28 DÍAS

Algunas mentes elucubradoras, de esas que andan sueltas por ahí, defienden que tres es el número cabalístico por excelencia. Tres eran los cerditos del cuento, las madrinas de la Bella Durmiente, los ositos de Ricitos de Oro, los Reyes Magos, las carabelas de Colón y las gracias de Rubens. Otros expertos en las artes divagatorias, sin embargo, trasladan una magia especial al número siete. Las siete notas musicales, los siete colores del arco iris, los siete pecados capitales, las siete maravillas del mundo antiguo o los siete enanitos de Blancanieves.

Tras un pormenorizado estudio de una materia tan enigmática y misteriosa como la maternidad y todo lo que le rodea, incluidas las portadoras del gen que les otorga la titularidad en cuestión, creo que podría fijar mi número cabalístico en el veintiocho. Continue Reading →

LA HERENCIA

Para vuestra sorpresa e hilaridad, la inteligencia se hereda. Y más aún, para amargura de mi etiqueta negra e incluso imagino para la de su santo padre, se hereda de la madre.

Este fue el principal mensaje con el que me quedé tras semanas poco fructíferas de asistencia a un curso de preparación al parto en mi primer e ingenuo embarazo. En los dos siguientes, además de por razones que obedecen a mi imposibilidad física por cautiverio residencial y hospitalario, y consciente de que ya era sabedora de la única gran verdad que me transmitieron, no fui a ninguno.

Es más que probable que la teoría disguste no a unos, sino a muchos, pero es nuestra inherente realidad. Hace años un científico estadounidense llamado Robert Lehrke postuló que la inteligencia de las personas está relacionada con el gen X (el de la mujer). Por otra parte, y más recientemente los doctores alemanes Horst Hameister y UlrichZechner enunciaban la teoría sobre la relación que existe entre los genes X y la memoria y las terminaciones nerviosas del cerebro. Parece ser que las mujeres somos responsables de la inteligencia de los humanos incluso a través de la selección que hacemos del varón, primando la inteligencia frente a la belleza e iniciando un mecanismo de selección natural. En este punto es donde el patriarca de mi hogar debe sacar pecho y cambiar su siempre impávida expresión por una de júbilo casi artístico. Desde luego no es moco de pavo estar a la altura de mi elección. Casi escucho los gritos y alaridos de emoción.

Dicho esto, resulta eminentemente incuestionable el alarde propagandístico que vengo a hacer de mi prole. Son listos a rabiar. Y guapas y guapo como su padre, no lo voy a negar.

Son genios en todos y cada uno de los campos que tocan. Consecuencia irrefutable de ser un epígono, que no un epílogo.

Si por materias he de analizar, el álgebra la tienen completamente dominada, cada uno en su nivel.

La mayor ya suma y resta con digna destreza, manejando con soltura el concepto de decenas. Tan interiorizado lo tiene que incluso cuenta por grupos de diez las monedas con las que el Ratón Pérez le obsequia por sus caninos. El valor no importa, el tamaño y la cantidad sí.

La mediana tiene centrados sus esfuerzos en los números ordinales, presiento que motivada tanto por su posición como por su pausada condición.

El último se encuentra inmerso en esa lucha interior por discernir entre muchos y pocos. La criatura tiene completamente asimilado el concepto “mucho”, puesto que todo, absolutamente todo, es suyo. Entiendo que se le antoje difícil distinguir que en ocasiones es poco. No me preocupa. No es una cuestión de inteligencia, sino de terne voluntad.

En dialéctica, matrícula de honor ostentan. Diría que es casi la mayor muestra de su extraordinaria y heredada inteligencia.

Su dominio absoluto del lenguaje verbal y corporal me convierte en una rival fácil de desarmar. Por no mencionar su gran especialidad, la de inventar. También noble herencia de su madre. Pero esta inusitada cualidad no viene de la mano del azar o la ventura, sino de la cordura y el fundamento. Sólidos son los argumentos.

¿Acaso no es un pavo una persona sosa o incauta y por lo tanto el que está “apavardao” es el que tiene cualidad y calidad de pavo?

¿O alguien duda de que el prefijo “des-“ denota negación o inversión del significado de la palabra simple a la que va antepuesta y por ese simple y llano motivo la expresión opuesta de “me arrimas” sería “me desarrimas”?

Yo desde luego, ni osadía ni atrevimiento. Para mí es todo un descubrimiento.

