ÁTAME…. BY LA GRAMOLA

Yo, que hace unos años me veía velando por mi ausencia de ataduras y me vanagloriaba de predicar con el ejemplo, me veo a día de hoy con poco y nada de aquella joven. Cualquier vestigio de ella es fruto del ilusionismo barato.

Ahora mismo, ataduras, tengo lo que se dice unas pocas.

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GRAMOLA A LA HUÍDA

Resulta que mi vena artística se está encontrando poco a poco más que satisfecha. Lo que comenzó siendo un pequeño grupo de lectores incondicionales, ha ido creciendo, como yo, a un ritmo lento, pero seguro.

A mí el señor Google tiene a bien chivarme grandes secretos. Aunque en algunos casos creo que me intenta engañar (ya os contaré por qué) la mayor parte de las veces se confiesa conmigo a gritos haciéndome sabedora de lo que compruebo con enardecimiento es una gran realidad. Tengo fieles seguidores de verdad.

Esto me está llevando a tener un pequeño atasco en la Gramola, algo que no me hubiera podido imaginar jamás. Siempre os digo que la paciencia es la madre de la ciencia y os insto a que no perdáis la fe en la ciencia nunca. Jamás. Tarde o temprano llegará. De verdad, de la buena. Soy mujer de palabra y de palabras, con mucho que agradecer por Cantabria… y Galicia, Madrid, Barcelona, incluso Inglaterra o Argentina…

Pero hoy me debo a ella. En cuerpo y alma.

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UNA GRAMOLA AL CALOR DEL HOGAR

Ha tenido lugar un acontecimiento de antología. Digno de ser destacado. De esos de dimensiones extraordinarias. Mi etiqueta negra ha vuelto. Al son de la melodía del turrón del almendro, el patriarca vuelve a casa por Navidad tras un exilio laboral que ha durado apenas cuatro meses. Continue Reading →

UNA GRAMOLA COSECHA DEL 77

Hoy me vengo a confesar. Me estoy haciendo vieja. De los pies a la cabeza y pasando por mis orejas, donde ahora hasta llevo perlas. Pero no me tiembla el alma al admitirlo. Más bien todo lo contrario. Vivo en el fulgor de mi madurez, al abrigo de la sabiduría que se gana en detrimento de la lozanía.

Muchas son las señales que a diario se encargan de divulgar que me encuentro inmersa en el camino hacia la senectud.

He desarrollado una cierta obsesión por el blanco que antes no tenía. Si bien es cierto que con este color tengo sentimientos encontrados. Lo persigo con desvelo para mi ropero, con lavados a mano y a máquina, y lo rehúyo con orgullo cuando de mi cabeza se trata. He comprobado que aunque la física funciona de verdad, las cosas caen por más variables que la gravedad (la falta de tono influye). Las patas de gallo es algo que va más allá de lo que siempre creí un intermedio entre el ojo de perdíz o el príncipe de gales. Y he comprobado con evidencia empírica que la gordura disminuye considerablemente tales comisuras.

Los intangibles también revelan lo incuestionable.

Juro y perjuro que tengo mayor templanza. Un caballo con brío no tiene ni sombra ni color con uno enloquecido. Algo de capacidad de abstracción he ganado; esa que siempre me faltó y por cuya ausencia nunca veía en diédrica perspectiva. Asumo con total creencia que la paciencia es la madre de las ciencias, e intento predicarlo con mi descendencia. Y compruebo con humildad, que la vida, además del más preciado tesoro, es nuestra mayor debilidad.

Pero si tengo que decir cuál es el principal signo de que me estoy haciendo vieja es que ya me llaman para eventos conmemorativos de nuestra etapa escolar. Veinte años, ahí es “ná” .

Un día, así sin comerlo ni beberlo, te ves sumergida y abducida en un chat de antiguas alumnas cuyo nivel de actividad supera, y con creces, el de esos grupos liderados por entes ociosos capaces de estar pregonando y promocionando toda suerte o infortunio de mensajes. Creo que en nuestro caso los cientos de mensajes comúnmente inabordables en alguna ocasión llegaron a ser miles. Pero es que las historias de la Abuelita Paz dan para eso y más…

No fue suficiente ni siquiera con una noche memorable en la que disfruté del recuerdo de aquellos maravillosos años y de un presente ahora más cercano. Un presente al que miro con complacencia por ver en quien nos hemos convertido.

