DE VACACIONES CUAL FIONA

Mis queridos cuatro locos/as seguidores/as….

Con esta carta me despido. Ha llegado el momento de retirarme durante la temporada estival.

Los que bien me conocéis sabéis que tras un pequeño paso por la playa nos metemos de lleno en la España interior y profunda, en esa en la que nos espera con los brazos abiertos la que a ojos del patriarca es una ciénaga y a ojos de mis hijas es el paraíso. Donde yo pasé grandes momentos de mi infancia (los mejores) y que mis hijos tienen la oportunidad de revivir. Ese lugar mágico que sería un pozo de inspiración para la mismísima @soynuriaperez, puesto que las rocas, palos y algún que otro desperdicio se convierten en un momento en perfectos utensilios de cocina, elementos de supermercados, cargamento de barcos pirata, material de una rústica escuela, etc… todo a los pies de una ciénaga en la que además se encuentran en no escasas ocasiones con culebras cazando sus presas, cangrejos y otros seres vivos propios del ecosistema.

Con este mi espíritu hollywoodiense y cual encarnación de la princesa Fiona, siempre enamoradísima de su querido Shrek, os dejo para estar reposando en mi ciénaga, rebosando todito amor por todas partes. Lo que no sé si alcanzaré a predicar eso de la slowlife esa que me resulta tan desconocida e inalcanzable, porque lo de estar con el ojo loco, brazos locos, piernas locas, y toda loca detras de mi Forrest Gump particular, el intrépido de mi tercero  que se lanza al agua como si en lugar de pulmones tuviera branquias, y doña col que me reclama en cuerpo y alma en cada baño que se da, precisamente por todo lo contrario… si lo hago muy slow, alguno se me ahoga seguro… casi que yo voy con el turbo, aunque mi Shrek perjure que voy con el freno de mano puesto….

¡Feliz verano a todos!

Vuestra, siempre…. desde la ciénaga con amor….

Fiona

fiona

LITERATURA A LA ARGENTINA

A día de hoy uno de mis grandes retos como madre no es conseguir que mis hijos lean a la perfección la cartilla, coloreen sin salirse, hagan sumas y restas sin equivocarse, hablen mucho inglés o tengan una velocidad de cálculo supersónica.  Ni siguiera que el curso que viene, con el paso a primaria, la mayor saque sobresaliente en los controles que le puedan hacer. A día de hoy, cuando la primogénita tiene apenas seis años recién cumplidos, la mediana va camino de los cuatro y un varón con-don de año y medio, mi gran propósito es intentar que sean felices e inculcarles valores profundos (yo, los míos, cada cual, con los suyos), que les acompañen en sus andaduras como mujeres y hombre de provecho.

Pese a que tres, a ojos de muchos, puede parecer no sólo un número elevado de hijos (que lo es también a los míos propios) sino un número que ya te otorga el título de madre experimentada, nada más lejos de la realidad. Soy una madre en ciernes, que sigue dudando y buscando recursos allá donde los hubiere para afrontar la nada fácil tarea de la educación y crianza de mi descendencia.

Y es en estas lides en las que, en no escasas ocasiones, recurro a los cuentos para poner en boca de otros lo que yo misma querría manifestar, puesto que soy consciente de que, como ha ocurrido a lo largo de toda la historia de los matriarcados, si lo digo yo, o el patriarca, el porcentaje de calado del mensaje no es el mismo, ni es igual. Amén de la gran utilidad que luego tienen las referencias bibliográficas, “¿ves?, como en el cuento”. El “ya te lo dije” o “ves lo que te decía” parecen frases inherentes a la condición de madre/padre. Todos lo hemos sufrido y el que esté libre de pecado, incluso de pensamiento, que tire la primera piedra.

Mi espíritu hollywoodiense me lleva a tener predilección por los cuentos e historias de Disney, llenos de color, glamour y finales felices; inclinación que se ha visto agudizada desde el mismo momento en que tan inigualable compañía ha adquirido los derechos de Star Wars… Sin embargo, cuando se trata de predicar mensajes, me pongo en mi modo “moderna mística” y me decanto más por esos libros en los que parece que la sencillez y austeridad de las ilustraciones es proporcional a la profundidad del mensaje.

Una de mis obras literarias preferidas para estos menesteres es el HILO SIN FIN; la historia de Anabel, una niña que se encuentra una caja mágica con un hilo de lana sin fin que le llevará a transformar su pueblo gris y triste en un pueblo bonito, lleno de color y alegría. Un libro sobre la amistad, el poder de la transformación y cómo la actitud ante la vida puede cambiar por completo el curso de los acontecimientos.

