BATIENDO RÉCORDS

Batir récords es una moda incluso más antigua que el propio libro que los acoge. Allá por 1951, una discusión entre cazadores sobre cuál era el ave más rápida de Europa, fue el origen del libro Guinness. Dado que no encontraban ninguna respuesta convincente, Sir Hugh Beaver, en aquella época director de la marca de cerveza irlandesa Guinness, planteó elaborar un libro incluyendo los records más extravagantes que se le pudieran ocurrir. En 1955, la compañía londinense a la que se lo encargó, publicó el primer Libro de los Récords (Guinnes Superlatives), con un resultado de noventa millones de copias en veinte lenguas. Eso sí que es un récord.

Pero batir récords se estila desde que el hombre es hombre y la mujer madre. Ya desde el Paleolítico, cuando abundaban las historias simples pero vigorosas, desde el Australopitecus hasta el Homo Sapiens habían hecho gala de sus propias listas de récords. No solo eso. Seguro lucían en el lugar más digno y privilegiado de la caverna, después de haber sido talladas con esmero.

Hoy en día seguimos fantaseando con nuestras listas de récords particulares, enfrascados en la tarea de alcanzar directos una cúspide desde la que otear el paisaje como si de un cuadro alegórico se tratara.

Ni siquiera yo soy una sana excepción. Continue Reading →

UNA GRAMOLA REAL

Abrir la puerta a los nervios es humano. Impedir que se instalen en mi interior me resulta oficio divino.

Sin necesidad de proferir conjuros dialectales, tengo la endemoniada habilidad (o la inmadura virtud, compañera de toda buena jovenzuela) de invocar a los nervios, abriéndoles, ante mí, un camino expedito, libre de trabas. Es más, pongo la alfombra roja para que se asienten a sus anchas. No en vano, solo consigo quedarme titubeante y en actitud contemplativa, como si mi única e inabordable tarea fuera asimilar lo difícil que se me antoja escapar de mi excitante realidad, sin poder hacer mucho más al respecto.

Los nervios ahora mismo se están cebando en mi desvergonzada existencia. Continue Reading →

HUMOR EN MAYÚSCULAS

No sé por dónde empezar a escribir sin caer en un atropello de alabanzas. Una tras otra se yuxtaponen en mi mente lejos de tocar fin.

En el vasto territorio del humor, donde abundan los desconocedores del refinamiento y buen gusto, es posible encontrar, en ocasiones, algunos seres formidables que conforman una estirpe exclusiva, inimitable y, con alta probabilidad, irrepetible. Solo a ellos, a este selecto grupo de agraciados con lo que para mí es un gran don divino, les dispensaría en caso de que se les ocurriera deambular por la vida con la cadencia y la soberbia intelectual que pudiera desprender un compositor/filósofo erudito de la talla de Mastropiero. Solo a ellos les concedería la descortesía de mostrarse triunfantes. Pero solo a ellos, porque su exuberancia inteligente hace que me olvide hasta de mí misma.

Me refiero, como podéis intuir, a Les Luthiers, grupo de “musicómicos” argentinos.

Si en algún lugar existe una posibilidad menos remota de repetición de tal elenco, desde luego es en Argentina, patria y cuna del HUMOR, con mayúsculas.

Fotografía, agencia EFE

Fotografía, agencia EFE

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RESACA CON SABOR A MANZANA

Hay ocasiones en la vida en las que uno puede permitirse el lujo de presentarse con ceremonia y boato. Sin reservas ni reparos.

Y hoy es el día.

Esta mañana me he levantado con una formidable resaca, saboreando el regusto de la propia vida casi como si de un reconocimiento post mortem se tratara. Resulta que ayer fue mi cumpleaños. Continue Reading →

UNA GRAMOLA POR LOS CAMBIOS

No os preguntaré si habéis echado en falta mi cita la semana pasada, por si acaso la respuesta avala mi teoría sobre que, en ocasiones, la sinceridad está sobrevalorada.