Tenemos de todo en el grupo, por no faltar, no falta ni una diosa mediática. La publicista más ingeniosa. Jefas de estudio con solera y empaque. Distinguidos miembros de la ONU. Golfistas de primera. Las mejores y más divertidas organizadoras de eventos. Ingenieras y economistas del Estado. Grandes abogadas, algunas de formación y otras además de profesión. Empresarias por convencimiento con niño en el pecho. Decoradoras de grandes firmas. Consultoras. Dentistas y médicas. Químicas y farmacéuticas. Financieras. Expertas nucleares (iniciadas como ingenieras industriales). Las mejores secretarias. Maestras en curar no solo el cuerpo sino el alma a través de la arteterapia. Profesoras de español en una florida nación, la de los tulipanes. Expertas en juguetes, ¡ay lo que yo daría! Y no me voy a olvidar de las amas de casa, porque de verdad que su trabajo acompasa el amor y el día a día de cada casa. Casi me atrevo a decir que es el único caso en el que su trabajo me sobrepasa. Dignas de admiración son. Sin descanso y sin sosiego. Yo con mi trabajo ligeramente lo tengo. Al menos me siento.

Y ya todas pueden decir que incluso conocen a una bloguera con doble tarea, que además, se ha cambiado el nombre. Esto no me lo van a perdonar jamás.

Con todas ellas he vivido y aprendido.

Que en esta vida una de las cosas más importantes es saludar. No hay nada mejor que ser merecedor de una cálida bienvenida. ¡Calidad y caridad emana quien así lo clama!

Que con nuestro vocabulario particular compartimos y mantenemos un rancio abolengo sin igual. Porque para quien no lo sepa o se haya entregado a los brazos de la vulgaridad, siempre se dirá jolines, jopetas o pechugas, entre otras lindezas.

Que una efectivamente tiene que cuidar muy mucho las vergonzosas y vergonzantes cosas que publica, porque te van a rastrear sin piedad. Ojo, que ni la Cía. Aunque entre mis máximas mantengo no decir nunca de este agua no beberé, haré todo lo posible por no poner nunca morritos y mucho menos permitir que me los inmortalicen. Por prescripción estilística, ni en la intimidad.

Que entre los secretos de alcoba aparece Concha Velasco como sólido icono de la maternidad y femineidad incluso más allá del puerperio.

Que en un coro puede haber tantas voces como cantantes. De las guitarras ni hablamos…

Que las lágrimas no son sólo de cocodrilo.

Que en algún momento de nuestras vidas fuimos un poco más contorsionistas. Unas nivel avanzado, otras amateur.

Que el pino voltereta, con sangre entra.

Que entonces sí se hacían manualidades de verdad. Fuimos auténticas visionarias de la tecnología con los avances previos de la pretecnología.

Que mi complejo de Electra mal resuelto está completamente fundado y compruebo, con regocijo y agrado, que mi progenitor conserva su pequeño club de fans, que incluso ha evolucionado y ahora está capitaneado por una de ellas, cuya hija ha llegado a llamarle abuelo.

Y lo más sorprendente para mí ha sido ser conocedora de esta no doble, sino triple vida mía como vendedora del Springfield, posición de la que en breve voy a promocionar hasta vendedora de saltos de cama en Woman Secret.

Queridas mías, hoy mi moneda de la gramola va por todas y cada una de nosotras. Por lo que fuimos, por lo que somos y por lo que seremos, unas grandes personas ante todo.

And we said
This has only just begun
In the end
Time forever favors the Young

Que se lo digan a la Doctora Berenguer…

MI FIESTA DE NO CUMPLEAÑOS

Creo que aunque hubiera sabido lo que me deparaba el futuro hubiera elegido el mismo camino. Por muy agoreras que fueran sus señales.

