2017 TIENDE SU MANO

Finalizada la fiebre de las fiestas, me doy cuenta de que sobrevivir a ellas es más fácil de lo que pensaba. No hace falta recurrir a las teorías sobre mecánica de fluidos para tener a mano un caudal de soluciones, tan sólo basta con llevar a la práctica el intimista ejercicio de la desconexión.

No es que esté sufriendo de aridez imaginativa, que también, es que desde que duermo a pierna suelta y me doy, con adicción, a la ficción de las series y al punto, abrazo con menos frecuencia la locura y dejo que la serenidad invada no solo mi cama sino mi cuerpo. Y no sé qué es más peligroso, si terminar atropellada por los conatos de hiperactividad que se tienen por la falta de sueño y el exceso de revoluciones, o lanzarme a bomba a un manantial de calma en el que me dé por ponerme de un místico que ni hable. Ni escriba. Continue Reading →

LEEMOS UN RATO, CON EL GATO GARABATO

Lo de fomentar la lectura entre mis tres vástagos no es tan romántico como yo pensaba. En ninguna de sus vertientes de fomento. Ni la de predicar con el ejemplo, ni la de hacerlo con ellos.

Como buena madre de manual, siempre tendí a idealizar esos momentos. El de leer con ellos, además, lo había asumido como mágico, lleno de paz y armonía, donde el objetivo del incentivo lector se vería acompañado por la posibilidad de compartir momentos únicos  con nuestros hijos; estrechando lazos y abrazos.

Pero tengo tres hijos que a la hora de irse a la cama se alzan como partisanos de la lucha por su derecho a seguir despiertos, viviendo la vida hasta el límite. En esta contienda se apoyan mutuamente. Sin fisuras. Se comprenden y solidarizan ante la penosa sensación que les invade cuando identifican el cuento como el devastador preludio del sueño. El cuento es para ellos el pistoletazo de salida para meternos en harina. De fuerza. De la que mezclada con masa madre sube como la espuma. Continue Reading →

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

Deseos, sueños e ilusiones no me faltan (y que no me falten). Ya decía Gabriel García Márquez que la ilusión no se come, pero alimenta. Júbilo el mío cuando caigo en la cuenta de que no es que esté bien alimentada, es que estoy tremendamente ilusionada… Y es que así ando últimamente por esto que llaman vida, henchida de ilusión y satisfacción por estar cumpliendo un sueño aplazado la friolera de siete años. Y medio, para ser exactos.

He fantaseado tanto con este momento que tengo serias dudas de que sea una historia real o una fábula pasajera de mi rasgo de plañidera quejicosa que quiere cambiar el motivo de la queja por uno menos trillado.

No más atmósfera de misterio, estaréis clamando. Continue Reading →

SEÑALES

Tengo el ánimo por las nubes. Me falta poco y nada para hacer de mi pasión de madre mi traje de baño del verano. Ese que me cuesta desenfundarme por tener la fortuna de estar todo el día metida de lleno en mi ciénaga pantanosa particular.

Yo que pensaba que con los avatares viscerales de mi hijo había entrado en un agujero negro de los de dimensiones astronómicas y sin salida, resulta que existe un atisbo de posibilidad de que el prodigio de mi criatura me arranque los hábitos de madre catastrofista que lo quiere coronar como una anomalía de la infancia. Puede que de esta no salga tan mal parada como todos los indicios nos hacían presagiar. Continue Reading →

EL AMOR TIENE DOS CARAS

Siento que a veces el romanticismo me desborda. El amor me devora con apetito primigenio; me arroba los sentidos a toneladas y me deja turulata. Siento que a veces me cuesta salir indemne de mi espíritu hollywoodiense. Y siento que esto es lo que tradicionalmente mi abuela parafrasea diciendo “qué tendrá el que se enamora que poco a poco se vuelve idiota y no lo nota”.

