LA RAE ME PERSIGUE

Una definición objetiva de mi persona pasa por decir que soy catalana de nacimiento, madrileña de adopción, extremeña de corazón y argentina consorte. Lo que viene siendo una ciudadana del mundo, con habilidad para adaptarme a costumbres e idiomas diversos. Pese a ésta mi camaleónica capacidad de cambio, el corazón siempre me lleva hacia una opción con mayor predilección. Y aquí, amigos, la extremeña gana por goleada…

Qué tendrá esa tierra mía que tanto me gusta y me atrapa, amén de una paradisiaca ciénaga, delirio de tierna infancia. Esa tierra con la que mi prole se mimetiza tanto durante la temporada estival que vuelven hablando cierta mezcla exótica de extremeño y argentino que creo terminaremos coronando como lengua oficial de nuestro reino particular.

Él no es plenamente consciente aún, pero el exotismo no es sino un acicate más que mantiene vivas nuestras ansias de saber y la llama de nuestro amor… Qué sería de nuestro patriarca, en el que se combinan una notable sobriedad navarra con una exquisita cultura de verborrea argentina (que en su caso brilla por su excelencia así como por su ausencia) sin el exotismo que su descendencia, bajo clara influencia materna, le brinda en su anodino día a día. Que tediosa sería su jornada sin tener que corregirnos las letras que nos comemos al hablar o sin tener que adivinar el significado de alguna palabra nueva con la que le sorprendo. Porque yo, como buena extremeña de corazón, grito a los cuatro vientos “ ¡Cuidao!” Cuando un hijo mío se lanza al peligro cual kamikace en acción o les preparo un buen platito de “pescao” para cenar, porque soy también un poco madre “bio” y me gusta cuidar la alimentación de mis criaturas. Porque declaro estar remostosa cuando estoy pringosa, o estar más calmada por conseguir que una situación sea más desenredada. Atrocho por diferentes caminos para llegar antes a mi destino, acumulo zarrios por doquier, me añusgo con la boca llena de perrunillas y aunque mis hijos salen como pinceles de casa vuelven hechos unos farraguas.

A día de hoy, con más de dos lustros juntos a nuestras espaldas, me congratula poder seguir velando por mantener viva nuestra capacidad de aprendizaje. Por seguir despertando en mi etiqueta negra un espíritu de iniciativa y superación que le lleva a consultar con frecuencia y desparpajo español el diccionario de la Real Academia Española (RAE), porque yo no, pero ella, con su lema “limpia, fija y da esplendor” sí que sabe.

Y aprender de los errores es de sabios y “extremeñarse” más. Así que querido mío, terminarás hecho un sabio, que en verano llevará calzonas, que tendrá “cuidao” con sus hijos para que no se entrillen los dedos o se hagan piteras y que como siga dándole tanto al ibérico de nuestra tierra se va a poner casi tan mostrenco como con el dulce de leche. Porque todo se pega y más mi hermosura y yo ya voy hablando por ahí diciéndole a mis hijos “ponete el abrigo” o “vestíte que nos vamos”.

¡En la diversidad, está la riqueza!

¡Qué familia más rica tenemos!

RAE

DEL VOSEO AL MODO MINION

No hay mayor manjar, a los ojos y paladar de una criatura, que las popularmente extendidas chucherías. Al menos eso pensaba yo acerca de esta realidad tan mundana, hasta que el patriarca, desde esa austeridad más propia de sus genes navarros que argentinos, me confirmó que en Argentina los niños no ingieren semejante guarrería; que quien sabe lo que son, lejos de catalogarlas como delicias, las incorpora en la lista de subproductos tóxicos derivados del petróleo.

Yo, pese a que mi bolsillo y a mi conciencia les duela ir al dentista para arreglar los desaguisados causados por una ingesta inapropiada de azúcar, clamo (con mesura y mano que custodia a la par que dosifica) por una infancia con chuches. No sólo es por ese halo de nostalgia romántica que me invade a medida que pasan los años, sino por el espíritu de supervivencia que se ha despertado en mi persona tras la maternidad, que además crece al mismo ritmo que se me llena la cabeza de canas.

Y es que entre múltiples definiciones, las chuches destacan sobremanera como arma de negociación en caso de encontrase en situaciones farragosas; que por otra parte, quien tiene descendencia experimenta a veces con una cotidianidad no deseada. Yo, que estos avatares los sufro, no precisamente en silencio, reconozco tener un bote siempre en casa al que le otorgo la dualidad de castigo o recompensa. Soy débil, mi verborrea se agota, mi mente y mis glándulas salivares se bloquean; así que la incomodidad de una mente y una boca espesa me llevan a entregarme a la simpleza de la dulzura infantil, que anhelada con desesperación, sólo se ve materializada en tan petrolera materia.