Vuelvo hoy para hablaros de cambios, y más concretamente de la adaptación a ellos. Continue Reading →

28 DÍAS

Algunas mentes elucubradoras, de esas que andan sueltas por ahí, defienden que tres es el número cabalístico por excelencia. Tres eran los cerditos del cuento, las madrinas de la Bella Durmiente, los ositos de Ricitos de Oro, los Reyes Magos, las carabelas de Colón y las gracias de Rubens. Otros expertos en las artes divagatorias, sin embargo, trasladan una magia especial al número siete. Las siete notas musicales, los siete colores del arco iris, los siete pecados capitales, las siete maravillas del mundo antiguo o los siete enanitos de Blancanieves.

Tras un pormenorizado estudio de una materia tan enigmática y misteriosa como la maternidad y todo lo que le rodea, incluidas las portadoras del gen que les otorga la titularidad en cuestión, creo que podría fijar mi número cabalístico en el veintiocho. Continue Reading →

OH MI ROMEO

Los roles en las familias se adquieren desde el principio. Críate la fama y échate a dormir. En la nuestra ya tenemos muy asumido que yo soy la austera y mi etiqueta negra el derrochador. De los que se da al lujo y al dispendio con honores en menos que canta un gallo. Su apodo no le ha sido otorgado por casualidad.

A modo de compensación, me embebo rigurosamente en mi papel olfateando cualquier rastro que me conduzca directa a una oportunidad de ser mínimamente ahorradora. Y aunque mi tercero se empeñe una y otra vez en destrozarme la excelente pituitaria que me tocó en gracia al nacer, sigo jactándome de ser una gran sabuesa. Continue Reading →

UNA GRAMOLA CON ESPECIAL AROMA

Lo que intuís es cierto. Tengo hordas de seguidores al más puro estilo “Bienvenido Mr Marshall”. Me cuesta ponerlos en orden y concierto. Se amontonan, de momento no se amotinan. Me leen en su remanso. Comentan sin descanso. Aprovechan cualquier oportunidad para conmigo disfrutar. Y yo… sin enterarme…

Mantienen cubierto, con un manto de silencio, lo grato que les resulta formar parte de esta mi privilegiada fracción, a la que recibo con fanfarria y alfombra roja, cada vez que tengo ocasión.

Cuando hace escasos meses la generalidad era aún más silente, unos pocos en solitario se distinguían. Algunos de manera ruidosa, como la mía, que siempre entro como un elefante en una cacharrería. Otros discretos y sencillos, agazapados detrás de un visillo.

Pero los veo y los vigilo y me pregunto, apretando los dientes, si la curiosidad inocente se convertirá en apego permanente.

Mis ojos, tan torpes como entusiastas y a los que les encanta tirar de nostalgia, quieren creer que sí.

Con mi seguidora número 5 sí.

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“LLÉVAME AL HUERTO” PODRÍA SER UN BUEN COMIENZO

Ahora mismo tengo un dilema de los gordos. De esos de los que, más asiduamente de lo que yo quisiera, se me presentan y me hacen devanarme los sesos hasta quedar extenuada además de mentalmente tocada. Me encuentro sepultada por un exceso de actividad cerebral que me tiene viviendo en un desorden mental bastante pintoresco.

Mi gran disyuntiva es que no sé si por una sola vez, y sin que sirva de precedente, debo dar la razón a mi etiqueta negra, que siempre ha defendido que en unos años nos debemos ir a vivir al Tíbet, donde el porcentaje de hombres que no catan mujer es más elevado que aquí. Él es de los que se agobia en una playa sin chiringuito y sin sombrilla, de los que necesitan urbe directamente inyectada en vena, pero sólo pensar que algún varón se arrima a sus hijas creo que le debe agobiar más. Mucho me temo que en Argentina, aunque esté lejos, sentiría más de lo mismo. Tíbet es una solución más adecuada y él un padre sacrificado.

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ÁTAME…. BY LA GRAMOLA

Yo, que hace unos años me veía velando por mi ausencia de ataduras y me vanagloriaba de predicar con el ejemplo, me veo a día de hoy con poco y nada de aquella joven. Cualquier vestigio de ella es fruto del ilusionismo barato.

Ahora mismo, ataduras, tengo lo que se dice unas pocas.

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