Hilo sin fin

Y otro de mis imprescindibles es EL CAZO DE LORENZO en el que dibujos sencillos, tiernos y divertidos muestran cómo un niño con sus dificultades, sus cualidades y sus diferencias respecto al resto, consigue afrontar y superar el día a día. Algo para lo que además es fundamental contar con buenos amigos.

Hilo sin fin y cazo de lorenzo

El primer día que le leí EL CAZO DE LORENZO a mi mayor, terminé la historia y le pregunté “¿lo entendiste?” Y me contestó, “más o menos, pero yo creo que es mejor si me lo explicas en argentino…”

No sólo yo, que por carencia de nacionalidad estoy excusada, sino que mi amado esposo, oriundo de la mismísima Argentina, aún sigue buscando respuesta y yo planteándome si debo cambiar el discurso…

Irme a Disney World quiero, con el corazón entero!

Tengo el corazón partío… como Alejandro…

Un viaje a Disney World puede tener la intemerata de calificativos, a saber, divertido, entretenido, fabuloso, magnífico, inolvidable… pero a la vez descorazonador. Es esa dualidad de las cosas que como el perro del hortelano, ni come ni deja comer.

Supongo que fruto de la querencia que mi amado esposo tiene, por razones obvias, hacia el continente americano, hace unos meses se tomó la decisión en mi hogar, con mayoría plena pero no desde mi total convicción, de hacer un viaje a Disney World con las niñas; y leéis bien, sólo las niñas, porque tras analizar la situación por arriba por abajo, por delante y por detrás, llevar al pequeño con nosotros nos traía más inconvenientes (me duele incluso verbalizar que mi pequeño es un problema) que beneficios, que aparentemente solo era el de que yo estuviera más tranquila.

Bajo el prisma de la lejanía temporal se observan figuras caleidoscópicas excepcionalmente bonitas y de armónicos colores, pero amigo, el caleidoscopio gira al compás de las manecillas del reloj del calendario y, a medida que la fecha no solo se aproxima, sino que está al caer, los motivos ya no son tan lucidos, ni especialmente atrayentes. Ahora una lo ve cual maraña de difícil salida.

Soy una gallina en el más amplio sentido de la palabra. Primero de todo, por ese sentimiento que, de manera inconsciente que no involuntaria, me lleva a tener a todos mis polluelos bajo mi cobijo y amparo. Segundo, porque hago honor a la mayor cualidad que de manera automática y en esta ocasión sí involuntaria, se le confiere a una madre en el mismo instante del alumbramiento, el miedo. Y efectivamente, cuando seas madre, comerás huevo.

A estas alturas de la vida es cuando entiendo y comprendo las estridencias de mi madre que me esperaba despierta jugando al buscaminas cuando salía por la noche, o por qué quería saber dónde iba, con quién, o el motivo por el que los viajes siempre suponían una preocupación, que no desaparecía hasta que, pasados los días, estaba de vuelta en casa.

Y soy yo la que ahora, convertida en una auténtica madre cliché, sufro, a veces en silencio y otras no, esos miedos que me llevan a pensar en esa serie de catastróficas desdichas que pueden ocurrir estando separada de mi último apéndice.

El recuerdo intacto tengo del único viaje allende los mares que hicimos mi marido y yo separados de la que por aquel entonces era nuestra única hija de nueve meses. Al pánico absoluto que tengo a volar, se unía que dejaba atrás a la carne de mi carne. Mientras el avión despegaba, lagrimones como limones me caían por las mejillas, rezaba con el mayor de los fervores y me agarraba fuertemente a mi marido, que me miraba con ojos de asombro, incredulidad al mismo tiempo que chanza.–No te preocupes, la niña va estar bien. Se queda con tus padres…– Sí, va a estar bien, pero la que no tenía claro que lo fuera a estar, era yo. No transcurría un día sin que mandara el mail de rigor demandando noticias de mi pequeña. Cual madre primeriza histérica que sale a cenar, que en las dos o tres horas que dura la velada, llama un par de veces a los mortales que amablemente se hayan quedado de canguros.

Hasta este punto todo bien, el viaje transcurría dentro de los límites de la normalidad y disfrute esperados. Pero justo en el momento de vuelta a casa, cuando parecía que mi nerviosismo ya debía entrar en fase de declive, en la puerta de embarque del avión viví uno de los momentos más angustiosos de mi vida. Un horrible temporal de esos que paralizan la ciudad de Nueva York, estaba dejando inoperativo el aeropuerto donde estábamos. Todos, absolutamente todos los vuelos se estaban cancelando. Todos, menos el nuestro. ¿Ves? si no pasa nada, nuestro vuelo sigue sin cancelarse…. ¿Te crees que el capitán va a salir sin estar completamente seguro de que puede hacerlo? Ni mis oídos ni todos mis sentidos daban crédito a lo que estaba oyendo. ¿Cómo que si nuestro vuelo no se cancela significa que no pasa nada? ¿Y el hecho de que todos los demás se cancelen no puede significar que el que está loco es nuestro piloto? Desde luego pirados, haberlos, haylos, y todos lo acabamos de comprobar hace muy poco, lamentablemente.