Desde mi tierna infancia como hija única (etapa que fue muy alargada en el tiempo y truncada por contratiempo o desliz mayor) siempre tuve el deseo de experimentar lo que era el amor fraternal. Ese amor que yo veía a mi alrededor, tan pasional, para bien y para mal.

Hermanos que se desgañitaban al mismo nivel que en ocasiones se pegaban. Rivalizaban con disputas convertidas en ejercicios de vehemente discusión. Los que luego supe eran los efectos del calor que caracteriza la infancia como condición.

Pero al mismo tiempo se querían. Vaya si lo hacían. Y con que predilección.

Se protegían enarbolándose como el mejor vigía que defiende incluso desde la lejanía.

Se encubren con disimulo. De callados, hasta mudos.

Admiraba y envidiaba lo que tenían. Yo para mi lo quería. No tenía entretenimiento, ni defensa ni encubrimiento. Aunque no es menos cierto que ni mucho menos añoraba el agasajo de una imprevista bofetada.

Pero a lo largo de mi vida, en ese ir y devenir de azarosos y forzosos acontecimientos, yo claramente veía que la balanza se inclinaba, así que no hacía más que pedir una hermana (o hermano), que se hizo esperar hasta casi mi emancipación.

Y fue entonces cuando vislumbré que si la naturaleza me lo permitía, a mis hijos hermanos les daría; y desde luego sin tanta tardanza, porque el asunto no era ninguna chanza. Que luego la fraternidad se convierte en una frustrada maternidad.

Dicho y hecho.

Puntualmente llegó. Mi etiqueta negra asumió y cumplió su misión. Afortunadamente compartía mi misma filosofía de vida.

Con lo que no contábamos es que nuestra sólida teoría caso omiso de las señales hacía. Daba igual que el análisis de tendencia reflejara la más inversa de las proporcionalidades entre facilidad y tino para conseguir un embarazo y la bonanza del mismo. Ni tres meses en propia cama por una amenaza de parto prematuro con la segunda podrían rebajar nuestras ansias de procrear. Porque aun cuando el profesional de turno te verbaliza recalcadamente que los antecedentes marcan pero no se puede determinar nada a ciencia exacta, una se agarra a un clavo ardiendo y por una única y exclusiva vez se queda con la letra pequeña del contrato materializada en la esperanzadora frase: “aunque puede ser que no se repita, en estas cosas nunca hay nada seguro”.

Desafiando a las leyes estadísticas y queriéndome coronar como uno de los múltiples acontecimientos extraños que a veces ocurren en nuestra espuria realidad, el tercero llegó, casi tan solo mirando un pantalón. Pero ay amigos lo que le costó quedarse y afianzarse.

Me voy a ahorrar la enojosa sintomatología que durante meses me acompañó. Solo al recordarla me sobreviene la mayor desazón. Esa que desde luego nunca entenderán los que con ignorante alevosía sueltan con total e inmerecida impunidad: “estás embarazada, no enferma”.

Hay para quien la imprudencia es casi una ciencia.

Lo que mal empezó, luego se complicó. Parece ser que mi cuerpo va por delante de mi mente en lo que ansias de maternidad se refiere. Llegada la semana veinte y poco me convierto en una bomba de relojería, que quiere expulsar hijos con ligereza y no precisamente alegría. No se sabe ni por qué, ni cómo. Y lo peor de todo, que encima, no lo noto.

Así que en una simple revisión me raptaron sin remisión.

No son los dos meses que estuve postrada en una cama mirando al techo, con la simple resignación de que ser una incubadora era mi única opción. Ni el inexistente movimiento que sin masa muscular me dejó. Ni la medicación que me daban, que en un ahogo me tenía fruto de las taquicardias que me producía. No era mi pérdida de autonomía ni una soledad que era de todo menos distinguida. Era que yo tenía dos hijas y estaban privadas de mi compañía. Y que al dolor y pesar que sentía se unía el miedo que constantemente me perseguía por no saber si mi tercero sobreviviría.

Vi mis fuerzas, que son muchas, flaquear sin rumbo tantas veces como luego me sobreponía; porque afortunadamente a mi etiqueta negra tenía.

