YOU & I

Tras mi cenagoso a la par que maravilloso estío, recupero mi actividad blogueril en una fecha especialmente significativa. Un 31 de agosto, hace ocho años, los estrechos lazos que mantenía con Argentina pasaron de oficiosos a oficiales. Lo que venía siendo bonito, pasó a ser mejor ese día y en días sucesivos.

Huyendo del tedio que puede llegar a suponer para mis escasos lectores la descripción de los embriagadores sentimientos que le profeso a mi querido “etiqueta negra” , esta canción me ha parecido una bonita manera de recordar no sólo nuestro enlace, sino nuestra historia, nutriente continuo de la historia Entre Madrid y Buenos Aires.

Hoy no es viernes con cocktail & canción, pero aun así, esta canción va por ti, mi especial complemento de vida y alma… nuevos rumbos nos esperan, sin duda mejores!

 

LA FIDELIDAD HOY ES NÚMERO PAR EN NUESTRO VIERNES CON COCKTAIL&CANCIÓN

Woke up this morning feeling fine
There’s something special on my mind
Oh yeah, something tells me I’m into something good

Hay mañanas en las que me levanto y, como dice la canción, me siento bien; algo me dice que estoy metida en algo bueno… porque sé positivamente que ellas están ahí, así me lo manifiestan, con timidez y mesura.

Nuestro corazón no es sólo intrínsecamente internacional por los miembros de nuestra familia, sino también por los que nos rodean. Entre Madrid y Buenos Aires hacemos escala en dos familias cuyos corazones se encuentran a caballo entre Madrid y Panamá, la primera, y Valencia y México la segunda, en la que además cambian de residencia entre EEUU, Madrid y Sevilla.

Refiriéndonos al primero de los clanes, Marta (conocida como Pano) es madrileña de nacimiento y canaria de corazón. Está casada con un piloto cuyo carácter sureño le lleva a tener afinidad con el mío (me refiero a mi esposo, no mi carácter sureño, del que sólo hago gala por ser una tortuga). En ella se ve materializada la expresión que todas las personalidades de las generaciones de nuestras abuelas ensalzaban, de verano en verano, como la mejor de las cualidades y características personales: “¡anda, cómo ha crecido la niña! ¡Qué alta y que guapa está! Así es Marta, tan alta como guapa y con una simpatía y naturalidad que le hacen llevarse de calle cada corazón internacional con el que topa. Porque otra cosa no, pero desde la cuna mama la internacionalidad como quien veranea cada año en un puerto.

Y como ella es tan alta y tan guapa y una mujer con arrojo donde los haya, ya se ha encargado muy mucho de adiestrar a sus genes para que fueran dominadores a la hora de moldear su descendencia, lo que ha originado tres varones de guapura supina que en unos años les convertirá en auténticos conquistadores.

Nuestra segunda familia de hoy se encuentra capitaneada por mi querida Amparo, casada con un mexicano, que como mi argentino, tuvo la gran suerte de sentar base en la madre patria abducido por la dulzura personificada de esta gran mujer. Además de contaros que son guapos, simpáticos y un añadido sinfín de calificativos estupendos, si os tuviera que decir algo característico de ellos es que, teniendo muchas cosas en común con nosotros, la más representativa es que han tenido la boda más bonita a la que he asistido nunca como invitada y no parte implicada. Su internacional corazón está ocupado por dos morenos lindos, relindos y graciosos a más no poder.

En ocasiones he comentado cuán maravilloso es el azar, que también quiso poner a esta especial pareja en nuestro camino para dejarnos experimentar lo que es el fiel reflejo de la propia realidad y la identificación personal.

Con vosotras y vuestros ánimos y comentarios, mis fieles seguidoras, los días que escribo en mi querido espacio me levanto sonriendo y pensando que las señales me dicen que me he metido en algo bueno con esta tarea.

Porque sigamos compartiendo nuestras realidades, diferentes pero tan cercanas a veces. ¡Brindemos por los sentimientos compartidos, con nuestros corazones internacionales, con una chicha panameña y un tequila mexicano en la mano!

chicha y tequila

¡La energía positiva que transmite esta canción es la que me llega desde vuestras aportaciones! ¡Va por ustedes!

LA HISTORIA DE JAN, UNA HISTORIA ENTRE MADRID Y BUENOS AIRES

Quizás la historia que os vengo a contar hoy ya la conocéis. La Historia de Jan, que como define Bernardo, uno de sus grandes protagonistas, es una historia de aceptación, crecimiento y superación.

LA HISTORIA DE JAN

Jan nació el 4 de noviembre de 2009. Cuando Bernardo y Mónica, sus papás, se enteraron de que Jan tenía Síndrome de Down, Bernardo tuvo el impulso y la necesidad de empezar a escribir un blog, transmitir todo lo que le estaba pasando, hacerlo social, como explica él mismo. Y en el transcurso de la historia y los relatos que de ella surgían, empezaron a darse cuenta de que además de servir de terapia para ellos mismos y sentirse acompañados ante una situación desconocida, parecía ser una gran fuente de ayuda para otras personas que estaban atravesando momentos similares a los suyos.

