UNA GRAMOLA DE AGRADECIMIENTO

Sin lugar a dudas, de bien nacido es ser agradecido. Aunque también se puede utilizar la modalidad, el que no agradece, al diablo se parece. Y me apuesto el cuello que se os ha pasado por la cabeza, mujer refranera, mujer puñetera….

Poco tengo de diablo (no así de diabla), y mucho menos me visto de Prada. De puñetería y puntería andamos finas. Dejando la puñetería para otra ocasión, en esta vengo a ser una fina agradecida.

Con este halo de moderna mística que me gasto no engaño a nadie. No soy trendy. Voy sentada en el vagón de cola de las tendencias. Porque soy lenta hasta para eso. Hay quien asegura que hasta dejada. Fatal es la encrucijada.

Pero no voy a negar que soy una seguidora. Una gran seguidora. De esas fieles hasta la eternidad. Una auténtica fan/follower. Si me gusta, lo sigo a ritmo de fusta. No vaya a ser que pierda comba en el asunto. Menudo disgusto. Me entrego en cuerpo y alma, como si de una unión marital se tratara, en lo bueno y en lo malo, a las duras y a las maduras. Me convierto por despose, además de en argentina consorte, en lectora por deporte.

Y eso fue lo que me ocurrió con un dúo de excepción. El que es pieza angular de un terceto espectacular, con una creatividad de abrumar. HelloCreatividad.

Dos chicas que son sonámbulas malabaristas, son las creadoras del blog Sonambulistas, donde demuestran ser unas auténticas artistas. Tan pronto te revelan recetas exquisitas (e incluso aptas para mis escasas dotes culinarias), como te proponen fabulosos planes para hacer con niños, manualidades y trucos mil, historias personales de lo más conmovedoras o unos looks con gran estilo de esos que como buena fan/follower tratarás de instaurar en tu hogar. Solo comentar lo que incluso la terminología ya antes nos decía… el blog se llamaba en sus inicios BEBE ESTILO, lo digo todo y no digo más.

María y Mar, Mar y María, no son como la noche y el día. Aquí me remito a su descripción. Son una pareja de las que embelesan. Y encima van y me invitan a un evento de esos trendy de verdad. De Bugaboo, el carrito con el que sólo han tenido que pasar tres hijos y unos dolores de espalda horribles para darme cuenta de que la ley de la palanca es universal y aplicable a todos los campos. Quien volviera a empezar… yo a mi te traería.

He de confesar que aunque ya me tenían conquistada a estas alturas de la película, una tiene su pequeño corazón y estas cosas ilusionan de mucho a muchísimo.

Así que allí me personé con mis tres hijos.

Tras una entrada triunfal por el photocall, reflejada en una instantánea que nos sacaron en la que yo estoy como con grito de tonadillera, acompañada de un torero y una bailaora y sólo por una vez mi mayor era la más discreta, nos liamos los plásticos protectores al cuerpo y a pintar se ha dicho. Que quieres pintura, toma dos botes; que no tienes brocha, pinta con la mano; que ya han pintado las paredes al efecto, pues píntate tú o al que tienes al lado. Si consigues pintar a un adulto además puntúa doble en la escala artística. Ríete tú de las guerras de barro…

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En contra de lo previsto, mi mayor se mostró dócil y abnegada (renunció incluso a ir a casa de su íntimo amigo). Se dejó llevar por su vertiente más artística y plasmó con decisión más de un digno manchurrón. Siguiendo los imprevistos, la mediana no hizo alarde de su vena artística sino de la melindrosa, que lo de tener las manos un poquito asquerosas parece que es un horror para mi doña col. Le gustó más lanzarse al papel de dinamizadora y controladora del evento, que allí la tuvieron en la entrada casi con el ordenador en mano. Y el tercero y último de la saga llegó, vio y venció. En todo el fango se metió. Con total independencia y meritoria solvencia ¡Cómo lo disfrutó! Eso fue pasión. De la buena.

Como la mía por vosotras.

Hoy mis queridas María y Mar, Mar y María, mi moneda de la gramola va por ustedes. Porque os quiero agradecer lo que me hicisteis merecer. A mi y a los míos.

GRACIAS,

¡Sois las artistas que me pintaron una sonrisa!

Paint a smile on me

Vuestra siempre, hasta la luna y vuelta…

LA HERENCIA

Para vuestra sorpresa e hilaridad, la inteligencia se hereda. Y más aún, para amargura de mi etiqueta negra e incluso imagino para la de su santo padre, se hereda de la madre.

Este fue el principal mensaje con el que me quedé tras semanas poco fructíferas de asistencia a un curso de preparación al parto en mi primer e ingenuo embarazo. En los dos siguientes, además de por razones que obedecen a mi imposibilidad física por cautiverio residencial y hospitalario, y consciente de que ya era sabedora de la única gran verdad que me transmitieron, no fui a ninguno.