El que de las niñas y de mi se ocupaba, además de saldar con éxito su laboral jornada. Y en un sin vivir estaba, pero con dignidad lo llevaba. Con cariño y mimo me trataba transmitiéndome con cada palabra que la traba sería superada.

Y así fue.

Ni una mortal septicemia pudo al final conmigo ni con mi hijo.

En absoluto me importó tener un lento proceso de recuperación. Eso ni por asomo impidió que me proclamara feliz ganadora, diva indeleble, inalterable y fatal de la maternidad, la que el destino y el aura divina parece me dejarían seguir desde la primera fila.

Volví con mis hijas, que experimentaron al verme una emoción que literalmente las dejó sin respiración. Y aún a día de hoy lloro al recordar como a mi mayor le costaba respirar cuando se me abrazó y sin apenas aliento me preguntó si iba a quedarme a cenar.

El 9 de noviembre nació mi hijo menor y una nueva madre por devoción.

Y por muy cansada, desesperada o desquiciada que esté doy gracias a la vida por tan preciado regalo, el que celebro cada 9 de noviembre, un tardío día de septiembre y un iluminado a mediados de mayo, en mi fiesta de no cumpleaños. Porque sin ser Alicia, lo que ahora tengo es una auténtica delicia.

Sólo un deseo pido. Que las luchas intestinas que en la infancia dominan, dejen paso a una no pixelada hermandad duradera de verdad.

FIESTA NO CUMPLEAÑOS

PRIMERA GRAMOLA TRANSATLÁNTICA

A la mujer, con o sin lazos, se la conoce por sus zapatos.

Aquí, y al otro lado del océano…

Un par de Converse rosas dicen lo que antes de su aparición predije, que una alma estilosa sería, la que descubrí un veraniego día.

Fotografía tomada por Constanza @c_ddll

Fotografía tomada por Constanza @c_ddll

Ese día, querida mía, en el que tu helado de dulce de leche me cautivó por visión, que no por degustación. Reitero mi poca predilección por tan dulce sabor.

No sólo era un helado que venía directo de Argentina, sino que aparecía entre fotos divinas, las que bajo los #hashtags de HelloCreatividad van a hacer Instagram estallar.

Y tú, entre todas las followers, eres de las de gran mérito, porque la climatología de diferentes hemisferios te obliga a desarrollar un gran ingenio.

Porque te gusta tomar el té con medias lunas y levantar los pies hasta la luna.

Porque te gustan las velas que dejan rico aroma y estela.

Y despeinada vives feliz, con gran filosofía de vida que alegra tu rutina.

El aroma a perfume y flores no enmascara el que también a bebés y galletas emanas.

Jugando al “tatetí” estarías, desde un desayuno slow hasta el siguiente día, cuando una ducha de invierno refrescaría lo que aquí más bien nos acaloraría.

A veces una selva negra te pides y no te importa servirla en platos infantiles. Otras veces incondicional del bizcocho eres para disfrutar con las amigas más fieles.

Adoras las estaciones de trenes, de esos que suben y suben y te llevan hasta las nubes.

Y como te encantan las sorpresas (incluso las de artistas que paredes pintan) hoy he querido agradecerte lo que creativamente te mereces.

Instagram es una gran fuente de descubrimientos…

Hoy mi moneda de la gramola cruza por primera vez el Atlántico y va por ti, querida Constanza, porque lo tuyo es constancia!

Me llamas desde la oscuridad (un gran océano que nos separa) y me sacas a la luz….

…. You called me out from the dark, and brought me into the light….

 

¡Gracias siempre, por estar ahí!

 

UNA ILUSTRE GRAMOLA

No suelo meter dos entradas seguidas de La Gramola, pero creo que la ocasión lo merece.

Hace ya un año y pico, leyendo uno de los blogs más mediáticos entre cualquier grupo de madres que se precie, descubrí el que puedo asegurar es para mí uno de los mejores blogs que he leído nunca y me aventuro a predecir que pocos le harán sombra.