Y desde entonces hasta ahora, cinco años después, Bernardo sigue escribiendo en el blog los 365 días del año. Es un precioso diario de una gran historia y experiencia de VIDA. Todas las vivencias, fotografías y grabaciones que ha ido recopilando a lo largo de este tiempo le han servido a Bernardo, productor y director de cine, para darse cuenta de que quería plasmar la historia de su hijo en una película documental.

Para poder cumplir este maravilloso sueño han creado una campaña de crowdfunding que os vengo a enseñar. Porque YO TAMBIÉN APOYO LA HISTORIA DE JAN.

Y la apoyo y la sigo prácticamente desde que nació. Bernardo y yo fuimos compañeros del colegio y cuando comenzó a escribir el blog fui una de las afortunadas a las que se lo mostró. Y desde entonces, le sigo casi con la misma frecuencia con la que él escribe. La Historia de Jan ostenta el título de ser el primer blog del que me convertí en seguidora fiel.

Este fue el video con el que me convertí en una auténtica follower.

He visto cómo Jan y sus padres han ido creciendo juntos durante estos cinco años. Sufrimientos, alegrías, progresos, terapias, tratamientos, emociones, cariño, amor en su estado más puro… de todo he tenido la gran suerte de poder ser conocedora casi en tiempo real. Incluso de participar en algunos de sus cumpleaños! Sus primeros pasos fueron emocionantes! Y ahora le veo tan mayor… Jan ha crecido como niño y Bernardo y Mónica como padres. Lo que no sé si ellos sabrán es que yo también he crecido como lectora, porque aunque ninguno de mis hijos tiene Síndrome de Down, estas vivencias suponen una gran enseñanza como padres y como personas.

Ya habéis visto entonces que tienen una familia preciosa y un proyecto fabuloso que espero salga adelante, por ellos y por todo lo que representa.

Pues os vengo a descubrir, como añadido, que es una familia con un corazón Entre Madrid y Buenos Aires, no sólo porque su corazón forma parte del nuestro, que también, sino porque ellos cuentan, igualmente, con su propio corazón Entre Madrid y Buenos Aires.

Mónica, la mamá de Jan, nació en Buenos Aires, ciudad en la que vivió hasta los 14 años, antes de instalarse en Barcelona con toda su familia. A los 30 años se traslada a Madrid. En 2003, conoce a Bernardo, madrileño de pura cepa, y dos años después se hicieron pareja. El fruto de una hermosa historia de amor es mi querido Jan, que a nuestros ojos es más especial, si cabe, por llevar sangre argentina en las venas!

Transcribiendo palabras de Bernardo, les encantaría que Jan conociera Argentina y a toda la familia de allí, porque tanto él como Mónica están enamorados de la ciudad de Buenos Aires, lo acogedora que es la gente, de sus calles, del aroma a antiguo, del sentimiento, de la comida, de los árboles jacarandá…

Es un privilegio poderos contar una historia Entre Madrid y Buenos Aires con tanta alma, La Historia de Jan.

SI Jan ya era famoso… seguro que al ver este video más de uno reconoce también a su mamá…

Irme a Disney World quiero, con el corazón entero!

Tengo el corazón partío… como Alejandro…

Un viaje a Disney World puede tener la intemerata de calificativos, a saber, divertido, entretenido, fabuloso, magnífico, inolvidable… pero a la vez descorazonador. Es esa dualidad de las cosas que como el perro del hortelano, ni come ni deja comer.

Supongo que fruto de la querencia que mi amado esposo tiene, por razones obvias, hacia el continente americano, hace unos meses se tomó la decisión en mi hogar, con mayoría plena pero no desde mi total convicción, de hacer un viaje a Disney World con las niñas; y leéis bien, sólo las niñas, porque tras analizar la situación por arriba por abajo, por delante y por detrás, llevar al pequeño con nosotros nos traía más inconvenientes (me duele incluso verbalizar que mi pequeño es un problema) que beneficios, que aparentemente solo era el de que yo estuviera más tranquila.

Bajo el prisma de la lejanía temporal se observan figuras caleidoscópicas excepcionalmente bonitas y de armónicos colores, pero amigo, el caleidoscopio gira al compás de las manecillas del reloj del calendario y, a medida que la fecha no solo se aproxima, sino que está al caer, los motivos ya no son tan lucidos, ni especialmente atrayentes. Ahora una lo ve cual maraña de difícil salida.

Soy una gallina en el más amplio sentido de la palabra. Primero de todo, por ese sentimiento que, de manera inconsciente que no involuntaria, me lleva a tener a todos mis polluelos bajo mi cobijo y amparo. Segundo, porque hago honor a la mayor cualidad que de manera automática y en esta ocasión sí involuntaria, se le confiere a una madre en el mismo instante del alumbramiento, el miedo. Y efectivamente, cuando seas madre, comerás huevo.