Yo, como Bárbara Streisand en la película “El amor tiene dos caras”, sigo conservando mi ingenuidad casi intacta y suelo picar el anzuelo de la ilusión con emoción y devoción. Me dejo hipnotizar por Eros como si de un gran prestidigitador se tratara. Es más, casi se puede decir que lo llamo a gritos, como a la suerte, para que campe a sus anchas por mi interior más afable y se arrellane en la blandura de mi corazón. Continue Reading →

UNA MADRE VENIDA A MENOS

Imagino que si quisiera preservar una imagen de madre sin mácula no escribiría un blog. No me prestaría a contar mis cuitas por muy poderosas que fueran mis inconfesables razones para escribirlo. Me dedicaría a las actividades de prestigio maternal con un silencio monástico tan solo roto por los gritos que se adivinarían desde la antesala de mi armonioso hogar. Porque toda buena madre que se precie está aquejada de tanto amor como histeria. Lo sufra en silencio o lo publique a los cuatro vientos. Continue Reading →

DE LA INSPIRACIÓN A LA ESPIRACIÓN

No hace falta entender la inspiración como algo sobrenatural que azarosamente nos ilumina. No hace falta hacerlo cuando nos roza de cerca. Y no sé a vosotros, pero a mí me abraza cada día. Fuertemente. A cada costado que miro.

Me giro a un lado y tengo en mi mediana la encarnación más viva de la inspiración. Un corazón capaz de sentir con tanta intensidad, incluso lo incierto, que hace temblar los cimientos de la cordura.

El movimiento de su platina melena al viento, su seductora caída de ojos, la sonrisa engatusadora y unos movimientos pausados y medidos hasta la exageración, no pueden enmascarar la artista que lleva dentro. Tiene sobradas cualidades para interpretar a la más desdichada Vivien Leigh o a la más inocentona Doris Day en sus encasillados papeles de rubia coqueta, dinámica y pizpireta cantando sin parar. El último hit de mi estrella particular, que ha llegado incluso a las aulas, es el ideado por su padre como “leitmotiv” para seguir haciendo de mi pequeño un gran hombre: “en el Caribe, ya no hay bibe”. Con soniquete, es una frase muy pegadiza y estimulante. Os lo garantizo. Y ella la voz más sobresaliente de mi terceto. En calidad, alguna que otra duda me asalta; en intensidad, ninguna.

Luego resulta que tan magno “artisteo” de mi descendencia es herencia genética de mi espíritu hollywoodiense… pero en fin… Continue Reading →

EL TIEMPO PASA

El tiempo pasa. Se nos escapa. No hay que enfocar los recuerdos a las profundidades del tiempo para darnos cuenta. A veces pasa por nuestra vida coqueteando con alegría y nos recibe no sólo con afables apretones de manos, sino con tiernos besos y abrazos. Otras veces llega turbulento, dotado de una descarada cualidad para fastidiar. Viene dispuesto a abalanzarse sobre nuestro pescuezo y hacernos sentir frágiles y modestos.

Pero estoy dispuesta a hacerle frente. Si hay que batirse, lo hago ¡Menudo desvergonzado!

Y es que el tiempo no sabe con quién se ha topado. Soy un alma de diablesa revestida de seda; una auténtica bruja lista para escribir mi conjuro, porque a santo de qué tanto apuro.

Me quiere alguien explicar por qué el tiempo se empeña en pasar llevándose a mis hijos sin rechistar.

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UNA SERIE DE CATASTRÓFICAS DESDICHAS

Ciertos rastros de divina juventud encuentro en mi sempiterna alma. A pesar de hacerme cada día un poco más vieja, algo que acepto con sencillez y piedad, en ocasiones me veo envuelta en una maraña en la que sólo la inconsciencia de la juventud te puede atrapar. Es la única explicación plausible que encuentro. Eso, o ya me voy apeando del burro de férrea detractora de la saga “Grey” y asumo que tengo más de masoquista de lo que me gustaría llegar a admitir jamás.

Una, creyéndose en la plenitud de su mocedad, sucumbe a las sugerencias de su etiqueta negra de ir a verle a otro país. Con mar de por medio. Nada más y nada menos. Sola. Con los tres niños. En avión. Con el pánico a volar que yo tengo. Sólo en mi contra diré que no era Argentina. En lugar de 12.000 km eran solo 1.700. Una nimiedad en términos relativos, está claro, cristalino. No sé de qué me quejo.