Recuerdo ese verano en mi querida ciénaga. En mi memoria sigue intacta una de esas caniculares siestas que nos procura mi amada tierra y en las que ya no sabes ni qué postura adoptar para ventilar. Un momento de esos de inolvidable bochorno en el que ella entró por mi ventana como una brisa fresca dispuesta a apaciguar los acaloramientos que por número de hijos a mí también me acompañaban. Era la brisa fresca que salía cuando abrí su nevera

Nunca imaginé cuando sobre su enlacé pinché que tanta dicha (y adicción) me traería.

Aunque sin venia, en su espacio me colé y ahí bien amarradita me quedé.

No es su ironía, ni su sarcasmo; ni su sinceridad, ni donosura; ni sus exquisitas dotes literarias que convierten a una ingeniera de cualificación, contadora de profesión, lectora por religión y madre por devoción, en una diosa del olimpo de la madresfera.

Ni tan siquiera son sus cinco rubias de porte alemán, ni las aventuras y desventuras que le hacen pasar. Ni el Padre Tigre que tanto le incita a desahogar.

No es esa bucólica e instagrameable granja en la que vive, donde la versatilidad es el principio de la felicidad.

Es toda ella en sí misma, porque no hay otra igual.

Y cuando me las prometía felices porque cada día que pasaba de mi dulce espera era uno menos para que el ansiado post llegara, una noticia me pulverizó y hecha añicos me dejó. Llegó el nunca imaginado luctuoso día en que nos comunicaría que nos abandonaría. Así, sin previo aviso ni atisbo de intuición.

No entro en razones que son de corazones, pero desde ese día ya nada es lo mismo, ni es igual. Me afloran arroyos de lágrimas por lo que la voy a extrañar ¿Quién va ahora a verbalizar mi mismo penar y disfrutar?

No quería dejar pasar una moneda especial para una ilustre del “ciberlugar”.

Porque como dice la canción,

Yo iba siguiendo la multitud …. Y miré a todos lados y allí ibas tú…

Esta moneda hoy va por ti, Madre Tigre! Mis mejores deseos para toda la Familia Tigre!

Siempre tuya…

GRAMOLA CON “E”

Hoy me hago eco de un pasado hollywoodiense al más puro estilo Sofía Petrillo, madre de Dorothy en la ochentera serie las “chicas de oro”. Sicilia, 1940… parece que fue ayer, pero fue casi entonces, el año en el que me llevé la primera en la frente al terminar estudiando una carrera que había perjurado no hacer. Una carrera universitaria que no sólo marcó mi actual profesión, sino mi condición, la de argentina consorte madre de familia numerosa.

Como si de un silogismo se tratara o tratase, la primera proposición alude a mi categoría de alumna a la par que compañera y amiga; la segunda a la amplitud de los círculos de amistad de mis propios círculos y la tercera de cómo yo entablé amistad con los círculos que eran de las de mi círculo. Dicho de otra forma, los amigos de mis amigas son mis amigos… y al menos uno más que amigo, puesto que es mi marido.

Pero antes de llevarme la segunda en la frente, convirtiéndome por despose en argentina consorte, tuve unos años de soltería que igualmente han quedado para siempre marcados en mi memoria.

Portugal, Marbella e Ibiza, por este orden, culminaron una etapa de exacerbada exaltación de la amistad, en la que tres amigas del montón estrecharon lazos a base de rayo cósmico y surrealismo supino. Y doy gracias a la vida no sólo por aquel año, del que solo hablaré en presencia de mi abogado, sino por las semejantes a las que me arrimó, que a día de hoy continúan teniendo un lugar privilegiado en mi corazón.

Dos son ellas, para mí las más bellas, no sólo de frente y de espaldas, sino de alma. Mi e-Alma, porque ambas dos comparten la inicial de su nombre angelical. Eva y Elena son, y por siempre serán, estandarte de amistad.

La una por guapa, diligente y espabilada, que renació de la noche a la mañana el día que del caballo se cayó y no precisamente sentadita se quedó, sino que se pegó un tantarantán en la cabeza que casi la deja tiesa. Y dicen las viejas que de un golpe en la cabeza o te quedas tonta o ganas listeza. Con ambiciones por montera, terminó siendo una estrella en el olimpo de la inteligencia, que a día de hoy sólo le falta encontrar una órbita con un planeta estable en torno al que girar.

