LA HERENCIA

Para vuestra sorpresa e hilaridad, la inteligencia se hereda. Y más aún, para amargura de mi etiqueta negra e incluso imagino para la de su santo padre, se hereda de la madre.

Este fue el principal mensaje con el que me quedé tras semanas poco fructíferas de asistencia a un curso de preparación al parto en mi primer e ingenuo embarazo. En los dos siguientes, además de por razones que obedecen a mi imposibilidad física por cautiverio residencial y hospitalario, y consciente de que ya era sabedora de la única gran verdad que me transmitieron, no fui a ninguno.

Es más que probable que la teoría disguste no a unos, sino a muchos, pero es nuestra inherente realidad. Hace años un científico estadounidense llamado Robert Lehrke postuló que la inteligencia de las personas está relacionada con el gen X (el de la mujer). Por otra parte, y más recientemente los doctores alemanes Horst Hameister y UlrichZechner enunciaban la teoría sobre la relación que existe entre los genes X y la memoria y las terminaciones nerviosas del cerebro. Parece ser que las mujeres somos responsables de la inteligencia de los humanos incluso a través de la selección que hacemos del varón, primando la inteligencia frente a la belleza e iniciando un mecanismo de selección natural. En este punto es donde el patriarca de mi hogar debe sacar pecho y cambiar su siempre impávida expresión por una de júbilo casi artístico. Desde luego no es moco de pavo estar a la altura de mi elección. Casi escucho los gritos y alaridos de emoción.

Dicho esto, resulta eminentemente incuestionable el alarde propagandístico que vengo a hacer de mi prole. Son listos a rabiar. Y guapas y guapo como su padre, no lo voy a negar.

Son genios en todos y cada uno de los campos que tocan. Consecuencia irrefutable de ser un epígono, que no un epílogo.

Si por materias he de analizar, el álgebra la tienen completamente dominada, cada uno en su nivel.

La mayor ya suma y resta con digna destreza, manejando con soltura el concepto de decenas. Tan interiorizado lo tiene que incluso cuenta por grupos de diez las monedas con las que el Ratón Pérez le obsequia por sus caninos. El valor no importa, el tamaño y la cantidad sí.

La mediana tiene centrados sus esfuerzos en los números ordinales, presiento que motivada tanto por su posición como por su pausada condición.

El último se encuentra inmerso en esa lucha interior por discernir entre muchos y pocos. La criatura tiene completamente asimilado el concepto “mucho”, puesto que todo, absolutamente todo, es suyo. Entiendo que se le antoje difícil distinguir que en ocasiones es poco. No me preocupa. No es una cuestión de inteligencia, sino de terne voluntad.

En dialéctica, matrícula de honor ostentan. Diría que es casi la mayor muestra de su extraordinaria y heredada inteligencia.

Su dominio absoluto del lenguaje verbal y corporal me convierte en una rival fácil de desarmar. Por no mencionar su gran especialidad, la de inventar. También noble herencia de su madre. Pero esta inusitada cualidad no viene de la mano del azar o la ventura, sino de la cordura y el fundamento. Sólidos son los argumentos.

¿Acaso no es un pavo una persona sosa o incauta y por lo tanto el que está “apavardao” es el que tiene cualidad y calidad de pavo?

¿O alguien duda de que el prefijo “des-“ denota negación o inversión del significado de la palabra simple a la que va antepuesta y por ese simple y llano motivo la expresión opuesta de “me arrimas” sería “me desarrimas”?

Yo desde luego, ni osadía ni atrevimiento. Para mí es todo un descubrimiento.

El mismo que hoy os he venido a contar y por el que agradecidos todos hemos de estar con nuestros ancestros femeninos.