Otra de las grandes cualidades de las chucherías es la capacidad de sembrar y germinar la semilla de la amistad. Si un niño saca una bolsa de chuches, en escasos instantes se encuentra rodeado de sus congéneres que le ofrecen la mejor de sus sonrisas a cambio de poder catar al menos una pizca de tan preciado tesoro. Venderán su alma a través de los mayores halagos. Una marcada enemistad puede desembocar en un momentáneo, pero fácil de creer, arrepentimiento. A veces, cerca de propiciar disputas, suelen fomentar la camaradería y el compañerismo.

Fue un tarde veraniega, rodeados de una pequeña agrupación infantil que alcanzó el consenso de implorar su dosis vespertina de chucherías, el momento en el que el patriarca se vio obligado, en contra de sus principios, pero en aras de no parecer un ogro a ojos de hijos ajenos, a repartir, bajo premisa de equidad, tan magna cochinada. Hete ahí que en un alarde de cercanía hacia los niños, según les va entregando la mercancía les va diciendo: “para vos”, “para vos”…. A lo que uno de los que allí se encontraban, con natural desconcierto contestó, “para vos, NO, este es para mi”… como si ese tal “vos” fuera a ser beneficiado con las chuches que por turno a él le tocaban.

Creo, con bastante certeza, que un reparto “estilo minion” (“TOMA, PARA TÚ”) hubiera resultado anecdóticamente menos divertido pero más comprensible para los receptores…

En la familia Entre Madrid y Buenos Aires somos muy muy fans de los minions… para muestra, un botón…

MI PEQUEÑO MINION

YOU & I

Tras mi cenagoso a la par que maravilloso estío, recupero mi actividad blogueril en una fecha especialmente significativa. Un 31 de agosto, hace ocho años, los estrechos lazos que mantenía con Argentina pasaron de oficiosos a oficiales. Lo que venía siendo bonito, pasó a ser mejor ese día y en días sucesivos.

Huyendo del tedio que puede llegar a suponer para mis escasos lectores la descripción de los embriagadores sentimientos que le profeso a mi querido “etiqueta negra” , esta canción me ha parecido una bonita manera de recordar no sólo nuestro enlace, sino nuestra historia, nutriente continuo de la historia Entre Madrid y Buenos Aires.

Hoy no es viernes con cocktail & canción, pero aun así, esta canción va por ti, mi especial complemento de vida y alma… nuevos rumbos nos esperan, sin duda mejores!

 

DE VACACIONES CUAL FIONA

Mis queridos cuatro locos/as seguidores/as….

Con esta carta me despido. Ha llegado el momento de retirarme durante la temporada estival.

Los que bien me conocéis sabéis que tras un pequeño paso por la playa nos metemos de lleno en la España interior y profunda, en esa en la que nos espera con los brazos abiertos la que a ojos del patriarca es una ciénaga y a ojos de mis hijas es el paraíso. Donde yo pasé grandes momentos de mi infancia (los mejores) y que mis hijos tienen la oportunidad de revivir. Ese lugar mágico que sería un pozo de inspiración para la mismísima @soynuriaperez, puesto que las rocas, palos y algún que otro desperdicio se convierten en un momento en perfectos utensilios de cocina, elementos de supermercados, cargamento de barcos pirata, material de una rústica escuela, etc… todo a los pies de una ciénaga en la que además se encuentran en no escasas ocasiones con culebras cazando sus presas, cangrejos y otros seres vivos propios del ecosistema.

Con este mi espíritu hollywoodiense y cual encarnación de la princesa Fiona, siempre enamoradísima de su querido Shrek, os dejo para estar reposando en mi ciénaga, rebosando todito amor por todas partes. Lo que no sé si alcanzaré a predicar eso de la slowlife esa que me resulta tan desconocida e inalcanzable, porque lo de estar con el ojo loco, brazos locos, piernas locas, y toda loca detras de mi Forrest Gump particular, el intrépido de mi tercero  que se lanza al agua como si en lugar de pulmones tuviera branquias, y doña col que me reclama en cuerpo y alma en cada baño que se da, precisamente por todo lo contrario… si lo hago muy slow, alguno se me ahoga seguro… casi que yo voy con el turbo, aunque mi Shrek perjure que voy con el freno de mano puesto….

¡Feliz verano a todos!