La otra por ser tan alta y guapa como cariñosa y despistada. Agradecida toda la vida estaré que por su tímida compañía decidió llevarme de carabina hacia el viaje de mi vida. No importa cuántas vueltas perdida con ella des, ni que no la veas en todo un mes, ni tan siquiera que la intentes llamar y jamás la puedas localizar, lo que importa de verdad, y nadie me lo podrá negar, es que es una mujer de bandera, con flexibles posaderas capaces de alumbrar tres criaturas de notable envergadura como si de uno de sus despistes se tratara… hala, dos empujones y listo. Ahí van cuatro kilos y pico.

Y mis dos amigas de verdad, son divertidas como las que más, con las que me río y carcajeo todo un día entero. Sólo los astros sabrán cuándo nos dejarán volver a disfrutar de una jarana de verdad. De esas que al recordar solo puedo considerar que NUNCA malgasté mi tiempo formando parte de este gran terceto.

Hoy mi moneda de la gramola va por vosotras, porque me siento afortunada de teneros y quereros como os quiero.

YOU & I

Tras mi cenagoso a la par que maravilloso estío, recupero mi actividad blogueril en una fecha especialmente significativa. Un 31 de agosto, hace ocho años, los estrechos lazos que mantenía con Argentina pasaron de oficiosos a oficiales. Lo que venía siendo bonito, pasó a ser mejor ese día y en días sucesivos.

Huyendo del tedio que puede llegar a suponer para mis escasos lectores la descripción de los embriagadores sentimientos que le profeso a mi querido “etiqueta negra” , esta canción me ha parecido una bonita manera de recordar no sólo nuestro enlace, sino nuestra historia, nutriente continuo de la historia Entre Madrid y Buenos Aires.

Hoy no es viernes con cocktail & canción, pero aun así, esta canción va por ti, mi especial complemento de vida y alma… nuevos rumbos nos esperan, sin duda mejores!

 

UN VIERNES CON COCKTAIL&CANCIÓN DE SORPRENDENTES DESCUBRIMIENTOS

La infancia es una de las etapas de la vida en la que más descubrimientos hacemos. Descubrimos nuevos sabores, nuevas texturas, nuevas palabras, nuevas emociones… cualquier novedad nos va nutriendo por dentro y por fuera. Es el punto de partida de la larga, y tan pronto sinuosa como “maraBillosa”, carrera del aprendizaje por descubrimiento.

Como si aún fuera una niña (soy tan sólo una jovenzuela) con ella sigo aprendiendo por descubrimientos, que no cesan de provocar en mí la mayor de las sorpresas. Todos los días cuando abro su blog estoy expectante por saber con qué “maraBilla” me sorprenderá.

Porque así es ella, Ara, cuerpo y alma del blog Lila&Cloe y una mente apasionadamente curiosa, que sin creerse talentosa no puede rebosar mayor genialidad. La misma con la que estas frases presiden y presentan su increíble a la par que bonito espacio, en el que ha definido el nuevo concepto de “maraBilla” bajo la perspectiva de un alma creativa con un estilo que me fascina y cautiva.

Tan pronto te descubre restaurantes “maraBillosos”, música de lo más especial para cualquier oído, vídeos increíbles de gente “maraBillosa”, complementos o moda con un estilo como no es posible más, delicatessens donde las haya, proyectos “maraBillosos”, decoraciones o diseños increíbles y un sinfín de curiosidades más que una vez descubiertas te das cuenta que aunque puedas vivir sin ellas, no vas a quererlo hacer.

lilandcloe

 

Así que hoy, “maraBillosa” Ara, mi cocktail&canción de hoy viernes van por ti, querida. Para que tu capacidad de sorprendenderme siga intacta y tienda a infinito como hasta ahora. No nos prives de tu espacio, que enriquece la blogosfera con cosas “maraBillosas”.

¡Brindo con una elegante y sofisticada, como tú, copa de Martini!

martini

¡Sólo tú sabes ser así de única!