A estas alturas de la vida es cuando entiendo y comprendo las estridencias de mi madre que me esperaba despierta jugando al buscaminas cuando salía por la noche, o por qué quería saber dónde iba, con quién, o el motivo por el que los viajes siempre suponían una preocupación, que no desaparecía hasta que, pasados los días, estaba de vuelta en casa.

Y soy yo la que ahora, convertida en una auténtica madre cliché, sufro, a veces en silencio y otras no, esos miedos que me llevan a pensar en esa serie de catastróficas desdichas que pueden ocurrir estando separada de mi último apéndice.

El recuerdo intacto tengo del único viaje allende los mares que hicimos mi marido y yo separados de la que por aquel entonces era nuestra única hija de nueve meses. Al pánico absoluto que tengo a volar, se unía que dejaba atrás a la carne de mi carne. Mientras el avión despegaba, lagrimones como limones me caían por las mejillas, rezaba con el mayor de los fervores y me agarraba fuertemente a mi marido, que me miraba con ojos de asombro, incredulidad al mismo tiempo que chanza.–No te preocupes, la niña va estar bien. Se queda con tus padres…– Sí, va a estar bien, pero la que no tenía claro que lo fuera a estar, era yo. No transcurría un día sin que mandara el mail de rigor demandando noticias de mi pequeña. Cual madre primeriza histérica que sale a cenar, que en las dos o tres horas que dura la velada, llama un par de veces a los mortales que amablemente se hayan quedado de canguros.

Hasta este punto todo bien, el viaje transcurría dentro de los límites de la normalidad y disfrute esperados. Pero justo en el momento de vuelta a casa, cuando parecía que mi nerviosismo ya debía entrar en fase de declive, en la puerta de embarque del avión viví uno de los momentos más angustiosos de mi vida. Un horrible temporal de esos que paralizan la ciudad de Nueva York, estaba dejando inoperativo el aeropuerto donde estábamos. Todos, absolutamente todos los vuelos se estaban cancelando. Todos, menos el nuestro. ¿Ves? si no pasa nada, nuestro vuelo sigue sin cancelarse…. ¿Te crees que el capitán va a salir sin estar completamente seguro de que puede hacerlo? Ni mis oídos ni todos mis sentidos daban crédito a lo que estaba oyendo. ¿Cómo que si nuestro vuelo no se cancela significa que no pasa nada? ¿Y el hecho de que todos los demás se cancelen no puede significar que el que está loco es nuestro piloto? Desde luego pirados, haberlos, haylos, y todos lo acabamos de comprobar hace muy poco, lamentablemente.

Pese a que mi marido me insistía en los contratiempos que nos ocasionaría cancelar el vuelo (alojamiento, días de retraso en el trabajo, dinero extra con el que no contábamos y por inclemencias meteorológicas no te cubren nada) para mí el mayor de los problemas era simplemente que si me subía en aquel avión las probabilidades de que no llegara viva a ver a mi hija eran lo que se dice un poquito altas… Por defecto profesional, no hacía más que imaginarme escenarios que estadísticamente eran probables y se me encogía el corazón. Tanto fue así, que en ese devaneo mental que me traía, me lancé presurosa a escribir lo que yo creía podían ser mis últimas palabras. Blackberry en mano, redacté un correo electrónico a mis padres narrando lo que a mis ojos era nuestra calamitosa situación, y clamando porque si no llegábamos vivos a nuestro destino, por favor, el dinero del seguro y de la venta de la casa, lo invirtieran en llevar a mi hija a un colegio bilingüe (pero de verdad) y le proporcionaran la mejor de las educaciones. Verdaderamente era desgarrador. Menos mal que mis padres no lo leyeron hasta varias horas después de nuestra llegada, si no, ni imagino el sin vivir de mis progenitores.

En esas me veo yo ahora, haciendo maletas para los que nos vamos y para el que se queda, pidiéndome el corazón que le deje mis últimas voluntades, que además de velar por su buena educación, van encaminadas a la transmisión del amor más profundo que se puede sentir hacia alguien. Porque casi me cuesta la vida traerlo a este mundo y queriéndole como le quiero, separarme de él me resulta descorazonador.

Y en este sin vivir, que me tiene sudando desde hace una semana como en mis mejores momentos de conductora novel que llevaba el coche de mi padre y él sabía que me había montado por los chorretes de sudor con los que había impregnado volante y palanca de cambio, me encuentro ahora.

Solo espero y deseo poderme reír de esta situación igual que de la misiva de aquella ocasión.

Y que pronto llegue el momento que ya me ha prometido el padre de las criaturas, la vuelta a Disney World todo juntos en amor y compañía.

Te quiero mucho hijo!

Nicolás
Gracias Jessica Davey por esta preciosidad!