Pese a que mi marido me insistía en los contratiempos que nos ocasionaría cancelar el vuelo (alojamiento, días de retraso en el trabajo, dinero extra con el que no contábamos y por inclemencias meteorológicas no te cubren nada) para mí el mayor de los problemas era simplemente que si me subía en aquel avión las probabilidades de que no llegara viva a ver a mi hija eran lo que se dice un poquito altas… Por defecto profesional, no hacía más que imaginarme escenarios que estadísticamente eran probables y se me encogía el corazón. Tanto fue así, que en ese devaneo mental que me traía, me lancé presurosa a escribir lo que yo creía podían ser mis últimas palabras. Blackberry en mano, redacté un correo electrónico a mis padres narrando lo que a mis ojos era nuestra calamitosa situación, y clamando porque si no llegábamos vivos a nuestro destino, por favor, el dinero del seguro y de la venta de la casa, lo invirtieran en llevar a mi hija a un colegio bilingüe (pero de verdad) y le proporcionaran la mejor de las educaciones. Verdaderamente era desgarrador. Menos mal que mis padres no lo leyeron hasta varias horas después de nuestra llegada, si no, ni imagino el sin vivir de mis progenitores.

En esas me veo yo ahora, haciendo maletas para los que nos vamos y para el que se queda, pidiéndome el corazón que le deje mis últimas voluntades, que además de velar por su buena educación, van encaminadas a la transmisión del amor más profundo que se puede sentir hacia alguien. Porque casi me cuesta la vida traerlo a este mundo y queriéndole como le quiero, separarme de él me resulta descorazonador.

Y en este sin vivir, que me tiene sudando desde hace una semana como en mis mejores momentos de conductora novel que llevaba el coche de mi padre y él sabía que me había montado por los chorretes de sudor con los que había impregnado volante y palanca de cambio, me encuentro ahora.

Solo espero y deseo poderme reír de esta situación igual que de la misiva de aquella ocasión.

Y que pronto llegue el momento que ya me ha prometido el padre de las criaturas, la vuelta a Disney World todo juntos en amor y compañía.

Te quiero mucho hijo!

Nicolás
Gracias Jessica Davey por esta preciosidad!

ENTRE MADRID Y BUENOS AIRES ESTÁ HOLLYWOOD…

Desde bien chiquita, que diría una argentina, el espíritu hollywoodiense invadía mi ser. No en vano, cuando en el colegio la maestra nos invitaba a plasmar en grandes obras pictóricas nuestras futuras ambiciones profesionales yo dibujaba una pareja “agarrada” (como volvería a decir una argentina) de la mano, en un escenario que parecía ser la calle. Ni corta ni perezosa le plantaba dos rombos en la esquina, señal indiscutible de que quería ser artista. Para los foráneos y las criaturitas que desconozcan esta antigua simbología, era la que se usaba para clasificar un programa que no podíamos ver los niños.
ENTRE MADRID Y BUENOS AIRES ESTÁ HOLLYWOODAunque mi carrera se vio truncada tras un par de obras de teatro en el cole y nunca he tenido ni el más mínimo resquemor por haberla abandonado, creo que me sigue gustando el mundillo de la farándula. Tanto es así, que incluso busco rodearme de los que en él habitan. Desde siempre le compro el pollo a Demi Moore, estoy casada con Richard Gere, soy hija del detective de Twin Peaks, el ginecólogo que trajo al mundo a mi hija mayor es Ed Harris, la enfermera que me cuidaba por las noches en el hospital durante dos meses en los que tuve que ejercer de incubadora postrada en una cama (esto dará para un post muy largo…) es la fabulosa Scarlett Johansson, un representante de un proveedor de la empresa donde trabajo es John Goodman y, aunque muchos no lo sabéis, Morgan Freeman, además de actor, es un gran médico argentino y en la intimidad le llamamos Oscar. Así podría estar enumerando a una buena ristra de famosos que me persiguen.
ENTRE MADRID Y BUENOS AIRES ESTA HOLLYWOOD