Vuestra, siempre…. desde la ciénaga con amor….

Fiona

fiona

EN PICSA CON UNA BUENA PIZZA ARGENTINA

Dicen de un argentino que es un español, con acento italiano, gusto francés y educación británica. Y como dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición y somos una pareja muy bien avenida que tiende a equilibrar cualquier desequilibrio, lo que mi argentino va perdiendo de acento yo lo voy ganando en gusto, convirtiéndome, como él, en otra “etiqueta negra”. La educación, de momento, procuramos ambos dos no sólo mantenerla británica, sino elevarla a nivel de Lord.

Con esta nuestra negra condición y en aras de transmitir buenas costumbres a nuestra prole, seleccionamos alimentos, y todo lo que tenga que ver con la gastronomía argentina en general, con especial entusiasmo. Es el caso de las pizzas argentinas, características donde las haya. Su masa es más gruesa y esponjosa, fruto de la mayor proporción de levadura. Otro rasgo peculiar es que se acompañan de una gran cantidad de queso (pero mucha). La pizza estrella, además de mi preferida, es, sin lugar a dudas, la fugazzeta (de queso y cebolla).

Dos de mis hijas, pese a que en la tierna infancia no se tienen referencias temporales muy claras, ya han interiorizado que los viernes son un día especial que se debe aderezar con una cena acorde. Abandonamos por un día los platos a la plancha y ensaladas. El brócoli hervido, batuta en mano, da paso, con alfombra roja y clamor popular, a las pizzas argentinas que enloquecen nuestro Spanish paladar.

Somos tan fieles a la patria paterna que si degustamos domésticamente tan exquisito manjar, recurrimos a las prepizzas, o lo que es lo mismo, la base de la pizza prehorneada a la que solamente hay que añadirle los ingredientes y darle un golpe de cocción rápido en el horno. Producto que, como obviamente cabe esperar, adquirimos en un colmado típicamente argentino. Si por el contrario decidimos sacar nuestro espíritu valiente a pasear, atreviéndonos a llevar a nuestros tres vástagos a un restaurante a comer pizza, uno de los sitios a los que solemos acudir es PICSA.

Según nos explicaron estuvieron un año entero experimentando con la masa y la mezcla de quesos para conseguir tan original y logrado resultado, del que se puede disfrutar en un bonito espacio y al compás del reloj comepizzas que flanquea las mesas de los comensales.

¡Merece mención estrella esta increíble fugazzeta!

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LA FIDELIDAD HOY ES NÚMERO PAR EN NUESTRO VIERNES CON COCKTAIL&CANCIÓN

Woke up this morning feeling fine
There’s something special on my mind
Oh yeah, something tells me I’m into something good

Hay mañanas en las que me levanto y, como dice la canción, me siento bien; algo me dice que estoy metida en algo bueno… porque sé positivamente que ellas están ahí, así me lo manifiestan, con timidez y mesura.

Nuestro corazón no es sólo intrínsecamente internacional por los miembros de nuestra familia, sino también por los que nos rodean. Entre Madrid y Buenos Aires hacemos escala en dos familias cuyos corazones se encuentran a caballo entre Madrid y Panamá, la primera, y Valencia y México la segunda, en la que además cambian de residencia entre EEUU, Madrid y Sevilla.

Refiriéndonos al primero de los clanes, Marta (conocida como Pano) es madrileña de nacimiento y canaria de corazón. Está casada con un piloto cuyo carácter sureño le lleva a tener afinidad con el mío (me refiero a mi esposo, no mi carácter sureño, del que sólo hago gala por ser una tortuga). En ella se ve materializada la expresión que todas las personalidades de las generaciones de nuestras abuelas ensalzaban, de verano en verano, como la mejor de las cualidades y características personales: “¡anda, cómo ha crecido la niña! ¡Qué alta y que guapa está! Así es Marta, tan alta como guapa y con una simpatía y naturalidad que le hacen llevarse de calle cada corazón internacional con el que topa. Porque otra cosa no, pero desde la cuna mama la internacionalidad como quien veranea cada año en un puerto.

Y como ella es tan alta y tan guapa y una mujer con arrojo donde los haya, ya se ha encargado muy mucho de adiestrar a sus genes para que fueran dominadores a la hora de moldear su descendencia, lo que ha originado tres varones de guapura supina que en unos años les convertirá en auténticos conquistadores.

Nuestra segunda familia de hoy se encuentra capitaneada por mi querida Amparo, casada con un mexicano, que como mi argentino, tuvo la gran suerte de sentar base en la madre patria abducido por la dulzura personificada de esta gran mujer. Además de contaros que son guapos, simpáticos y un añadido sinfín de calificativos estupendos, si os tuviera que decir algo característico de ellos es que, teniendo muchas cosas en común con nosotros, la más representativa es que han tenido la boda más bonita a la que he asistido nunca como invitada y no parte implicada. Su internacional corazón está ocupado por dos morenos lindos, relindos y graciosos a más no poder.

En ocasiones he comentado cuán maravilloso es el azar, que también quiso poner a esta especial pareja en nuestro camino para dejarnos experimentar lo que es el fiel reflejo de la propia realidad y la identificación personal.

Con vosotras y vuestros ánimos y comentarios, mis fieles seguidoras, los días que escribo en mi querido espacio me levanto sonriendo y pensando que las señales me dicen que me he metido en algo bueno con esta tarea.

Porque sigamos compartiendo nuestras realidades, diferentes pero tan cercanas a veces. ¡Brindemos por los sentimientos compartidos, con nuestros corazones internacionales, con una chicha panameña y un tequila mexicano en la mano!

chicha y tequila

¡La energía positiva que transmite esta canción es la que me llega desde vuestras aportaciones! ¡Va por ustedes!

LITERATURA A LA ARGENTINA

A día de hoy uno de mis grandes retos como madre no es conseguir que mis hijos lean a la perfección la cartilla, coloreen sin salirse, hagan sumas y restas sin equivocarse, hablen mucho inglés o tengan una velocidad de cálculo supersónica.  Ni siguiera que el curso que viene, con el paso a primaria, la mayor saque sobresaliente en los controles que le puedan hacer. A día de hoy, cuando la primogénita tiene apenas seis años recién cumplidos, la mediana va camino de los cuatro y un varón con-don de año y medio, mi gran propósito es intentar que sean felices e inculcarles valores profundos (yo, los míos, cada cual, con los suyos), que les acompañen en sus andaduras como mujeres y hombre de provecho.

Pese a que tres, a ojos de muchos, puede parecer no sólo un número elevado de hijos (que lo es también a los míos propios) sino un número que ya te otorga el título de madre experimentada, nada más lejos de la realidad. Soy una madre en ciernes, que sigue dudando y buscando recursos allá donde los hubiere para afrontar la nada fácil tarea de la educación y crianza de mi descendencia.

Y es en estas lides en las que, en no escasas ocasiones, recurro a los cuentos para poner en boca de otros lo que yo misma querría manifestar, puesto que soy consciente de que, como ha ocurrido a lo largo de toda la historia de los matriarcados, si lo digo yo, o el patriarca, el porcentaje de calado del mensaje no es el mismo, ni es igual. Amén de la gran utilidad que luego tienen las referencias bibliográficas, “¿ves?, como en el cuento”. El “ya te lo dije” o “ves lo que te decía” parecen frases inherentes a la condición de madre/padre. Todos lo hemos sufrido y el que esté libre de pecado, incluso de pensamiento, que tire la primera piedra.

Mi espíritu hollywoodiense me lleva a tener predilección por los cuentos e historias de Disney, llenos de color, glamour y finales felices; inclinación que se ha visto agudizada desde el mismo momento en que tan inigualable compañía ha adquirido los derechos de Star Wars… Sin embargo, cuando se trata de predicar mensajes, me pongo en mi modo “moderna mística” y me decanto más por esos libros en los que parece que la sencillez y austeridad de las ilustraciones es proporcional a la profundidad del mensaje.

Una de mis obras literarias preferidas para estos menesteres es el HILO SIN FIN; la historia de Anabel, una niña que se encuentra una caja mágica con un hilo de lana sin fin que le llevará a transformar su pueblo gris y triste en un pueblo bonito, lleno de color y alegría. Un libro sobre la amistad, el poder de la transformación y cómo la actitud ante la vida puede cambiar por completo el curso de los acontecimientos.

Hilo sin fin

Y otro de mis imprescindibles es EL CAZO DE LORENZO en el que dibujos sencillos, tiernos y divertidos muestran cómo un niño con sus dificultades, sus cualidades y sus diferencias respecto al resto, consigue afrontar y superar el día a día. Algo para lo que además es fundamental contar con buenos amigos.