Es más que probable que la teoría disguste no a unos, sino a muchos, pero es nuestra inherente realidad. Hace años un científico estadounidense llamado Robert Lehrke postuló que la inteligencia de las personas está relacionada con el gen X (el de la mujer). Por otra parte, y más recientemente los doctores alemanes Horst Hameister y UlrichZechner enunciaban la teoría sobre la relación que existe entre los genes X y la memoria y las terminaciones nerviosas del cerebro. Parece ser que las mujeres somos responsables de la inteligencia de los humanos incluso a través de la selección que hacemos del varón, primando la inteligencia frente a la belleza e iniciando un mecanismo de selección natural. En este punto es donde el patriarca de mi hogar debe sacar pecho y cambiar su siempre impávida expresión por una de júbilo casi artístico. Desde luego no es moco de pavo estar a la altura de mi elección. Casi escucho los gritos y alaridos de emoción.

Dicho esto, resulta eminentemente incuestionable el alarde propagandístico que vengo a hacer de mi prole. Son listos a rabiar. Y guapas y guapo como su padre, no lo voy a negar.

Son genios en todos y cada uno de los campos que tocan. Consecuencia irrefutable de ser un epígono, que no un epílogo.

Si por materias he de analizar, el álgebra la tienen completamente dominada, cada uno en su nivel.

La mayor ya suma y resta con digna destreza, manejando con soltura el concepto de decenas. Tan interiorizado lo tiene que incluso cuenta por grupos de diez las monedas con las que el Ratón Pérez le obsequia por sus caninos. El valor no importa, el tamaño y la cantidad sí.

La mediana tiene centrados sus esfuerzos en los números ordinales, presiento que motivada tanto por su posición como por su pausada condición.

El último se encuentra inmerso en esa lucha interior por discernir entre muchos y pocos. La criatura tiene completamente asimilado el concepto “mucho”, puesto que todo, absolutamente todo, es suyo. Entiendo que se le antoje difícil distinguir que en ocasiones es poco. No me preocupa. No es una cuestión de inteligencia, sino de terne voluntad.

En dialéctica, matrícula de honor ostentan. Diría que es casi la mayor muestra de su extraordinaria y heredada inteligencia.

Su dominio absoluto del lenguaje verbal y corporal me convierte en una rival fácil de desarmar. Por no mencionar su gran especialidad, la de inventar. También noble herencia de su madre. Pero esta inusitada cualidad no viene de la mano del azar o la ventura, sino de la cordura y el fundamento. Sólidos son los argumentos.

¿Acaso no es un pavo una persona sosa o incauta y por lo tanto el que está “apavardao” es el que tiene cualidad y calidad de pavo?

¿O alguien duda de que el prefijo “des-“ denota negación o inversión del significado de la palabra simple a la que va antepuesta y por ese simple y llano motivo la expresión opuesta de “me arrimas” sería “me desarrimas”?

Yo desde luego, ni osadía ni atrevimiento. Para mí es todo un descubrimiento.

El mismo que hoy os he venido a contar y por el que agradecidos todos hemos de estar con nuestros ancestros femeninos.

Y aun así, la RAE nos persigue

¡Qué desasosiego!

niño sabio

Fotografía sacada de Avance Mundial

 

UNA GRAMOLA COSECHA DEL 77

Hoy me vengo a confesar. Me estoy haciendo vieja. De los pies a la cabeza y pasando por mis orejas, donde ahora hasta llevo perlas. Pero no me tiembla el alma al admitirlo. Más bien todo lo contrario. Vivo en el fulgor de mi madurez, al abrigo de la sabiduría que se gana en detrimento de la lozanía.

Muchas son las señales que a diario se encargan de divulgar que me encuentro inmersa en el camino hacia la senectud.

He desarrollado una cierta obsesión por el blanco que antes no tenía. Si bien es cierto que con este color tengo sentimientos encontrados. Lo persigo con desvelo para mi ropero, con lavados a mano y a máquina, y lo rehúyo con orgullo cuando de mi cabeza se trata. He comprobado que aunque la física funciona de verdad, las cosas caen por más variables que la gravedad (la falta de tono influye). Las patas de gallo es algo que va más allá de lo que siempre creí un intermedio entre el ojo de perdíz o el príncipe de gales. Y he comprobado con evidencia empírica que la gordura disminuye considerablemente tales comisuras.

Los intangibles también revelan lo incuestionable.

Juro y perjuro que tengo mayor templanza. Un caballo con brío no tiene ni sombra ni color con uno enloquecido. Algo de capacidad de abstracción he ganado; esa que siempre me faltó y por cuya ausencia nunca veía en diédrica perspectiva. Asumo con total creencia que la paciencia es la madre de las ciencias, e intento predicarlo con mi descendencia. Y compruebo con humildad, que la vida, además del más preciado tesoro, es nuestra mayor debilidad.