El mismo que hoy os he venido a contar y por el que agradecidos todos hemos de estar con nuestros ancestros femeninos.

Y aun así, la RAE nos persigue

¡Qué desasosiego!

niño sabio

Fotografía sacada de Avance Mundial

 

LA RAE ME PERSIGUE

Una definición objetiva de mi persona pasa por decir que soy catalana de nacimiento, madrileña de adopción, extremeña de corazón y argentina consorte. Lo que viene siendo una ciudadana del mundo, con habilidad para adaptarme a costumbres e idiomas diversos. Pese a ésta mi camaleónica capacidad de cambio, el corazón siempre me lleva hacia una opción con mayor predilección. Y aquí, amigos, la extremeña gana por goleada…

Qué tendrá esa tierra mía que tanto me gusta y me atrapa, amén de una paradisiaca ciénaga, delirio de tierna infancia. Esa tierra con la que mi prole se mimetiza tanto durante la temporada estival que vuelven hablando cierta mezcla exótica de extremeño y argentino que creo terminaremos coronando como lengua oficial de nuestro reino particular.

Él no es plenamente consciente aún, pero el exotismo no es sino un acicate más que mantiene vivas nuestras ansias de saber y la llama de nuestro amor… Qué sería de nuestro patriarca, en el que se combinan una notable sobriedad navarra con una exquisita cultura de verborrea argentina (que en su caso brilla por su excelencia así como por su ausencia) sin el exotismo que su descendencia, bajo clara influencia materna, le brinda en su anodino día a día. Que tediosa sería su jornada sin tener que corregirnos las letras que nos comemos al hablar o sin tener que adivinar el significado de alguna palabra nueva con la que le sorprendo. Porque yo, como buena extremeña de corazón, grito a los cuatro vientos “ ¡Cuidao!” Cuando un hijo mío se lanza al peligro cual kamikace en acción o les preparo un buen platito de “pescao” para cenar, porque soy también un poco madre “bio” y me gusta cuidar la alimentación de mis criaturas. Porque declaro estar remostosa cuando estoy pringosa, o estar más calmada por conseguir que una situación sea más desenredada. Atrocho por diferentes caminos para llegar antes a mi destino, acumulo zarrios por doquier, me añusgo con la boca llena de perrunillas y aunque mis hijos salen como pinceles de casa vuelven hechos unos farraguas.

A día de hoy, con más de dos lustros juntos a nuestras espaldas, me congratula poder seguir velando por mantener viva nuestra capacidad de aprendizaje. Por seguir despertando en mi etiqueta negra un espíritu de iniciativa y superación que le lleva a consultar con frecuencia y desparpajo español el diccionario de la Real Academia Española (RAE), porque yo no, pero ella, con su lema “limpia, fija y da esplendor” sí que sabe.

Y aprender de los errores es de sabios y “extremeñarse” más. Así que querido mío, terminarás hecho un sabio, que en verano llevará calzonas, que tendrá “cuidao” con sus hijos para que no se entrillen los dedos o se hagan piteras y que como siga dándole tanto al ibérico de nuestra tierra se va a poner casi tan mostrenco como con el dulce de leche. Porque todo se pega y más mi hermosura y yo ya voy hablando por ahí diciéndole a mis hijos “ponete el abrigo” o “vestíte que nos vamos”.

¡En la diversidad, está la riqueza!

¡Qué familia más rica tenemos!

RAE

DE VACACIONES CUAL FIONA

Mis queridos cuatro locos/as seguidores/as….

Con esta carta me despido. Ha llegado el momento de retirarme durante la temporada estival.

Los que bien me conocéis sabéis que tras un pequeño paso por la playa nos metemos de lleno en la España interior y profunda, en esa en la que nos espera con los brazos abiertos la que a ojos del patriarca es una ciénaga y a ojos de mis hijas es el paraíso. Donde yo pasé grandes momentos de mi infancia (los mejores) y que mis hijos tienen la oportunidad de revivir. Ese lugar mágico que sería un pozo de inspiración para la mismísima @soynuriaperez, puesto que las rocas, palos y algún que otro desperdicio se convierten en un momento en perfectos utensilios de cocina, elementos de supermercados, cargamento de barcos pirata, material de una rústica escuela, etc… todo a los pies de una ciénaga en la que además se encuentran en no escasas ocasiones con culebras cazando sus presas, cangrejos y otros seres vivos propios del ecosistema.