Pues en este farandulerar, estoy contrastando, con evidencia empírica, que hemos engendrado unos hijos que apuntan grandes maneras de artistas.  La mayor es la gran emuladora de Forrest Gump, está todo el día corriendo. Cualquier movimiento lo hace con el ritual de la carrera, y además, le pasa como a él, que se introduce tanto en el papel, que no se percata de cosas obvias. Así como Forrest se olvidaba de hacer pis, mi hija se olvida de que hay paredes y se las traga de frente. La mediana es la que más registros tiene. Tan pronto se muestra como la nueva Marilyn Monroe, con su melena rubia y su sensual caída de ojos, como Vivien Leigh en sus mejores momentos de Escarlata O’Hara, llorando y poniendo a Dios por testigo de que nunca volverá a pasar hambre. Y por último, acojo en casa al único e irrepetible Jack Nicholson en el papel estelar del maniático Melvin Udall de la película Mejor Imposible. Lo que para unos es andar sin pisar las rayas de los baldosines, comer siempre en la misma mesa y con cubiertos de plástico o girar tres veces el cerrojo de la puerta, en mi casa se traduce en dormir sí o sí con la mano metida dentro de mi manga, meterse el chupete después de cada bocado o según lo levanta en brazos una mujer, meterle la mano en la pechera hasta que toca el fondo adecuado y deseado.

No es que me incomode albergar tal elenco en mi hogar, pero preferiría evitarme los golpazos de la mayor, el sufrimiento gratuito de la mediana o el sonrojo que siento cuando mi hijo le toca la teta a una desconocida. Más allá de eso, todo está perfecto.

Como dice la voz en off al final de la película Pretty Woman: “Sigan soñando, esto es Hollywood”

 

Para aventureros, exploradores y súper héroes

Pocas palabras más hacen falta para describir lo que ya la autora de este libro, Nuria Pérez Paredes, avanza en la reseña. Atractivo de lo lindo…

manual exploradores
Reseña
Un día, hace no mucho tiempo, un grupo de niños descubrió un manual secretísimo y súper especial. Era un viejo manual que enseñaba cómo ser exploradores profesionales, súper héroes increíbles y aventureros de los de verdad. Tenía un montón de aventuras dentro así que pronto se pusieron a explorar. Descubrieron ideas para hacer en casa y vivieron aventuras por su barrio y su ciudad. Lo que no sabían estos niños es que el manual escondía otro secreto. Poco a poco, jugando y explorando, los niños desarrollaron un súper poder: el pensamiento creativo. Desde entonces a esos niños les encanta tener nuevas ideas, descubrir mundos distintos y ayudar a los demás. Ahora los niños quieren compartir el manual contigo. Así que lo hemos limpiado, lo hemos arreglado con celo aquí y allá y hemos añadido una carta para los padres (ya sabes que a ellos hay que explicarles todo siempre un poco más). ¿Estás preparado para convertirte en un verdadero profesional de la aventura?

The Adventurers and explorers party from Sparks & Rockets on Vimeo.

¡Nos vamos de concierto!

En nuestro espacio Entre Madrid y Buenos Aires nos movemos al grito de “¡No sin la música!”. De hecho, reservaré un hueco especial para compartir un montón de canciones.

Me gusta que este lema invada nuestra vida. Cuando la vorágine del día a día nos lo permite ponemos música. Incluso hemos notado que en alguna ocasión hasta resulta un buen acicate cuando la rutina se atasca o se nos presenta con algún conflicto, como puede ser la hora de levantarse para ir al cole tras una indebida trasnochada o por el contrario la hora de acostarse en un momento álgido de actividad o excitación. La verdad es que la situación se torna más llevadera si las llamadas mañaneras van acompañadas de vivos ritmos musicales o si la calmada cadencia de la música celta y new age apacigua los bríos de mis criaturas.

Y en este punto en el que la música nos va invadiendo, las niñas quieren tener mando y protagonismo, y lo manifiestan con descorazonadoras peticiones musicales. Pues resulta que a mis pobres hijas les ha tocado una madre especialmente maniática en lo que a música se refiere, lo que se traduce en que se me encoge un poco el alma al escuchar alguna de sus peticiones. Me asalta entonces la imperiosa necesidad de ampliar el abanico de mis líneas educadoras más allá de las formas en la mesa, los rituales de aseo o el buen trato a los demás, entre otras cuestiones así de complicadamente básicas…

En esta tarea es donde parece impepinable que me debo ir de conciertos con mis hijos. La mayor es la que más se adapta y disfruta. Cuando tenía 18 meses tuve el placer de llevarla a un concierto adaptado para niños de un grupo que me encanta a mi, “Hola a todo el mundo”, y resultó fantástico. La mediana, con 3, parece que a priori no disfruta tanto. Tiene que ser algo especialmente llamativo y con escenificación, porque si no, no capta su atención. Seguimos trabajándolo. El pequeño en breve debería estrenarse.

Por si acaso tenéis inquietudes similares para con vuestros hijos o conocidos (no es sólo exclusivo de los progenitores), os dejo una lista de algunos de los conciertos para niños que tendrán lugar en Madrid en los próximos meses. Continue Reading →