Pero si tengo que decir cuál es el principal signo de que me estoy haciendo vieja es que ya me llaman para eventos conmemorativos de nuestra etapa escolar. Veinte años, ahí es “ná” .

Un día, así sin comerlo ni beberlo, te ves sumergida y abducida en un chat de antiguas alumnas cuyo nivel de actividad supera, y con creces, el de esos grupos liderados por entes ociosos capaces de estar pregonando y promocionando toda suerte o infortunio de mensajes. Creo que en nuestro caso los cientos de mensajes comúnmente inabordables en alguna ocasión llegaron a ser miles. Pero es que las historias de la Abuelita Paz dan para eso y más…

No fue suficiente ni siquiera con una noche memorable en la que disfruté del recuerdo de aquellos maravillosos años y de un presente ahora más cercano. Un presente al que miro con complacencia por ver en quien nos hemos convertido.

Tenemos de todo en el grupo, por no faltar, no falta ni una diosa mediática. La publicista más ingeniosa. Jefas de estudio con solera y empaque. Distinguidos miembros de la ONU. Golfistas de primera. Las mejores y más divertidas organizadoras de eventos. Ingenieras y economistas del Estado. Grandes abogadas, algunas de formación y otras además de profesión. Empresarias por convencimiento con niño en el pecho. Decoradoras de grandes firmas. Consultoras. Dentistas y médicas. Químicas y farmacéuticas. Financieras. Expertas nucleares (iniciadas como ingenieras industriales). Las mejores secretarias. Maestras en curar no solo el cuerpo sino el alma a través de la arteterapia. Profesoras de español en una florida nación, la de los tulipanes. Expertas en juguetes, ¡ay lo que yo daría! Y no me voy a olvidar de las amas de casa, porque de verdad que su trabajo acompasa el amor y el día a día de cada casa. Casi me atrevo a decir que es el único caso en el que su trabajo me sobrepasa. Dignas de admiración son. Sin descanso y sin sosiego. Yo con mi trabajo ligeramente lo tengo. Al menos me siento.

Y ya todas pueden decir que incluso conocen a una bloguera con doble tarea, que además, se ha cambiado el nombre. Esto no me lo van a perdonar jamás.

Con todas ellas he vivido y aprendido.

Que en esta vida una de las cosas más importantes es saludar. No hay nada mejor que ser merecedor de una cálida bienvenida. ¡Calidad y caridad emana quien así lo clama!

Que con nuestro vocabulario particular compartimos y mantenemos un rancio abolengo sin igual. Porque para quien no lo sepa o se haya entregado a los brazos de la vulgaridad, siempre se dirá jolines, jopetas o pechugas, entre otras lindezas.

Que una efectivamente tiene que cuidar muy mucho las vergonzosas y vergonzantes cosas que publica, porque te van a rastrear sin piedad. Ojo, que ni la Cía. Aunque entre mis máximas mantengo no decir nunca de este agua no beberé, haré todo lo posible por no poner nunca morritos y mucho menos permitir que me los inmortalicen. Por prescripción estilística, ni en la intimidad.

Que entre los secretos de alcoba aparece Concha Velasco como sólido icono de la maternidad y femineidad incluso más allá del puerperio.

Que en un coro puede haber tantas voces como cantantes. De las guitarras ni hablamos…

Que las lágrimas no son sólo de cocodrilo.

Que en algún momento de nuestras vidas fuimos un poco más contorsionistas. Unas nivel avanzado, otras amateur.

Que el pino voltereta, con sangre entra.

Que entonces sí se hacían manualidades de verdad. Fuimos auténticas visionarias de la tecnología con los avances previos de la pretecnología.

Que mi complejo de Electra mal resuelto está completamente fundado y compruebo, con regocijo y agrado, que mi progenitor conserva su pequeño club de fans, que incluso ha evolucionado y ahora está capitaneado por una de ellas, cuya hija ha llegado a llamarle abuelo.

Y lo más sorprendente para mí ha sido ser conocedora de esta no doble, sino triple vida mía como vendedora del Springfield, posición de la que en breve voy a promocionar hasta vendedora de saltos de cama en Woman Secret.

Queridas mías, hoy mi moneda de la gramola va por todas y cada una de nosotras. Por lo que fuimos, por lo que somos y por lo que seremos, unas grandes personas ante todo.

And we said
This has only just begun
In the end
Time forever favors the Young

Que se lo digan a la Doctora Berenguer…

MI FIESTA DE NO CUMPLEAÑOS

Creo que aunque hubiera sabido lo que me deparaba el futuro hubiera elegido el mismo camino. Por muy agoreras que fueran sus señales.