Con este mi espíritu hollywoodiense y cual encarnación de la princesa Fiona, siempre enamoradísima de su querido Shrek, os dejo para estar reposando en mi ciénaga, rebosando todito amor por todas partes. Lo que no sé si alcanzaré a predicar eso de la slowlife esa que me resulta tan desconocida e inalcanzable, porque lo de estar con el ojo loco, brazos locos, piernas locas, y toda loca detras de mi Forrest Gump particular, el intrépido de mi tercero  que se lanza al agua como si en lugar de pulmones tuviera branquias, y doña col que me reclama en cuerpo y alma en cada baño que se da, precisamente por todo lo contrario… si lo hago muy slow, alguno se me ahoga seguro… casi que yo voy con el turbo, aunque mi Shrek perjure que voy con el freno de mano puesto….

¡Feliz verano a todos!

Vuestra, siempre…. desde la ciénaga con amor….

Fiona

fiona

EL TRABAJO DE DAR BESOS EN EL TRABAJO

Tirando de refranero nos encontramos con aquél que dice, allá donde fueres, haz lo que vieres. Y si así lo hiciera, en caso de tenerme que ir a trabajar a Argentina, me vería en la tesitura de ir preparando mis mejillas y morros para dar y recibir, a partes iguales.

En uno de mis viajes a Buenos Aires, estando en el aeropuerto ubicado en el centro de la capital y esperando en la cola de facturación, presencié una escena pintoresca y peculiar a mis extranjeros ojos, que aún a día de hoy sigue llamando mi atención cuando voy. Justo coincidía el cambio de turno del personal de tierra. Los empleados del siguiente tramo horario llegaban, además de frescos como lechugas, airosos como solo los argentinos saben, con ese aplomo arrollador que ya me gustaría para mí. Lo siguiente en acontecer no fue un cambio de turno normal, automatizado, breve o discreto. No, fue todo lo contrario. Tanto los que estaban como los que llegaban se recibían con una afectación y entusiasmo como nunca antes había visto. A la par que se proclamaban un amor incondicional, preguntándose por cómo les iba a todos los miembros de su familia, en lo que habían empleado el tiempo que habían estado separados desde la jornada anterior o cómo habían llevado la mañana, se plantaban un beso en la mejilla (en Argentina sólo se da un beso); pero besando de verdad, no cachete con cachete, como simulamos aquí cuando se trata más de un ritual que de un contexto familiar. Y lo curioso del asunto no es tanto la escena en sí misma, puesto que a todos nos pueden pillar en un momento de máxima efusividad (cumpleaños y otras fiestas de guardar) sino su periodicidad, que no es otra que diaria y repetida en tantos turnos como haya.

Al parecer no es una práctica extendida en el cien por cien de los gremios, pero desde luego en los que yo he tenido oportunidad de catar como “pseudoturista” sí. Cafeterías, supermercados, tiendas, restaurantes y demás entran en el lote de los besucones.

Digna de alabanza y loa es la paciencia de los que esperan, con inamovible sonrisa, hasta que tan lisonjero ceremonial llega a su fin.

La verdad, que bien pensado, lo de dar besos a diestro y siniestro es una máxima muy presente en nuestra filosofía de vida Entre Madrid y Buenos Aires, quizás llevarlo a la práctica laboral (a la que en ningún momento me refería) a lo mejor nos volvería más amables, capaces de mantener un trato más cordial entre compañeros o con la gente con la que nos relacionamos, o al menos estéticamente más cordial. Porque los españoles, en comparación con los argentinos, somos más rudos y secos (es lo que tiene ser europeo y compartir continente o moneda con los alemanes, entre otros).

Pero en este caso particular, prendo el modo visualización mental y lo de verme besando a mis compañeros de trabajo todos y cada uno de los días del año, y sin nada que objetar a los susodichos, se me antoja, cuanto menos, desalentador; literalmente me quedaría sin aliento.

Tengo un carácter latino de los que sustentan su generalizada fama; soy besucona y cariñosa como la que más, pero yo es que lo de los tocamientos y los besos lo dejo para la intimidad. Y como hay quien duda de la nacionalidad de mi marido, porque no habla, no bebe mate, no le gusta el tango y lo de los besos no va tampoco mucho más allá de su círculo más cercano, pues creo que él lo llevaría peor.

Pero oye, quizás todo es empezar, quien sabe, a lo mejor le “cogeríamos gusto al asunto”. Es lo que tienen los besos.

beso