OH MI ROMEO

Los roles en las familias se adquieren desde el principio. Críate la fama y échate a dormir. En la nuestra ya tenemos muy asumido que yo soy la austera y mi etiqueta negra el derrochador. De los que se da al lujo y al dispendio con honores en menos que canta un gallo. Su apodo no le ha sido otorgado por casualidad.

A modo de compensación, me embebo rigurosamente en mi papel olfateando cualquier rastro que me conduzca directa a una oportunidad de ser mínimamente ahorradora. Y aunque mi tercero se empeñe una y otra vez en destrozarme la excelente pituitaria que me tocó en gracia al nacer, sigo jactándome de ser una gran sabuesa.

Tengo un amplio abanico de ejercicios de austeridad. Los básicos, que a diario practico, giran en torno al principio de NO desperdiciar absolutamente nada de comida, desafiando con mis mezclas a los más innovadores chefs que ni con sus crestas me superan en originalidad. Un puré con restos de judías verdes, garbanzos y alguna loncha de jamón a punto de caducar se convierten en un minuto en una crema silvestre de las que la mismísima caperucita lleva en su cestita para cuidar de su abuelita. Yo no de-construyo, soy más de la filosofía de ingredientes en grupo, todos bien unidos y construidos, por aquello de que pasen desapercibidos.

Otro de mis grandes clásicos es comprar la ropa infantil de más talla, aun a riesgo de que algunos catedráticos con ínfulas me otorguen el título de” ingeniera en customización”. Para los modernos, sin embargo, me perfilo como ánima creativa que no cesa de idear, readaptar y reutilizar.

Desde luego, todo depende del color del cristal con que se mire. Lo que para unas apocadas almas pudiera interpretarse como defectos, es más que probable sean grandes virtudes para los vigorosos de espíritu.

Pues qué tendrá febrero que me planta las gafas con un cristal de inusitado color pasión y mi espíritu hollywoodiense, que necesita poco y nada para abrirse camino, me hace abandonar cualquier atisbo de austeridad y voy derrochando amor por cada poro de mi lustroso cuerpo. Y sin embargo él, cuando debía ser dadivoso, va y se cohíbe. Pone freno a esos irreprimibles deseos de mostrarme su querer.

San Valentín aparece para celebrar su onomástica y cambiamos los papeles, no vaya a ser que el Santo se asuste de tanto dispendio de emociones. A ver si malgastarlas nos va a llevar luego a tener que escarbar por los rincones para encontrarlas.

Yo, que aprovecho cualquier excusa “Corte Inglés” para darme a la vida de pareja, me devano mis austeros sesos a la hora de buscar un lugar idílico para cenar, canguros para de nuestra prole cuidar e incluso vestimenta para engalanar (esa que en las profundidades del armario andará). Él se deja llevar. Desde su taciturna apariencia intenta a veces, cual surfista, subirse a la ola del romanticismo, pero siempre, siempre, siempre, sin renunciar al pragmatismo.

Aún recuerdo un gélido y ventoso febrero en el que me había encargado muy mucho de bombardear explícitamente a mi marido con publicidad de la buena sobre mi archiconocido gusto por las flores frescas. Me sentía una de esas cebollas incómodas de digerir, de las que se repiten hasta la saciedad. Una y otra vez imprimía en las profundidades de su subconsciente mis inocentes y puros deseos.

Y llegarle, le llegaron. Pero no como a mí me hubiera gustado. La ingenuidad no conoce límites.

El día 14 de febrero de hace unos años ya, San Valentín llamó a mi puerta disfrazado de repartidor que traía consigo una planta verde y robusta encastrada en una maceta decorada con las instrucciones de riego.

Mis ojos hipnóticos se clavaron en ella. No pude mediar palabra. Sólo mirar embelesada por tanto verdor.

Seguí sin mediar palabra cuando el obsequiador llegó.

-Che, ¿ no te gustó nuestro helecho del amor?

Y encima va y me encarga como tarea que lo riegue y lo cuide como si de nuestro amor se tratara. Queriendo cargar sobre mi conciencia cualquier hoja mustia que tuviera.

Hemos entrado en la cuenta atrás para el día 14…

Oh mi Romeo… tu Julieta está temblando …

flor san valentin

2 Thoughts on “OH MI ROMEO

  1. Lo que no cuentas es lo que le regalaste tú al etiqueta negra, desde ahora conocido también como “Mr. Helecho enamorado” 😉

  2. entremadridybuenosaires on 12 febrero, 2016 at 11:43 am said:

    No quiero hacer saltar por los aires todos los controles parentales que tengáis instalados en los ordenadores.

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