Te ponen en bandeja cuatro billetes de avión para ir a Londres en la temporada Navideña. Además te llevan las maletas dos semanas antes. A ver quién es el guapo que dice que no. Total, sólo tengo que ir con una mochila y tres niños, ¿qué podría llegar a pasar?

TAXI LONDINENSE

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LA HERENCIA

Para vuestra sorpresa e hilaridad, la inteligencia se hereda. Y más aún, para amargura de mi etiqueta negra e incluso imagino para la de su santo padre, se hereda de la madre.

Este fue el principal mensaje con el que me quedé tras semanas poco fructíferas de asistencia a un curso de preparación al parto en mi primer e ingenuo embarazo. En los dos siguientes, además de por razones que obedecen a mi imposibilidad física por cautiverio residencial y hospitalario, y consciente de que ya era sabedora de la única gran verdad que me transmitieron, no fui a ninguno.

Es más que probable que la teoría disguste no a unos, sino a muchos, pero es nuestra inherente realidad. Hace años un científico estadounidense llamado Robert Lehrke postuló que la inteligencia de las personas está relacionada con el gen X (el de la mujer). Por otra parte, y más recientemente los doctores alemanes Horst Hameister y UlrichZechner enunciaban la teoría sobre la relación que existe entre los genes X y la memoria y las terminaciones nerviosas del cerebro. Parece ser que las mujeres somos responsables de la inteligencia de los humanos incluso a través de la selección que hacemos del varón, primando la inteligencia frente a la belleza e iniciando un mecanismo de selección natural. En este punto es donde el patriarca de mi hogar debe sacar pecho y cambiar su siempre impávida expresión por una de júbilo casi artístico. Desde luego no es moco de pavo estar a la altura de mi elección. Casi escucho los gritos y alaridos de emoción.

Dicho esto, resulta eminentemente incuestionable el alarde propagandístico que vengo a hacer de mi prole. Son listos a rabiar. Y guapas y guapo como su padre, no lo voy a negar.

Son genios en todos y cada uno de los campos que tocan. Consecuencia irrefutable de ser un epígono, que no un epílogo.

Si por materias he de analizar, el álgebra la tienen completamente dominada, cada uno en su nivel.

La mayor ya suma y resta con digna destreza, manejando con soltura el concepto de decenas. Tan interiorizado lo tiene que incluso cuenta por grupos de diez las monedas con las que el Ratón Pérez le obsequia por sus caninos. El valor no importa, el tamaño y la cantidad sí.

La mediana tiene centrados sus esfuerzos en los números ordinales, presiento que motivada tanto por su posición como por su pausada condición.

El último se encuentra inmerso en esa lucha interior por discernir entre muchos y pocos. La criatura tiene completamente asimilado el concepto “mucho”, puesto que todo, absolutamente todo, es suyo. Entiendo que se le antoje difícil distinguir que en ocasiones es poco. No me preocupa. No es una cuestión de inteligencia, sino de terne voluntad.

En dialéctica, matrícula de honor ostentan. Diría que es casi la mayor muestra de su extraordinaria y heredada inteligencia.

Su dominio absoluto del lenguaje verbal y corporal me convierte en una rival fácil de desarmar. Por no mencionar su gran especialidad, la de inventar. También noble herencia de su madre. Pero esta inusitada cualidad no viene de la mano del azar o la ventura, sino de la cordura y el fundamento. Sólidos son los argumentos.

¿Acaso no es un pavo una persona sosa o incauta y por lo tanto el que está “apavardao” es el que tiene cualidad y calidad de pavo?

¿O alguien duda de que el prefijo “des-“ denota negación o inversión del significado de la palabra simple a la que va antepuesta y por ese simple y llano motivo la expresión opuesta de “me arrimas” sería “me desarrimas”?

Yo desde luego, ni osadía ni atrevimiento. Para mí es todo un descubrimiento.

El mismo que hoy os he venido a contar y por el que agradecidos todos hemos de estar con nuestros ancestros femeninos.

Y aun así, la RAE nos persigue

¡Qué desasosiego!

niño sabio

Fotografía sacada de Avance Mundial