Y aun así, la RAE nos persigue

¡Qué desasosiego!

niño sabio

Fotografía sacada de Avance Mundial

 

LA RAE ME PERSIGUE

Una definición objetiva de mi persona pasa por decir que soy catalana de nacimiento, madrileña de adopción, extremeña de corazón y argentina consorte. Lo que viene siendo una ciudadana del mundo, con habilidad para adaptarme a costumbres e idiomas diversos. Pese a ésta mi camaleónica capacidad de cambio, el corazón siempre me lleva hacia una opción con mayor predilección. Y aquí, amigos, la extremeña gana por goleada…

Qué tendrá esa tierra mía que tanto me gusta y me atrapa, amén de una paradisiaca ciénaga, delirio de tierna infancia. Esa tierra con la que mi prole se mimetiza tanto durante la temporada estival que vuelven hablando cierta mezcla exótica de extremeño y argentino que creo terminaremos coronando como lengua oficial de nuestro reino particular.

Él no es plenamente consciente aún, pero el exotismo no es sino un acicate más que mantiene vivas nuestras ansias de saber y la llama de nuestro amor… Qué sería de nuestro patriarca, en el que se combinan una notable sobriedad navarra con una exquisita cultura de verborrea argentina (que en su caso brilla por su excelencia así como por su ausencia) sin el exotismo que su descendencia, bajo clara influencia materna, le brinda en su anodino día a día. Que tediosa sería su jornada sin tener que corregirnos las letras que nos comemos al hablar o sin tener que adivinar el significado de alguna palabra nueva con la que le sorprendo. Porque yo, como buena extremeña de corazón, grito a los cuatro vientos “ ¡Cuidao!” Cuando un hijo mío se lanza al peligro cual kamikace en acción o les preparo un buen platito de “pescao” para cenar, porque soy también un poco madre “bio” y me gusta cuidar la alimentación de mis criaturas. Porque declaro estar remostosa cuando estoy pringosa, o estar más calmada por conseguir que una situación sea más desenredada. Atrocho por diferentes caminos para llegar antes a mi destino, acumulo zarrios por doquier, me añusgo con la boca llena de perrunillas y aunque mis hijos salen como pinceles de casa vuelven hechos unos farraguas.

A día de hoy, con más de dos lustros juntos a nuestras espaldas, me congratula poder seguir velando por mantener viva nuestra capacidad de aprendizaje. Por seguir despertando en mi etiqueta negra un espíritu de iniciativa y superación que le lleva a consultar con frecuencia y desparpajo español el diccionario de la Real Academia Española (RAE), porque yo no, pero ella, con su lema “limpia, fija y da esplendor” sí que sabe.

Y aprender de los errores es de sabios y “extremeñarse” más. Así que querido mío, terminarás hecho un sabio, que en verano llevará calzonas, que tendrá “cuidao” con sus hijos para que no se entrillen los dedos o se hagan piteras y que como siga dándole tanto al ibérico de nuestra tierra se va a poner casi tan mostrenco como con el dulce de leche. Porque todo se pega y más mi hermosura y yo ya voy hablando por ahí diciéndole a mis hijos “ponete el abrigo” o “vestíte que nos vamos”.

¡En la diversidad, está la riqueza!

¡Qué familia más rica tenemos!

RAE

Tener un hijo con-don

Hoy se torna un día de esos en los que me gustaría poder afrontar las cosas a la argentina…

Pasarme el día corriendo con los pelos cual Julieta Serrano en mujeres al borde de un ataque de nervios; llegar a casa y comprobar que no tienes cena porque tus retoños están empezando a ingerir de manera tal que eres consciente de que debes recalibrar tu sistema de medida de cantidades; acostarme tarde por escribir en el blog en aras de satisfacer las escasas necesidades de lectura que mis cuatro locos seguidores me profesan en silencio o que a las tres de la mañana tu hijo decida despertarse durante dos horas para recordarte su existencia y su apego hacia la figura materna, no tiene precio. Y si para rizar el rizo además te desvelas, pues ya es el acabose.

julieta serrano 3

Así que cuando a las 6.30 de la mañana la obligación me llamaba y he puesto el pie en el suelo, el único músculo de mi cuerpo que me respondía era la “sinhueso”, ávida ella por soltar algún improperio. Y entonces me sobrevino el deseo de tener la capacidad de respuesta que una argentina en mi pellejo hubiera tenido y habría manifestado de la forma: “y bueeeenoooo qué va a ser. Son cosas que pasan, viste?; Te ponés un poquito de “maquillllaje” (así como pronuncian ellos) y listo, quedaste divina, lista para la nueva “batalllla” querida.