Desde mi tierna infancia como hija única (etapa que fue muy alargada en el tiempo y truncada por contratiempo o desliz mayor) siempre tuve el deseo de experimentar lo que era el amor fraternal. Ese amor que yo veía a mi alrededor, tan pasional, para bien y para mal.

Hermanos que se desgañitaban al mismo nivel que en ocasiones se pegaban. Rivalizaban con disputas convertidas en ejercicios de vehemente discusión. Los que luego supe eran los efectos del calor que caracteriza la infancia como condición.

Pero al mismo tiempo se querían. Vaya si lo hacían. Y con que predilección.

Se protegían enarbolándose como el mejor vigía que defiende incluso desde la lejanía.

Se encubren con disimulo. De callados, hasta mudos.

Admiraba y envidiaba lo que tenían. Yo para mi lo quería. No tenía entretenimiento, ni defensa ni encubrimiento. Aunque no es menos cierto que ni mucho menos añoraba el agasajo de una imprevista bofetada.

Pero a lo largo de mi vida, en ese ir y devenir de azarosos y forzosos acontecimientos, yo claramente veía que la balanza se inclinaba, así que no hacía más que pedir una hermana (o hermano), que se hizo esperar hasta casi mi emancipación.

Y fue entonces cuando vislumbré que si la naturaleza me lo permitía, a mis hijos hermanos les daría; y desde luego sin tanta tardanza, porque el asunto no era ninguna chanza. Que luego la fraternidad se convierte en una frustrada maternidad.

Dicho y hecho.

Puntualmente llegó. Mi etiqueta negra asumió y cumplió su misión. Afortunadamente compartía mi misma filosofía de vida.

Con lo que no contábamos es que nuestra sólida teoría caso omiso de las señales hacía. Daba igual que el análisis de tendencia reflejara la más inversa de las proporcionalidades entre facilidad y tino para conseguir un embarazo y la bonanza del mismo. Ni tres meses en propia cama por una amenaza de parto prematuro con la segunda podrían rebajar nuestras ansias de procrear. Porque aun cuando el profesional de turno te verbaliza recalcadamente que los antecedentes marcan pero no se puede determinar nada a ciencia exacta, una se agarra a un clavo ardiendo y por una única y exclusiva vez se queda con la letra pequeña del contrato materializada en la esperanzadora frase: “aunque puede ser que no se repita, en estas cosas nunca hay nada seguro”.

Desafiando a las leyes estadísticas y queriéndome coronar como uno de los múltiples acontecimientos extraños que a veces ocurren en nuestra espuria realidad, el tercero llegó, casi tan solo mirando un pantalón. Pero ay amigos lo que le costó quedarse y afianzarse.

Me voy a ahorrar la enojosa sintomatología que durante meses me acompañó. Solo al recordarla me sobreviene la mayor desazón. Esa que desde luego nunca entenderán los que con ignorante alevosía sueltan con total e inmerecida impunidad: “estás embarazada, no enferma”.

Hay para quien la imprudencia es casi una ciencia.

Lo que mal empezó, luego se complicó. Parece ser que mi cuerpo va por delante de mi mente en lo que ansias de maternidad se refiere. Llegada la semana veinte y poco me convierto en una bomba de relojería, que quiere expulsar hijos con ligereza y no precisamente alegría. No se sabe ni por qué, ni cómo. Y lo peor de todo, que encima, no lo noto.

Así que en una simple revisión me raptaron sin remisión.

No son los dos meses que estuve postrada en una cama mirando al techo, con la simple resignación de que ser una incubadora era mi única opción. Ni el inexistente movimiento que sin masa muscular me dejó. Ni la medicación que me daban, que en un ahogo me tenía fruto de las taquicardias que me producía. No era mi pérdida de autonomía ni una soledad que era de todo menos distinguida. Era que yo tenía dos hijas y estaban privadas de mi compañía. Y que al dolor y pesar que sentía se unía el miedo que constantemente me perseguía por no saber si mi tercero sobreviviría.

Vi mis fuerzas, que son muchas, flaquear sin rumbo tantas veces como luego me sobreponía; porque afortunadamente a mi etiqueta negra tenía.

El que de las niñas y de mi se ocupaba, además de saldar con éxito su laboral jornada. Y en un sin vivir estaba, pero con dignidad lo llevaba. Con cariño y mimo me trataba transmitiéndome con cada palabra que la traba sería superada.

Y así fue.

Ni una mortal septicemia pudo al final conmigo ni con mi hijo.

En absoluto me importó tener un lento proceso de recuperación. Eso ni por asomo impidió que me proclamara feliz ganadora, diva indeleble, inalterable y fatal de la maternidad, la que el destino y el aura divina parece me dejarían seguir desde la primera fila.

Volví con mis hijas, que experimentaron al verme una emoción que literalmente las dejó sin respiración. Y aún a día de hoy lloro al recordar como a mi mayor le costaba respirar cuando se me abrazó y sin apenas aliento me preguntó si iba a quedarme a cenar.

El 9 de noviembre nació mi hijo menor y una nueva madre por devoción.

Y por muy cansada, desesperada o desquiciada que esté doy gracias a la vida por tan preciado regalo, el que celebro cada 9 de noviembre, un tardío día de septiembre y un iluminado a mediados de mayo, en mi fiesta de no cumpleaños. Porque sin ser Alicia, lo que ahora tengo es una auténtica delicia.

Sólo un deseo pido. Que las luchas intestinas que en la infancia dominan, dejen paso a una no pixelada hermandad duradera de verdad.

FIESTA NO CUMPLEAÑOS

LA ERA DE LOS AUTÓMATAS

Alcanzo a intuir, no sé si a ver, un futuro no muy lejano en el que incluso mi espíritu hollywoodiense termina desbordado por el cariz de ficción que va cobrando la realidad. Robots con funcionalidades y apariencia humanas, carreteras interestelares, transporte público aéreo, conexión entre planetas, viajes a través de la dimensión espacio-tiempo, etc. Incluso a raíz de las últimas noticias no me parece nada descabellado pensar que acabaremos alimentándonos a base de combinados de pastillitas de colores para identificar las que son de proteínas, cuáles las de hidratos, o las de vitaminas. A ver cómo diseñan las de los nervios para no mezclarlas o pasarte de dosis… Por no mencionar que los científicos ya andan comentando que el futuro son los insectos, la mayor fuente de proteínas capaz de sobrevivir a nuestra propia extinción. Según la OMS, no nos va a quedar ni el consuelo de un buen pedazo de carne o un buen jamón pata negra. Y eso, para un argentino de pro y una extremeña de corazón, es la más apocalíptica de las realidades.

Más allá de cómo se resuelva la problemática de la ingesta, sí me resulta muy cercano imaginarme un robótico futuro, máxime cuando a veces creo que me estoy convirtiendo en uno de ellos.

Cada mañana me levanto a la misma hora.

Toca aseo personal.

Casi me pongo la misma ropa.

Disfruto de mi dulce ensimismamiento.

Para luego dar paso a la persecución que sobre mi psique ejercen los rituales de amanecer en los que afloran los deseos de ver a mis hijos crecer. Anhelo que rápidamente se disipa con tan sólo imaginar un resquicio de pubertad. Pero centrándome en mi presente más real, lo de aviar a tres es un entrenamiento al más puro estilo ironwoman que mis escasas ambiciones corporales no tienen intención de mantener.

Tan estanco y mañanero patrón cierra ciclo cuando mi progenitor me llama todos los días lanzándome la misma pregunta ¿cómo han dormido hoy? (Mis hijos). A lo que sistemáticamente obtiene la misma respuesta: “como siempre”. Es decir, poco y mal.

Parece una rutina que incorpora buena mezcla entre la película de Bill Murray (Atrapado en el tiempo) en la que todos los días el protagonista se despierta en el día de la marmota, o la mismísima Yo Robot.

Cuando mis automatizadas rutinas estaban más que interiorizadas, estandarizadas y óptimamente funcionaban, llega un imprevisto que sólo una mente humana, inteligente donde las haya, puede solventar.

El olvido de unas llaves modifica la manera de actuar. O al menos así debería resultar en el ámbito de la humanidad. Pero mi vena androide se exhibe incluso más allá de lo que atisbo es mi desnutrida voluntad.

Asumo con clarividencia que la ruta escolar automatizada debe ser modificada. No hay problema, se varía el orden de los destinos buscando la readaptación como mejor opción. La primera pareja es entregada. Sin embargo, el inusual silencio del menor no me avisa de que el cambio sigue en vigor, así que cuando el automatismo de pisar el acelerador me lleva a aparcar y mirar por el retrovisor, me doy cuenta, con estupor, que el tercero se me olvidó.

Y encima va y me sonríe. Con todo su amor.

¡Hijo mío, por favor! ¡Te esperaban en la guardería y yo te tenía en mi oficina!

¿Y si os digo que después de ese día en tres ocasiones entré en el parking de la guardería reaccionando tarde al darme cuenta que él ya no estaría?

Esto de vivir entre dos aguas termina conmigo…. No sé por qué condición prefiero hacer mi elección…. Si ser una humana desorganizada o una autómata desquiciada.

automata

 

PUNTUALIDAD BRITÁNICA

Hay cualidades que considero virtudes, entre otras cosas por lo que en ocasiones cuesta conseguirlas.

Aquí subrayo la puntualidad. Porque lo de llegar con cuidado y diligencia a la hora convenida no es una tarea baladí. Costar, cuesta. Es lo que tiene moverme a paso de tortuga o con el freno de mano puesto.

Aun así una no cesa en su empeño por conseguir ser una virtuosa. Me tacharán de todo, hasta de impuntual, pero desde luego, no de no haberlo intentado.

Siendo yo una impuntual mocita, escrupulosamente a tiempo llegó a mi vida el padre de las criaturas. Ese en el que la puntualidad no es sino otra negra cualidad más en su etiquetado.

Tras unos cuantos años de noviazgo mi etiqueta negra, además de puntual, demostró ser paciente. Si bien es cierto que en los albores de nuestra relación, el delirio y el frenesí mitigaban la espera.

Pero una crece y sospecho que también madura. Rectifica errores, no sé si por maduración o por educación, la que sutilmente, con cortesía y urbanidad, con embudo me ha impartido el patriarca en mi hogar.

No sé a otros, pero a mí lo de los paseos en la puerta con el abrigo puesto, pasar de jugar con las llaves a abrir el cerrojo, u osar incluso abrir las puertas de mi humilde morada dejándola expuesta a merced de la curiosidad de los vecinos estando yo aún en paños menores, como aquel que dice, me parece que presión es poco.

Y si además resulta que los niños están con los abrigos sin poner, los zapatos aún sin abrochar, o las mudas de repuesto ante calamidades por micción sin guardar, ni siquiera ilustres de la talla de Boyle-Mariotte o Pascal son capaces de recoger en sus fórmulas variables explicativas de una explosión por presión semejante.

Ni la física, ni la biología fallan. Que se lo digan a Darwin y que me lo digan a mí que sufro cómo la genética y la selección natural han convertido a mi hijo pequeño en emblema de puntualidad.

No me queda más que clamar que siendo carne de propia carne no hay más remedio que aguantar, así con argentina dignidad. Y cuando de nuevo al patriarca le vuelva a tocar ocuparse del mañanero ritual sufriendo la presión de tan británica puntualidad, me rememore con comprensión cuando los hechos vayan más allá de una mera percepción. No es solo un pedo no….

El niño además, de “con-dón”, es un cagón. Y con exactitud y regularidad suelta su vientre al pañal en ese preciso instante en que te tienes que marchar. Ni el sonido de unas llaves impedirá que la criatura se comporte así de natural. No por nada, sino porque su naturaleza es puntual. Como la de su padre.

Reloj

UNA ILUSTRE GRAMOLA

No suelo meter dos entradas seguidas de La Gramola, pero creo que la ocasión lo merece.

Hace ya un año y pico, leyendo uno de los blogs más mediáticos entre cualquier grupo de madres que se precie, descubrí el que puedo asegurar es para mí uno de los mejores blogs que he leído nunca y me aventuro a predecir que pocos le harán sombra.

Recuerdo ese verano en mi querida ciénaga. En mi memoria sigue intacta una de esas caniculares siestas que nos procura mi amada tierra y en las que ya no sabes ni qué postura adoptar para ventilar. Un momento de esos de inolvidable bochorno en el que ella entró por mi ventana como una brisa fresca dispuesta a apaciguar los acaloramientos que por número de hijos a mí también me acompañaban. Era la brisa fresca que salía cuando abrí su nevera

Nunca imaginé cuando sobre su enlacé pinché que tanta dicha (y adicción) me traería.

Aunque sin venia, en su espacio me colé y ahí bien amarradita me quedé.

No es su ironía, ni su sarcasmo; ni su sinceridad, ni donosura; ni sus exquisitas dotes literarias que convierten a una ingeniera de cualificación, contadora de profesión, lectora por religión y madre por devoción, en una diosa del olimpo de la madresfera.

Ni tan siquiera son sus cinco rubias de porte alemán, ni las aventuras y desventuras que le hacen pasar. Ni el Padre Tigre que tanto le incita a desahogar.

No es esa bucólica e instagrameable granja en la que vive, donde la versatilidad es el principio de la felicidad.

Es toda ella en sí misma, porque no hay otra igual.

Y cuando me las prometía felices porque cada día que pasaba de mi dulce espera era uno menos para que el ansiado post llegara, una noticia me pulverizó y hecha añicos me dejó. Llegó el nunca imaginado luctuoso día en que nos comunicaría que nos abandonaría. Así, sin previo aviso ni atisbo de intuición.

No entro en razones que son de corazones, pero desde ese día ya nada es lo mismo, ni es igual. Me afloran arroyos de lágrimas por lo que la voy a extrañar ¿Quién va ahora a verbalizar mi mismo penar y disfrutar?

No quería dejar pasar una moneda especial para una ilustre del “ciberlugar”.

Porque como dice la canción,

Yo iba siguiendo la multitud …. Y miré a todos lados y allí ibas tú…

Esta moneda hoy va por ti, Madre Tigre! Mis mejores deseos para toda la Familia Tigre!

Siempre tuya…

GRAMOLA CON “E”

Hoy me hago eco de un pasado hollywoodiense al más puro estilo Sofía Petrillo, madre de Dorothy en la ochentera serie las “chicas de oro”. Sicilia, 1940… parece que fue ayer, pero fue casi entonces, el año en el que me llevé la primera en la frente al terminar estudiando una carrera que había perjurado no hacer. Una carrera universitaria que no sólo marcó mi actual profesión, sino mi condición, la de argentina consorte madre de familia numerosa.

Como si de un silogismo se tratara o tratase, la primera proposición alude a mi categoría de alumna a la par que compañera y amiga; la segunda a la amplitud de los círculos de amistad de mis propios círculos y la tercera de cómo yo entablé amistad con los círculos que eran de las de mi círculo. Dicho de otra forma, los amigos de mis amigas son mis amigos… y al menos uno más que amigo, puesto que es mi marido.

Pero antes de llevarme la segunda en la frente, convirtiéndome por despose en argentina consorte, tuve unos años de soltería que igualmente han quedado para siempre marcados en mi memoria.

Portugal, Marbella e Ibiza, por este orden, culminaron una etapa de exacerbada exaltación de la amistad, en la que tres amigas del montón estrecharon lazos a base de rayo cósmico y surrealismo supino. Y doy gracias a la vida no sólo por aquel año, del que solo hablaré en presencia de mi abogado, sino por las semejantes a las que me arrimó, que a día de hoy continúan teniendo un lugar privilegiado en mi corazón.

Dos son ellas, para mí las más bellas, no sólo de frente y de espaldas, sino de alma. Mi e-Alma, porque ambas dos comparten la inicial de su nombre angelical. Eva y Elena son, y por siempre serán, estandarte de amistad.

La una por guapa, diligente y espabilada, que renació de la noche a la mañana el día que del caballo se cayó y no precisamente sentadita se quedó, sino que se pegó un tantarantán en la cabeza que casi la deja tiesa. Y dicen las viejas que de un golpe en la cabeza o te quedas tonta o ganas listeza. Con ambiciones por montera, terminó siendo una estrella en el olimpo de la inteligencia, que a día de hoy sólo le falta encontrar una órbita con un planeta estable en torno al que girar.

La otra por ser tan alta y guapa como cariñosa y despistada. Agradecida toda la vida estaré que por su tímida compañía decidió llevarme de carabina hacia el viaje de mi vida. No importa cuántas vueltas perdida con ella des, ni que no la veas en todo un mes, ni tan siquiera que la intentes llamar y jamás la puedas localizar, lo que importa de verdad, y nadie me lo podrá negar, es que es una mujer de bandera, con flexibles posaderas capaces de alumbrar tres criaturas de notable envergadura como si de uno de sus despistes se tratara… hala, dos empujones y listo. Ahí van cuatro kilos y pico.

Y mis dos amigas de verdad, son divertidas como las que más, con las que me río y carcajeo todo un día entero. Sólo los astros sabrán cuándo nos dejarán volver a disfrutar de una jarana de verdad. De esas que al recordar solo puedo considerar que NUNCA malgasté mi tiempo formando parte de este gran terceto.

Hoy mi moneda de la gramola va por vosotras, porque me siento afortunada de teneros y quereros como os quiero.

DEL VOSEO AL MODO MINION

No hay mayor manjar, a los ojos y paladar de una criatura, que las popularmente extendidas chucherías. Al menos eso pensaba yo acerca de esta realidad tan mundana, hasta que el patriarca, desde esa austeridad más propia de sus genes navarros que argentinos, me confirmó que en Argentina los niños no ingieren semejante guarrería; que quien sabe lo que son, lejos de catalogarlas como delicias, las incorpora en la lista de subproductos tóxicos derivados del petróleo.

Yo, pese a que mi bolsillo y a mi conciencia les duela ir al dentista para arreglar los desaguisados causados por una ingesta inapropiada de azúcar, clamo (con mesura y mano que custodia a la par que dosifica) por una infancia con chuches. No sólo es por ese halo de nostalgia romántica que me invade a medida que pasan los años, sino por el espíritu de supervivencia que se ha despertado en mi persona tras la maternidad, que además crece al mismo ritmo que se me llena la cabeza de canas.

Y es que entre múltiples definiciones, las chuches destacan sobremanera como arma de negociación en caso de encontrase en situaciones farragosas; que por otra parte, quien tiene descendencia experimenta a veces con una cotidianidad no deseada. Yo, que estos avatares los sufro, no precisamente en silencio, reconozco tener un bote siempre en casa al que le otorgo la dualidad de castigo o recompensa. Soy débil, mi verborrea se agota, mi mente y mis glándulas salivares se bloquean; así que la incomodidad de una mente y una boca espesa me llevan a entregarme a la simpleza de la dulzura infantil, que anhelada con desesperación, sólo se ve materializada en tan petrolera materia.

Otra de las grandes cualidades de las chucherías es la capacidad de sembrar y germinar la semilla de la amistad. Si un niño saca una bolsa de chuches, en escasos instantes se encuentra rodeado de sus congéneres que le ofrecen la mejor de sus sonrisas a cambio de poder catar al menos una pizca de tan preciado tesoro. Venderán su alma a través de los mayores halagos. Una marcada enemistad puede desembocar en un momentáneo, pero fácil de creer, arrepentimiento. A veces, cerca de propiciar disputas, suelen fomentar la camaradería y el compañerismo.

Fue un tarde veraniega, rodeados de una pequeña agrupación infantil que alcanzó el consenso de implorar su dosis vespertina de chucherías, el momento en el que el patriarca se vio obligado, en contra de sus principios, pero en aras de no parecer un ogro a ojos de hijos ajenos, a repartir, bajo premisa de equidad, tan magna cochinada. Hete ahí que en un alarde de cercanía hacia los niños, según les va entregando la mercancía les va diciendo: “para vos”, “para vos”…. A lo que uno de los que allí se encontraban, con natural desconcierto contestó, “para vos, NO, este es para mi”… como si ese tal “vos” fuera a ser beneficiado con las chuches que por turno a él le tocaban.

Creo, con bastante certeza, que un reparto “estilo minion” (“TOMA, PARA TÚ”) hubiera resultado anecdóticamente menos divertido pero más comprensible para los receptores…

En la familia Entre Madrid y Buenos Aires somos muy muy fans de los minions… para muestra, un botón…

MI PEQUEÑO MINION

LA FIDELIDAD HOY ES NÚMERO PAR EN NUESTRO VIERNES CON COCKTAIL&CANCIÓN

Woke up this morning feeling fine
There’s something special on my mind
Oh yeah, something tells me I’m into something good

Hay mañanas en las que me levanto y, como dice la canción, me siento bien; algo me dice que estoy metida en algo bueno… porque sé positivamente que ellas están ahí, así me lo manifiestan, con timidez y mesura.

Nuestro corazón no es sólo intrínsecamente internacional por los miembros de nuestra familia, sino también por los que nos rodean. Entre Madrid y Buenos Aires hacemos escala en dos familias cuyos corazones se encuentran a caballo entre Madrid y Panamá, la primera, y Valencia y México la segunda, en la que además cambian de residencia entre EEUU, Madrid y Sevilla.

Refiriéndonos al primero de los clanes, Marta (conocida como Pano) es madrileña de nacimiento y canaria de corazón. Está casada con un piloto cuyo carácter sureño le lleva a tener afinidad con el mío (me refiero a mi esposo, no mi carácter sureño, del que sólo hago gala por ser una tortuga). En ella se ve materializada la expresión que todas las personalidades de las generaciones de nuestras abuelas ensalzaban, de verano en verano, como la mejor de las cualidades y características personales: “¡anda, cómo ha crecido la niña! ¡Qué alta y que guapa está! Así es Marta, tan alta como guapa y con una simpatía y naturalidad que le hacen llevarse de calle cada corazón internacional con el que topa. Porque otra cosa no, pero desde la cuna mama la internacionalidad como quien veranea cada año en un puerto.

Y como ella es tan alta y tan guapa y una mujer con arrojo donde los haya, ya se ha encargado muy mucho de adiestrar a sus genes para que fueran dominadores a la hora de moldear su descendencia, lo que ha originado tres varones de guapura supina que en unos años les convertirá en auténticos conquistadores.

Nuestra segunda familia de hoy se encuentra capitaneada por mi querida Amparo, casada con un mexicano, que como mi argentino, tuvo la gran suerte de sentar base en la madre patria abducido por la dulzura personificada de esta gran mujer. Además de contaros que son guapos, simpáticos y un añadido sinfín de calificativos estupendos, si os tuviera que decir algo característico de ellos es que, teniendo muchas cosas en común con nosotros, la más representativa es que han tenido la boda más bonita a la que he asistido nunca como invitada y no parte implicada. Su internacional corazón está ocupado por dos morenos lindos, relindos y graciosos a más no poder.

En ocasiones he comentado cuán maravilloso es el azar, que también quiso poner a esta especial pareja en nuestro camino para dejarnos experimentar lo que es el fiel reflejo de la propia realidad y la identificación personal.

Con vosotras y vuestros ánimos y comentarios, mis fieles seguidoras, los días que escribo en mi querido espacio me levanto sonriendo y pensando que las señales me dicen que me he metido en algo bueno con esta tarea.

Porque sigamos compartiendo nuestras realidades, diferentes pero tan cercanas a veces. ¡Brindemos por los sentimientos compartidos, con nuestros corazones internacionales, con una chicha panameña y un tequila mexicano en la mano!

chicha y tequila

¡La energía positiva que transmite esta canción es la que me llega desde vuestras aportaciones! ¡Va por ustedes!