Hilo sin fin y cazo de lorenzo

El primer día que le leí EL CAZO DE LORENZO a mi mayor, terminé la historia y le pregunté “¿lo entendiste?” Y me contestó, “más o menos, pero yo creo que es mejor si me lo explicas en argentino…”

No sólo yo, que por carencia de nacionalidad estoy excusada, sino que mi amado esposo, oriundo de la mismísima Argentina, aún sigue buscando respuesta y yo planteándome si debo cambiar el discurso…

MI DULCE ENSIMISMAMIENTO, MI MOMENTO SPECIAL K

Con este título, cualquiera se aventuraría a pensar que la temática de hoy gozaría de cierta tonalidad escatológica, pero no, por ahora dejo apartado el momento Enrique y Ana, caca-culo-pedo-pis, para otra ocasión.

Como ya avanzaba en su día, en una de esas listas que, pese a no gustarme demasiado, sucumbí a realizar porque la ocasión así lo merecía, soy lenta para todo en general, y para hablar y caminar, en particular. Característica que ha llevado a que en mi hogar, con descaro y desfachatez, el padre de las criaturas aliente a mi descendencia a cantarme la canción del cantajuegos “Dicen que”, en la estrofa que clama: “dicen que las tortugas son lentas, lentas, lentas, y yo muy rapidito… qué le voy a hacer…” Aguanto el chorreo lo más dignamente que puedo, sin ni siquiera ya rebatir, porque una es totalmente consciente de su realidad. Yo lo único que de vez en cuando me lanzo a recordar es que, pese a esto que algunos consideran un defecto, y con total similitud al clásico de los clásicos “la liebre y la tortuga”, llego a mi destino incluso con el caparazón lleno de inquilinos… y no sólo eso, sino que además la gente me pregunta en no escasas ocasiones: ¿y cómo te da tiempo a hacer todo esto?, pues será, por simple deducción y lógica, que la escala de velocidad con la que tratan de evaluar mis actos está un poquito sesgada. Vamos… digo yo…

Pero bueno, aceptamos lenta como rasgo de mi persona.

Numerosas son las teorías que defienden que muchas de las conductas del ser humano son aprendidas, no innatas y, además, que los condicionantes del entorno son variables de influencia especialmente significativas. En este punto es donde mi modelo identifica de manera clara y concisa la gran variable externa, a saber, el cansancio por ir corriendo cual tortuga tirando de cuatro (de mi misma, que no es poco, y de los tres polluelos del corral). No quiero ser una madre drama, pero suelo llamar a las cosas por su nombre. Tener un hijo con-don; vivir en Hollywood, a caballo Entre Madrid y Buenos Aires; además de estar sometida a toda suerte de retos diarios en los que tengo que sacar armas que convierten en meros aficionados a los que negocian con delincuentes, pues convengamos que un poquito cansado es. Maravilloso seguro, pero agotador también. Al pan, pan, y al vino, vino.

Hay quien estima que tres es el peor número de hijos a tener (desde luego el más trabajoso), y que la solución indiscutible pasa por tener un hijo más. El cuarto, al que criarán los demás, lo que a su vez les hará madurar para cuidarte a ti también. Yo es que no me veo muy animada a decantarme por esa vía, de la que con cordura me alejan las prescripciones médicas que me hicieron en su momento, tras haber vivido más de una situación crítica, con riesgo de vida incluido en el lote. Así que no me queda más remedio que sobrellevar el cansancio con la misma estoicidad que aguanto a mi galán y mi prole entonándome el último grito entre los hits infantiles.

Y lo acepto. Así que por las mañanas, pausadamente me levanto, me preparo el desayuno pululando por la cocina cual tortuga ninja para evitar hacer un solo ruido que despierte a las fieras y perturbe el silencio de ese instante. Un silencio del que disfruto relajada y lentamente, que en el mejor de los casos sólo se ve roto por el ruido del calentador encendido (la ducha del patriarca), que me anuncia cuando mi letargo llega a su fin, antes de verle entrar por la puerta de la cocina clamando “¿pero todavía estás así?”. Y es que ese es mi momento, mi momento special k, en el que el cola-cao o la lágrima que me esté tomando, lo acompaño con estos cereales, alcanzando un grado de ensimismamiento y evasión tal, que incluso la reiterada lectura de los ingredientes y desglose de vitaminas y minerales del paquete, me parece de lo más interesante. Leo, releo, le doy la vuelta al paquete, porque me cansa más la ocasional esbelta silueta de la dama que tan valiosa literatura. En caso de mayor hartura, me paso a la información nutricional del cola-cao. El objetivo perseguido es conseguido: mi mente se mantiene en blanco. Una mente maravillosa.

Creo que me agrada ser una tortuga, así como desayunar cola-cao y special k.

cola-cao y special k

Aquí os dejo la canción en cuestión, por aquello de que contextualicéis mejor…