LA ERA DE LOS AUTÓMATAS

Alcanzo a intuir, no sé si a ver, un futuro no muy lejano en el que incluso mi espíritu hollywoodiense termina desbordado por el cariz de ficción que va cobrando la realidad. Robots con funcionalidades y apariencia humanas, carreteras interestelares, transporte público aéreo, conexión entre planetas, viajes a través de la dimensión espacio-tiempo, etc. Incluso a raíz de las últimas noticias no me parece nada descabellado pensar que acabaremos alimentándonos a base de combinados de pastillitas de colores para identificar las que son de proteínas, cuáles las de hidratos, o las de vitaminas. A ver cómo diseñan las de los nervios para no mezclarlas o pasarte de dosis… Por no mencionar que los científicos ya andan comentando que el futuro son los insectos, la mayor fuente de proteínas capaz de sobrevivir a nuestra propia extinción. Según la OMS, no nos va a quedar ni el consuelo de un buen pedazo de carne o un buen jamón pata negra. Y eso, para un argentino de pro y una extremeña de corazón, es la más apocalíptica de las realidades.

Más allá de cómo se resuelva la problemática de la ingesta, sí me resulta muy cercano imaginarme un robótico futuro, máxime cuando a veces creo que me estoy convirtiendo en uno de ellos.

Cada mañana me levanto a la misma hora.

Toca aseo personal.

Casi me pongo la misma ropa.

Disfruto de mi dulce ensimismamiento.

Para luego dar paso a la persecución que sobre mi psique ejercen los rituales de amanecer en los que afloran los deseos de ver a mis hijos crecer. Anhelo que rápidamente se disipa con tan sólo imaginar un resquicio de pubertad. Pero centrándome en mi presente más real, lo de aviar a tres es un entrenamiento al más puro estilo ironwoman que mis escasas ambiciones corporales no tienen intención de mantener.

Tan estanco y mañanero patrón cierra ciclo cuando mi progenitor me llama todos los días lanzándome la misma pregunta ¿cómo han dormido hoy? (Mis hijos). A lo que sistemáticamente obtiene la misma respuesta: “como siempre”. Es decir, poco y mal.

Parece una rutina que incorpora buena mezcla entre la película de Bill Murray (Atrapado en el tiempo) en la que todos los días el protagonista se despierta en el día de la marmota, o la mismísima Yo Robot.

Cuando mis automatizadas rutinas estaban más que interiorizadas, estandarizadas y óptimamente funcionaban, llega un imprevisto que sólo una mente humana, inteligente donde las haya, puede solventar.

El olvido de unas llaves modifica la manera de actuar. O al menos así debería resultar en el ámbito de la humanidad. Pero mi vena androide se exhibe incluso más allá de lo que atisbo es mi desnutrida voluntad.

Asumo con clarividencia que la ruta escolar automatizada debe ser modificada. No hay problema, se varía el orden de los destinos buscando la readaptación como mejor opción. La primera pareja es entregada. Sin embargo, el inusual silencio del menor no me avisa de que el cambio sigue en vigor, así que cuando el automatismo de pisar el acelerador me lleva a aparcar y mirar por el retrovisor, me doy cuenta, con estupor, que el tercero se me olvidó.

Y encima va y me sonríe. Con todo su amor.

¡Hijo mío, por favor! ¡Te esperaban en la guardería y yo te tenía en mi oficina!

¿Y si os digo que después de ese día en tres ocasiones entré en el parking de la guardería reaccionando tarde al darme cuenta que él ya no estaría?

Esto de vivir entre dos aguas termina conmigo…. No sé por qué condición prefiero hacer mi elección…. Si ser una humana desorganizada o una autómata desquiciada.

automata

 

PRIMERA GRAMOLA TRANSATLÁNTICA

A la mujer, con o sin lazos, se la conoce por sus zapatos.

Aquí, y al otro lado del océano…

Un par de Converse rosas dicen lo que antes de su aparición predije, que una alma estilosa sería, la que descubrí un veraniego día.

Fotografía tomada por Constanza @c_ddll

Fotografía tomada por Constanza @c_ddll

Ese día, querida mía, en el que tu helado de dulce de leche me cautivó por visión, que no por degustación. Reitero mi poca predilección por tan dulce sabor.

No sólo era un helado que venía directo de Argentina, sino que aparecía entre fotos divinas, las que bajo los #hashtags de HelloCreatividad van a hacer Instagram estallar.

Y tú, entre todas las followers, eres de las de gran mérito, porque la climatología de diferentes hemisferios te obliga a desarrollar un gran ingenio.

Porque te gusta tomar el té con medias lunas y levantar los pies hasta la luna.

Porque te gustan las velas que dejan rico aroma y estela.

Y despeinada vives feliz, con gran filosofía de vida que alegra tu rutina.

El aroma a perfume y flores no enmascara el que también a bebés y galletas emanas.

Jugando al “tatetí” estarías, desde un desayuno slow hasta el siguiente día, cuando una ducha de invierno refrescaría lo que aquí más bien nos acaloraría.

A veces una selva negra te pides y no te importa servirla en platos infantiles. Otras veces incondicional del bizcocho eres para disfrutar con las amigas más fieles.

Adoras las estaciones de trenes, de esos que suben y suben y te llevan hasta las nubes.

Y como te encantan las sorpresas (incluso las de artistas que paredes pintan) hoy he querido agradecerte lo que creativamente te mereces.

Instagram es una gran fuente de descubrimientos…

Hoy mi moneda de la gramola cruza por primera vez el Atlántico y va por ti, querida Constanza, porque lo tuyo es constancia!

Me llamas desde la oscuridad (un gran océano que nos separa) y me sacas a la luz….

…. You called me out from the dark, and brought me into the light….

 

¡Gracias siempre, por estar ahí!

 

PUNTUALIDAD BRITÁNICA

Hay cualidades que considero virtudes, entre otras cosas por lo que en ocasiones cuesta conseguirlas.

Aquí subrayo la puntualidad. Porque lo de llegar con cuidado y diligencia a la hora convenida no es una tarea baladí. Costar, cuesta. Es lo que tiene moverme a paso de tortuga o con el freno de mano puesto.

Aun así una no cesa en su empeño por conseguir ser una virtuosa. Me tacharán de todo, hasta de impuntual, pero desde luego, no de no haberlo intentado.

Siendo yo una impuntual mocita, escrupulosamente a tiempo llegó a mi vida el padre de las criaturas. Ese en el que la puntualidad no es sino otra negra cualidad más en su etiquetado.

Tras unos cuantos años de noviazgo mi etiqueta negra, además de puntual, demostró ser paciente. Si bien es cierto que en los albores de nuestra relación, el delirio y el frenesí mitigaban la espera.

Pero una crece y sospecho que también madura. Rectifica errores, no sé si por maduración o por educación, la que sutilmente, con cortesía y urbanidad, con embudo me ha impartido el patriarca en mi hogar.

No sé a otros, pero a mí lo de los paseos en la puerta con el abrigo puesto, pasar de jugar con las llaves a abrir el cerrojo, u osar incluso abrir las puertas de mi humilde morada dejándola expuesta a merced de la curiosidad de los vecinos estando yo aún en paños menores, como aquel que dice, me parece que presión es poco.

Y si además resulta que los niños están con los abrigos sin poner, los zapatos aún sin abrochar, o las mudas de repuesto ante calamidades por micción sin guardar, ni siquiera ilustres de la talla de Boyle-Mariotte o Pascal son capaces de recoger en sus fórmulas variables explicativas de una explosión por presión semejante.

Ni la física, ni la biología fallan. Que se lo digan a Darwin y que me lo digan a mí que sufro cómo la genética y la selección natural han convertido a mi hijo pequeño en emblema de puntualidad.

No me queda más que clamar que siendo carne de propia carne no hay más remedio que aguantar, así con argentina dignidad. Y cuando de nuevo al patriarca le vuelva a tocar ocuparse del mañanero ritual sufriendo la presión de tan británica puntualidad, me rememore con comprensión cuando los hechos vayan más allá de una mera percepción. No es solo un pedo no….

El niño además, de “con-dón”, es un cagón. Y con exactitud y regularidad suelta su vientre al pañal en ese preciso instante en que te tienes que marchar. Ni el sonido de unas llaves impedirá que la criatura se comporte así de natural. No por nada, sino porque su naturaleza es puntual. Como la de su padre.

Reloj

UNA ILUSTRE GRAMOLA

No suelo meter dos entradas seguidas de La Gramola, pero creo que la ocasión lo merece.

Hace ya un año y pico, leyendo uno de los blogs más mediáticos entre cualquier grupo de madres que se precie, descubrí el que puedo asegurar es para mí uno de los mejores blogs que he leído nunca y me aventuro a predecir que pocos le harán sombra.

Recuerdo ese verano en mi querida ciénaga. En mi memoria sigue intacta una de esas caniculares siestas que nos procura mi amada tierra y en las que ya no sabes ni qué postura adoptar para ventilar. Un momento de esos de inolvidable bochorno en el que ella entró por mi ventana como una brisa fresca dispuesta a apaciguar los acaloramientos que por número de hijos a mí también me acompañaban. Era la brisa fresca que salía cuando abrí su nevera

Nunca imaginé cuando sobre su enlacé pinché que tanta dicha (y adicción) me traería.

Aunque sin venia, en su espacio me colé y ahí bien amarradita me quedé.

No es su ironía, ni su sarcasmo; ni su sinceridad, ni donosura; ni sus exquisitas dotes literarias que convierten a una ingeniera de cualificación, contadora de profesión, lectora por religión y madre por devoción, en una diosa del olimpo de la madresfera.

Ni tan siquiera son sus cinco rubias de porte alemán, ni las aventuras y desventuras que le hacen pasar. Ni el Padre Tigre que tanto le incita a desahogar.

No es esa bucólica e instagrameable granja en la que vive, donde la versatilidad es el principio de la felicidad.

Es toda ella en sí misma, porque no hay otra igual.

Y cuando me las prometía felices porque cada día que pasaba de mi dulce espera era uno menos para que el ansiado post llegara, una noticia me pulverizó y hecha añicos me dejó. Llegó el nunca imaginado luctuoso día en que nos comunicaría que nos abandonaría. Así, sin previo aviso ni atisbo de intuición.

No entro en razones que son de corazones, pero desde ese día ya nada es lo mismo, ni es igual. Me afloran arroyos de lágrimas por lo que la voy a extrañar ¿Quién va ahora a verbalizar mi mismo penar y disfrutar?

No quería dejar pasar una moneda especial para una ilustre del “ciberlugar”.

Porque como dice la canción,

Yo iba siguiendo la multitud …. Y miré a todos lados y allí ibas tú…

Esta moneda hoy va por ti, Madre Tigre! Mis mejores deseos para toda la Familia Tigre!

Siempre tuya…

GRAMOLA CON “E”

Hoy me hago eco de un pasado hollywoodiense al más puro estilo Sofía Petrillo, madre de Dorothy en la ochentera serie las “chicas de oro”. Sicilia, 1940… parece que fue ayer, pero fue casi entonces, el año en el que me llevé la primera en la frente al terminar estudiando una carrera que había perjurado no hacer. Una carrera universitaria que no sólo marcó mi actual profesión, sino mi condición, la de argentina consorte madre de familia numerosa.

Como si de un silogismo se tratara o tratase, la primera proposición alude a mi categoría de alumna a la par que compañera y amiga; la segunda a la amplitud de los círculos de amistad de mis propios círculos y la tercera de cómo yo entablé amistad con los círculos que eran de las de mi círculo. Dicho de otra forma, los amigos de mis amigas son mis amigos… y al menos uno más que amigo, puesto que es mi marido.

Pero antes de llevarme la segunda en la frente, convirtiéndome por despose en argentina consorte, tuve unos años de soltería que igualmente han quedado para siempre marcados en mi memoria.

Portugal, Marbella e Ibiza, por este orden, culminaron una etapa de exacerbada exaltación de la amistad, en la que tres amigas del montón estrecharon lazos a base de rayo cósmico y surrealismo supino. Y doy gracias a la vida no sólo por aquel año, del que solo hablaré en presencia de mi abogado, sino por las semejantes a las que me arrimó, que a día de hoy continúan teniendo un lugar privilegiado en mi corazón.

Dos son ellas, para mí las más bellas, no sólo de frente y de espaldas, sino de alma. Mi e-Alma, porque ambas dos comparten la inicial de su nombre angelical. Eva y Elena son, y por siempre serán, estandarte de amistad.

La una por guapa, diligente y espabilada, que renació de la noche a la mañana el día que del caballo se cayó y no precisamente sentadita se quedó, sino que se pegó un tantarantán en la cabeza que casi la deja tiesa. Y dicen las viejas que de un golpe en la cabeza o te quedas tonta o ganas listeza. Con ambiciones por montera, terminó siendo una estrella en el olimpo de la inteligencia, que a día de hoy sólo le falta encontrar una órbita con un planeta estable en torno al que girar.

La otra por ser tan alta y guapa como cariñosa y despistada. Agradecida toda la vida estaré que por su tímida compañía decidió llevarme de carabina hacia el viaje de mi vida. No importa cuántas vueltas perdida con ella des, ni que no la veas en todo un mes, ni tan siquiera que la intentes llamar y jamás la puedas localizar, lo que importa de verdad, y nadie me lo podrá negar, es que es una mujer de bandera, con flexibles posaderas capaces de alumbrar tres criaturas de notable envergadura como si de uno de sus despistes se tratara… hala, dos empujones y listo. Ahí van cuatro kilos y pico.

Y mis dos amigas de verdad, son divertidas como las que más, con las que me río y carcajeo todo un día entero. Sólo los astros sabrán cuándo nos dejarán volver a disfrutar de una jarana de verdad. De esas que al recordar solo puedo considerar que NUNCA malgasté mi tiempo formando parte de este gran terceto.

Hoy mi moneda de la gramola va por vosotras, porque me siento afortunada de teneros y quereros como os quiero.

LA RAE ME PERSIGUE

Una definición objetiva de mi persona pasa por decir que soy catalana de nacimiento, madrileña de adopción, extremeña de corazón y argentina consorte. Lo que viene siendo una ciudadana del mundo, con habilidad para adaptarme a costumbres e idiomas diversos. Pese a ésta mi camaleónica capacidad de cambio, el corazón siempre me lleva hacia una opción con mayor predilección. Y aquí, amigos, la extremeña gana por goleada…

Qué tendrá esa tierra mía que tanto me gusta y me atrapa, amén de una paradisiaca ciénaga, delirio de tierna infancia. Esa tierra con la que mi prole se mimetiza tanto durante la temporada estival que vuelven hablando cierta mezcla exótica de extremeño y argentino que creo terminaremos coronando como lengua oficial de nuestro reino particular.

Él no es plenamente consciente aún, pero el exotismo no es sino un acicate más que mantiene vivas nuestras ansias de saber y la llama de nuestro amor… Qué sería de nuestro patriarca, en el que se combinan una notable sobriedad navarra con una exquisita cultura de verborrea argentina (que en su caso brilla por su excelencia así como por su ausencia) sin el exotismo que su descendencia, bajo clara influencia materna, le brinda en su anodino día a día. Que tediosa sería su jornada sin tener que corregirnos las letras que nos comemos al hablar o sin tener que adivinar el significado de alguna palabra nueva con la que le sorprendo. Porque yo, como buena extremeña de corazón, grito a los cuatro vientos “ ¡Cuidao!” Cuando un hijo mío se lanza al peligro cual kamikace en acción o les preparo un buen platito de “pescao” para cenar, porque soy también un poco madre “bio” y me gusta cuidar la alimentación de mis criaturas. Porque declaro estar remostosa cuando estoy pringosa, o estar más calmada por conseguir que una situación sea más desenredada. Atrocho por diferentes caminos para llegar antes a mi destino, acumulo zarrios por doquier, me añusgo con la boca llena de perrunillas y aunque mis hijos salen como pinceles de casa vuelven hechos unos farraguas.

A día de hoy, con más de dos lustros juntos a nuestras espaldas, me congratula poder seguir velando por mantener viva nuestra capacidad de aprendizaje. Por seguir despertando en mi etiqueta negra un espíritu de iniciativa y superación que le lleva a consultar con frecuencia y desparpajo español el diccionario de la Real Academia Española (RAE), porque yo no, pero ella, con su lema “limpia, fija y da esplendor” sí que sabe.

Y aprender de los errores es de sabios y “extremeñarse” más. Así que querido mío, terminarás hecho un sabio, que en verano llevará calzonas, que tendrá “cuidao” con sus hijos para que no se entrillen los dedos o se hagan piteras y que como siga dándole tanto al ibérico de nuestra tierra se va a poner casi tan mostrenco como con el dulce de leche. Porque todo se pega y más mi hermosura y yo ya voy hablando por ahí diciéndole a mis hijos “ponete el abrigo” o “vestíte que nos vamos”.

¡En la diversidad, está la riqueza!

¡Qué familia más rica tenemos!

RAE

DEL VOSEO AL MODO MINION

No hay mayor manjar, a los ojos y paladar de una criatura, que las popularmente extendidas chucherías. Al menos eso pensaba yo acerca de esta realidad tan mundana, hasta que el patriarca, desde esa austeridad más propia de sus genes navarros que argentinos, me confirmó que en Argentina los niños no ingieren semejante guarrería; que quien sabe lo que son, lejos de catalogarlas como delicias, las incorpora en la lista de subproductos tóxicos derivados del petróleo.

Yo, pese a que mi bolsillo y a mi conciencia les duela ir al dentista para arreglar los desaguisados causados por una ingesta inapropiada de azúcar, clamo (con mesura y mano que custodia a la par que dosifica) por una infancia con chuches. No sólo es por ese halo de nostalgia romántica que me invade a medida que pasan los años, sino por el espíritu de supervivencia que se ha despertado en mi persona tras la maternidad, que además crece al mismo ritmo que se me llena la cabeza de canas.

Y es que entre múltiples definiciones, las chuches destacan sobremanera como arma de negociación en caso de encontrase en situaciones farragosas; que por otra parte, quien tiene descendencia experimenta a veces con una cotidianidad no deseada. Yo, que estos avatares los sufro, no precisamente en silencio, reconozco tener un bote siempre en casa al que le otorgo la dualidad de castigo o recompensa. Soy débil, mi verborrea se agota, mi mente y mis glándulas salivares se bloquean; así que la incomodidad de una mente y una boca espesa me llevan a entregarme a la simpleza de la dulzura infantil, que anhelada con desesperación, sólo se ve materializada en tan petrolera materia.

Otra de las grandes cualidades de las chucherías es la capacidad de sembrar y germinar la semilla de la amistad. Si un niño saca una bolsa de chuches, en escasos instantes se encuentra rodeado de sus congéneres que le ofrecen la mejor de sus sonrisas a cambio de poder catar al menos una pizca de tan preciado tesoro. Venderán su alma a través de los mayores halagos. Una marcada enemistad puede desembocar en un momentáneo, pero fácil de creer, arrepentimiento. A veces, cerca de propiciar disputas, suelen fomentar la camaradería y el compañerismo.

Fue un tarde veraniega, rodeados de una pequeña agrupación infantil que alcanzó el consenso de implorar su dosis vespertina de chucherías, el momento en el que el patriarca se vio obligado, en contra de sus principios, pero en aras de no parecer un ogro a ojos de hijos ajenos, a repartir, bajo premisa de equidad, tan magna cochinada. Hete ahí que en un alarde de cercanía hacia los niños, según les va entregando la mercancía les va diciendo: “para vos”, “para vos”…. A lo que uno de los que allí se encontraban, con natural desconcierto contestó, “para vos, NO, este es para mi”… como si ese tal “vos” fuera a ser beneficiado con las chuches que por turno a él le tocaban.

Creo, con bastante certeza, que un reparto “estilo minion” (“TOMA, PARA TÚ”) hubiera resultado anecdóticamente menos divertido pero más comprensible para los receptores…

En la familia Entre Madrid y Buenos Aires somos muy muy fans de los minions… para muestra, un botón…

MI PEQUEÑO MINION

THE LAST VIERNES CON COCKTAIL&CANCIÓN

Hoy, primer viernes en el que escribo en el blog después de la pausa del verano, y paradojas de la vida, va a ser el último viernes con cocktail&canción. Esta sección pasará a llamarse “La Gramola”, en honor a un programa de radio que escuchaba en mi época de estudiante nocturna. Os descubriré música, os la dedicaré, me deleitaré con ello, pero sin seguir un patrón de obligatoriedad semanal y sí sentimental, es decir, cuando el corazón y el cuerpo me lo pidan. Igual que con el resto de entradas.

Mi querido blog, cómo te quiero, qué orgullosa me siento, pero como dice la canción:

I promised I’d be there but you don’t make it easy
Loving you, loving you it’s too hard
All I do it’s not enough
Loving you, loving you leaves me hurt

Así que curso nuevo, vida nueva, una vida de edición por devoción y no por autoimposición.

La vida blogueril de una mujer trabajadora y madre de familia numerosa sigue la tendencia evolutiva de la madurez… ese estado en el que prima la calidad frente a la cantidad…

Desde una vida plena y madura… ¡chin-chin!….

¡Hasta dentro de muy pronto, que tengo reservada publicación! 😉

YOU & I

Tras mi cenagoso a la par que maravilloso estío, recupero mi actividad blogueril en una fecha especialmente significativa. Un 31 de agosto, hace ocho años, los estrechos lazos que mantenía con Argentina pasaron de oficiosos a oficiales. Lo que venía siendo bonito, pasó a ser mejor ese día y en días sucesivos.

Huyendo del tedio que puede llegar a suponer para mis escasos lectores la descripción de los embriagadores sentimientos que le profeso a mi querido “etiqueta negra” , esta canción me ha parecido una bonita manera de recordar no sólo nuestro enlace, sino nuestra historia, nutriente continuo de la historia Entre Madrid y Buenos Aires.

Hoy no es viernes con cocktail & canción, pero aun así, esta canción va por ti, mi especial complemento de vida y alma… nuevos rumbos nos esperan, sin duda mejores!

 

DE VACACIONES CUAL FIONA

Mis queridos cuatro locos/as seguidores/as….

Con esta carta me despido. Ha llegado el momento de retirarme durante la temporada estival.

Los que bien me conocéis sabéis que tras un pequeño paso por la playa nos metemos de lleno en la España interior y profunda, en esa en la que nos espera con los brazos abiertos la que a ojos del patriarca es una ciénaga y a ojos de mis hijas es el paraíso. Donde yo pasé grandes momentos de mi infancia (los mejores) y que mis hijos tienen la oportunidad de revivir. Ese lugar mágico que sería un pozo de inspiración para la mismísima @soynuriaperez, puesto que las rocas, palos y algún que otro desperdicio se convierten en un momento en perfectos utensilios de cocina, elementos de supermercados, cargamento de barcos pirata, material de una rústica escuela, etc… todo a los pies de una ciénaga en la que además se encuentran en no escasas ocasiones con culebras cazando sus presas, cangrejos y otros seres vivos propios del ecosistema.

Con este mi espíritu hollywoodiense y cual encarnación de la princesa Fiona, siempre enamoradísima de su querido Shrek, os dejo para estar reposando en mi ciénaga, rebosando todito amor por todas partes. Lo que no sé si alcanzaré a predicar eso de la slowlife esa que me resulta tan desconocida e inalcanzable, porque lo de estar con el ojo loco, brazos locos, piernas locas, y toda loca detras de mi Forrest Gump particular, el intrépido de mi tercero  que se lanza al agua como si en lugar de pulmones tuviera branquias, y doña col que me reclama en cuerpo y alma en cada baño que se da, precisamente por todo lo contrario… si lo hago muy slow, alguno se me ahoga seguro… casi que yo voy con el turbo, aunque mi Shrek perjure que voy con el freno de mano puesto….

¡Feliz verano a todos!

Vuestra, siempre…. desde la ciénaga con amor….

Fiona

fiona