y la dulzura latinoamericana. Esto último, ya os comenté en su día, es un efecto colateral de compartir moneda con los alemanes. Quizás como estamos viendo caer el mito en un coche que se desploma por un precipicio, ahora mostremos más interés en que se nos pegue la frialdad de los nórdicos, materializada, a priori, en rojas mejillas encendidas por el hielo (en ocasiones, el que acompaña al alcohol).

Y por si con todo y con eso quedaba alguna duda sobre su valentía, resulta que además, escribe un blog (Fresas y Frutillas). Otra loca de este mundo del que tampoco soy una excepción.

Hoy, mi querida Esther, mi moneda de la gramola va por ti y por toda tu familia, para que os amenice el camino de la adaptación y os haga recuperar la fe en que los españoles, aunque rudos, podemos llegar a ser entrañables en el fondo de nuestro montaraz corazón. Hasta yo he conseguido engañar a uno para creerlo.

De verdad de la buena que admiración superlativa es la que siento. Casi tanta como la que deben profesarnos a ambas dos por empujar un streety en lugar de un bugaboo que se lleva solo, como la seda…

Este video me pareció muy ad hoc.

10 Thoughts on “UNA GRAMOLA POR LOS CAMBIOS

  1. yo sí eché de menos tu post semanal, pero pensé que si volvía a decirte que nos tenías abandonados en el blog me ibas a declarar persona non grata por presionar 😉

    • entremadridybuenosaires on 2 marzo, 2016 at 12:37 pm said:

      Lo que te digo, que soy Spanish hasta la médula y tengo una fama de ruda ….
      Tengo que hacer méritos para que penséis que en el fondo soy la más tender del lugar. Si sigues presionando te tendré que dedicar una segunda gramola…

  2. Vicente Alemán Herclla on 2 marzo, 2016 at 12:05 pm said:

    La práctica hace que te superes.
    ¡Bravo!

  3. Yo también te eché de menos pero no digo nada porque tu eres más organizada que yo que soy una caótica y estás casi siempre fiel a tu cita!
    Un beso grande!!

  4. Marta on 3 marzo, 2016 at 11:29 am said:

    Pues no sé si me creerías si te dijera que entre viajes a dejar a la prole, ventas de última hora, papeles y mudanzas con calor infernal y el frío húmedo de nuestra vuelta a Canarias, pérdidas de maletas, retrasos de veinte horas, etc, he echado de menos la gramola. Por favor, a quien no le gusta tener unos minutos de descanso, para reírse o sentirse identificado.
    Y claro, cuando encima he visto el tema, ni que decir tiene, que compadezca a tu amiga Esther, y eso que yo llego a Las Palmas, que aún se asemeja un poco más el carácter al latinoamericano que hemos compartido…
    Nos vemos pronto!! Que tengo “una cláusula en el contrato” para ir cada dos meses a Madrid!!! (No negocio tan bien como mis amigas…)

    • entremadridybuenosaires on 3 marzo, 2016 at 12:50 pm said:

      Tú es que eres otra valiente de las buenas, buenas! (una de esas altas, guapas y con arrojo donde los haya!…ya lo escribí en su día…)
      Si hubiera tenido que hacer yo eso, mi ojo que parpadea a destiempo cuando estoy estresada, se me saldría de la órbita. Seguro.
      Ya te tengo fichada de nuevo! no pensé que fuera tan inminente tu vuelta!
      Alegría enorme me dará verte, querida.

  5. Emoción máxima es la que me invade ahora mismo!!!! Gracias gracias y gracias!!!! Un besazo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation