SEÑALES

Tengo el ánimo por las nubes. Me falta poco y nada para hacer de mi pasión de madre mi traje de baño del verano. Ese que me cuesta desenfundarme por tener la fortuna de estar todo el día metida de lleno en mi ciénaga pantanosa particular.

Yo que pensaba que con los avatares viscerales de mi hijo había entrado en un agujero negro de los de dimensiones astronómicas y sin salida, resulta que existe un atisbo de posibilidad de que el prodigio de mi criatura me arranque los hábitos de madre catastrofista que lo quiere coronar como una anomalía de la infancia. Puede que de esta no salga tan mal parada como todos los indicios nos hacían presagiar.

Lleva tres días depositando los excesos allá donde debe, en el orinal. Tres días. Sólo faltan dieciocho para convertirlo en rutina, según el mito de los veintiún días que sostiene que es el tiempo necesario para convertir una acción, o un determinado comportamiento, en rutina. Un poco más de dos semanas para hacer de esta novedad clamorosa una norma milagrosa.

Será entonces cuando recupere la verdadera perspectiva de la vida, cuando pueda afrontar el día a día con la frescura aromática de no haber limpiado la obra gótica que mi hijo se “autoesculpe”, allá donde la espalda pierde su casto nombre, con el cincel de la huida de su madre que lo persigue con las toallitas so pena de meterlo en la bañera vestido y todo.

Soy consciente de que hay que pasar por la decadencia para alzarse con doble fuerza y  de que ganar resistiendo es el ingrediente que da mejor sabor a la hora de ganar las batallas, pero sé que también es posible morir de éxito entre algodones. He experimentado en familia propia que las grandes dosis de higiene no son solo giros fantasiosos de las madres venidas a más. Si no lo hubiera experimentado, despotricaría sobre los falsos mitos en general, y de los que rodean la temática de quitar los pañales en particular. Pero los milagros existen. Allá el que no quiera creer en ellos. Mi mediana jamás se hizo caca encima.

Aquí ando, devanándome entre los recuerdos del éxito y los pequeños logros que atizan de nuevo mi entusiasmo.

La victoria me hace señas.

Espero que no se volatilice.

señales

Fotografía de la película “Señales” Fuente: 20 minutos

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