El problema en esta ocasión es que llueve tanto sobre mojado, y el cansancio acumulado es tal, que el poquito de “maquillllaje” tendría que ser una capa del grosor de las mascaras del carnaval de Venecia como poco.

Porque resulta que mi último vástago, ha nacido “con-don”, el de llorar no, berrear. No sé si fruto de ser prematuro, varón o, como mucho me temo, la combinación de ambos… lo que le ha provisto del don de ser un niño condón, vamos, de esos que te hacen no querer tener más. Entre otras cosas y más allá de mis apetencias, mi cuerpo serrano no está en las condiciones de acoger otro miembro más en este nuestro redil, amén de los embarazos que sufro, que no se los deseo ni al peor de mis enemigos. No tengo los treinta y escasos que tenía cuando nació la mayor, ni los treinta y pocos de cuando nació la mediana, ahora tengo unos treinta y tantos que parecen treinta y muchos después del tute que las dos mayores nos han dado y la estocada de este gran maestro en el arte de la manipulación emocional con solo su voz como única arma.

Fue en un momento de estos de sumo cansancio, tras un par de noches toledanas a consecuencia de la floración de los caninos de la mediana, cuando hace ahora dos años nos predicamos al unísono mi querido esposo y yo: -si vamos a tener otro hijo, tiene que ser ya; esto no lo dilatamos más en el tiempo, que cada día que pasa es un día menos de fuerza que tenemos-

Dicho y hecho. Mi psique se asustó tanto que pese a los ovarios vagos que en su día me diagnosticaron (y menos mal que así han sido porque si no me hubiera coronado como la pobladora mayor del reino) fue llegar y besar el santo.

Y si la estacionalidad no fuera eliminada de nuestro modelo de regresión matrimonial y aplicáramos el teorema de la proporcionalidad directa entre llantos, cansancio y edad, sería este el momento en el que nos tocaría idear, al menos, el cuarto, pero en esta ocasión y en un alarde de osadía, me atrevo a decir que ya ni uno más. Y digo de osadía, porque miedo me dan estas cosas por aquello de las dos veces que dije de este agua no beberé… empiezo a hiperventilar…

Me quedo con mis tres dones como tres soles, que con sus llantos y sus gritos no hacen sino marcarme a fuego en el corazón un gran sentimiento de felicidad y grandeza. Lo único que no me vendría mal es tener un poquito de sangre argentina en las venas para afrontarlo con más glamour!

No llores por mi Argentina

Los argentinos son únicos a la hora de denominar las cosas. Con ellos, el límite entre lo explícitamente obvio y la sofisticación semántica es tremendamente fino. Vas conduciendo tu coche (auto) y de repente se pincha una rueda ¿Dónde tendrás que llevarlo para que la arreglen o la cambien, sino a una “gomería”? (al fin y al cabo una rueda es una goma). Te surge la necesidad de comprar pintura porque vas a lucir alguna pared de tu casa y es incuestionable que te diriges a una “pinturería”, tan evidente como que si quieres un perfume acudes inmediatamente a una perfumería. Pues mientras lo de frecuentar perfumerías yo lo había hecho bastante a menudo antes de conocer a mi marido, nunca antes había tenido el gusto de ir a una pinturería o a una gomería, o por lo menos, haber sido consciente de que se denominaban de esa manera. Hasta la fecha, yo había llevado el coche al taller y había ido a una tienda de bricolaje y pinturas. La verdad sea dicha, qué poca eficacia (que no eficiencia) verbal la nuestra, que algo simple lo complicamos. Ya decía yo… qué poco me gusta ir al taller, quizás si fuera a la gomería me gustaría más…
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