SAN VALENTÍN EN FUENTE TECHADA

Como si de un titular arrojadizo se tratara, Febrero es un mes de recortes. Por una parte, es época de ultimar la poda de plantas y árboles, antes de que la primavera traiga consigo la fuerza de la savia nueva. Por otra, es, por excelencia, el mes de los recortes en los bolsillos, donde poco se puede rascar tras los excesos de las Navidades y las rebajas.  Si se tienen plantas de exterior, seguro que estarán todas tan tiesas, o mustias en el mejor de los casos, como las faltriqueras. Las mías están completamente ajadas y faltas de lozanía. Casi no las siento como propias. Deben ser de otra. No tan ufana, no tan lozana.

Pero Febrero es también un mes de contradicciones, porque en esta funesta realidad donde el verdor de la naturaleza y el tintinear de los euros en los bolsillos brillan por su ausencia, un rayo de esperanza vigoriza el ánimo de cualquiera como una golosina a un niño. Y es que San Valentín viene empujando sin escrúpulos a base de un marketing que ejerce una fuerza constrictora de la que no se libra ni el más empedernido rebelde, aunque lleve a gala ser un prófugo de la sensiblería hollywoodiense.

Eros, Cupido, San Valentín y toda una panoplia de dioses y santos parece que en estas fechas se juntan en conciliábulo para lanzarnos panfletos removedores de nuestros corazones apoltronados en la rutina. Yo, que no soy la excepción, sino la regla, caigo al reclamo, aun a sabiendas de todo lo que por cordura sé. Pero me da igual, San Valentín me hace un simple gesto, una tímida sonrisa y todos los recuerdos de la época en la que mi marido y yo éramos novios, idealizados con la lógica de la nostalgia, me hacen volver a caer en la gozosa adicción de crearme películas de ambientación primorosa. Me sigo relamiendo ante el romanticismo poco creíble por empalagoso. Soy así de hortera. No tengo solución ni redención.  Más aún, ni siquiera la busco.

La solidez de mi rutina, ganada a base de nutrir un esmerado y prolijo calendario de quehaceres diarios, me conduce a despertar anualmente a cualquier deidad (de friso o no) del amor, para celebrar, sin discusión, si no nuestro ardiente amor, sí nuestras ardientes ganas de encontrar un impasse en el estricto circuito casa-colegio-trabajo-niños. Solo una vez al año me afano en quitarle a San Valentín las legañas tras su largo letargo.

Porque lo cierto es que nosotros a este santo le exigimos de poco a nada el resto del año. Estamos ya en ese punto de la relación en la que hemos tomado conciencia plena de que el amor no se apuntala solo con palabras y arrumacos, sino con hechos. Y de que encontrar un punto de completo entendimiento sin necesidad de expresión alguna más que una mirada densa llena de emoción es tan seductor como efectivo.

Pero una vez al año, tan solo una vez en trescientos sesenta y cinco días, al santo le pido que haga algo o morimos, no precisamente de aburrimiento, sino de todo lo contrario. Le imploramos ser secuestrados por una vida monacal que nos ayude a recuperar cierta paz de espíritu y a recargar el depósito de la paciencia.

Este año estuve a punto caer en la más profunda de las depresiones al no encontrar ningún sitio que cumpliera nuestros requisitos. Los que nos cuadraban estaban ya reservados por parejas más previsoras. Cuando las expectativas se habían enfriado tanto que casi volvieron a su estado de hibernación, estando a un tris de tirar la toalla y dejar de buscar, de repente descubro un lugar mágico; revelador para los sentidos, el cuerpo y el alma.

Apuntad. Ya. En mayúsculas, negrita y subrayado.  En las primeras páginas de vuestros cuadernos de notas, en vuestros enlaces de favoritos. FINCA FUENTE TECHADA. La versión segoviana de la casa de la baronesa Karen Blixen (Meryl Streep) en la película Memorias de África. Ambas casas coinciden al hacerte disfrutar de la grandeza de los matices y los detalles, pero no sólo de la decoración, sino del trato. Cristina y Alejandro son unos anfitriones de los de palmarés, porque comparten su casa haciéndote sentir como en la tuya.

Nada más llegar, la decoración se va a encargar de nublarte los sentidos. No atino ni por dónde empezar a describiros, porque aunque el porche de la casa es uno de sus grandes atractivos, poco y nada tiene que envidiar la sala de estar flanqueada por una chimenea por un lado y una librería por el otro; o la zona común reservada para los desayunos tan exquisitos como elegantes. Visualizaos sentados en una mesa de dimensiones extravagantes, puesta con un mimo y esmero sin igual, haciendo fácil el deleite a base de unos huevos fritos de corral, de unas tostas con jamón del que parece mantequilla, zumo de naranja recién exprimido, toda suerte de panes y aderezos, así como de una amena charla en la que Alejandro te cuenta los entresijos de semejante espectáculo, como la historia de las vigas o los avatares de la obra. Te recomiendan lugares para visitar y los mejores restaurantes en los que almorzar. No te permitas desoír sus consejos, porque puedes errar.

A veces los arrebatos de anhelada juventud me juegan malas pasadas y tengo episodios aislados en los que empiezo a proferir una lastimera lista de cursilerías y ñoñerías, de las de trastorno de personalidad del todo negable cuando se recupera la cordura. “Amorcito, potro mío, capullito de alhelí, ¿tú me quieres vida mía?”. Otrora hubiera demandado a mi amado, como si del mismísimo Romeo se tratara, una contestación del tipo “más que a mi vida, mi Julieta, cogollito de mi corazón, bomboncito de chocolate y miel. Te quiero tanto, que los minutos separado de ti me desgarran con angustia y me llevan al borde del suicidio”.

A día de hoy no necesito contestación alguna, basta con que reserve en la Finca Fuente Techada y tengamos la oportunidad de volvernos a encontrar los dos juntos, bajo el silencio cisterciense del campo, solemne y pensativo, disfrutando de la lectura, de las horas de sueño, de una conversación de más de diez minutos sin interrupción. Del rugido de nuestras tripas por el alboroto de las mariposas en los estómagos de enamorados de inicio (o por la digestión del cochinillo o el cordero ingerido).

Gracias San Valentín. Tú sí que eres una gran excusa. Sigue sin fallarme, querido.


3 Thoughts on “SAN VALENTÍN EN FUENTE TECHADA

  1. Por Dios Maria!! Que sitio tan bonito!!
    Cuanta envidia de la mala!!!!
    Q ganas de estar allí!
    El año que viene… Me llevas a mi?
    Beso

  2. Enhorabuena María!! Un beso fuerte

  3. Bueno! Cualquier excusa es buena para una escapadita de a dos!! Y el sitio es delicioso, me lo apunto!!!!

    Un besazo María

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