Mi marido es un auténtico “etiqueta negra” a todos los niveles. El primero, y más importante, como persona. Es bueno de verdad; y aunque siempre en esta frase el verbo ser y estar son completamente equivalentes a mis enamorados ojos y encandilada alma, en este caso particular me refiero exclusivamente a su calidad bondadosa. Os iré descubriendo poco a poco el surco que ha ido labrando aquí mi amigo para ganarse tan honroso calificativo, no sólo a mi parecer, sino al de todos los que le rodean (que espero así siga, sin tener que retractarme de mi opinión… ).

El segundo nivel de negrura atañe a sus exquisitos gustos, que además de alcanzar su más clara manifestación en la elección de mi ente personal y mi masa corporal, se traduce en un distinguido paladar que le lleva a seleccionar los mejores y más sabrosos manjares terrenales. Y en esas que va y me los muestra; como es el caso de lo que nosotros comúnmente denominamos bollería y argentinamente hablando se identifica como facturas. Leer más →