MI DULCE ENSIMISMAMIENTO, MI MOMENTO SPECIAL K

Con este título, cualquiera se aventuraría a pensar que la temática de hoy gozaría de cierta tonalidad escatológica, pero no, por ahora dejo apartado el momento Enrique y Ana, caca-culo-pedo-pis, para otra ocasión.

Como ya avanzaba en su día, en una de esas listas que, pese a no gustarme demasiado, sucumbí a realizar porque la ocasión así lo merecía, soy lenta para todo en general, y para hablar y caminar, en particular. Característica que ha llevado a que en mi hogar, con descaro y desfachatez, el padre de las criaturas aliente a mi descendencia a cantarme la canción del cantajuegos “Dicen que”, en la estrofa que clama: “dicen que las tortugas son lentas, lentas, lentas, y yo muy rapidito… qué le voy a hacer…” Aguanto el chorreo lo más dignamente que puedo, sin ni siquiera ya rebatir, porque una es totalmente consciente de su realidad. Yo lo único que de vez en cuando me lanzo a recordar es que, pese a esto que algunos consideran un defecto, y con total similitud al clásico de los clásicos “la liebre y la tortuga”, llego a mi destino incluso con el caparazón lleno de inquilinos… y no sólo eso, sino que además la gente me pregunta en no escasas ocasiones: ¿y cómo te da tiempo a hacer todo esto?, pues será, por simple deducción y lógica, que la escala de velocidad con la que tratan de evaluar mis actos está un poquito sesgada. Vamos… digo yo…

Pero bueno, aceptamos lenta como rasgo de mi persona.

Numerosas son las teorías que defienden que muchas de las conductas del ser humano son aprendidas, no innatas y, además, que los condicionantes del entorno son variables de influencia especialmente significativas. En este punto es donde mi modelo identifica de manera clara y concisa la gran variable externa, a saber, el cansancio por ir corriendo cual tortuga tirando de cuatro (de mi misma, que no es poco, y de los tres polluelos del corral). No quiero ser una madre drama, pero suelo llamar a las cosas por su nombre. Tener un hijo con-don; vivir en Hollywood, a caballo Entre Madrid y Buenos Aires; además de estar sometida a toda suerte de retos diarios en los que tengo que sacar armas que convierten en meros aficionados a los que negocian con delincuentes, pues convengamos que un poquito cansado es. Maravilloso seguro, pero agotador también. Al pan, pan, y al vino, vino.

Hay quien estima que tres es el peor número de hijos a tener (desde luego el más trabajoso), y que la solución indiscutible pasa por tener un hijo más. El cuarto, al que criarán los demás, lo que a su vez les hará madurar para cuidarte a ti también. Yo es que no me veo muy animada a decantarme por esa vía, de la que con cordura me alejan las prescripciones médicas que me hicieron en su momento, tras haber vivido más de una situación crítica, con riesgo de vida incluido en el lote. Así que no me queda más remedio que sobrellevar el cansancio con la misma estoicidad que aguanto a mi galán y mi prole entonándome el último grito entre los hits infantiles.

Y lo acepto. Así que por las mañanas, pausadamente me levanto, me preparo el desayuno pululando por la cocina cual tortuga ninja para evitar hacer un solo ruido que despierte a las fieras y perturbe el silencio de ese instante. Un silencio del que disfruto relajada y lentamente, que en el mejor de los casos sólo se ve roto por el ruido del calentador encendido (la ducha del patriarca), que me anuncia cuando mi letargo llega a su fin, antes de verle entrar por la puerta de la cocina clamando “¿pero todavía estás así?”. Y es que ese es mi momento, mi momento special k, en el que el cola-cao o la lágrima que me esté tomando, lo acompaño con estos cereales, alcanzando un grado de ensimismamiento y evasión tal, que incluso la reiterada lectura de los ingredientes y desglose de vitaminas y minerales del paquete, me parece de lo más interesante. Leo, releo, le doy la vuelta al paquete, porque me cansa más la ocasional esbelta silueta de la dama que tan valiosa literatura. En caso de mayor hartura, me paso a la información nutricional del cola-cao. El objetivo perseguido es conseguido: mi mente se mantiene en blanco. Una mente maravillosa.

Creo que me agrada ser una tortuga, así como desayunar cola-cao y special k.

cola-cao y special k

Aquí os dejo la canción en cuestión, por aquello de que contextualicéis mejor…

5 Thoughts on “MI DULCE ENSIMISMAMIENTO, MI MOMENTO SPECIAL K

  1. Qué preciosa contradicción para empezar el día: Cola Cao + Special K. Si es que, además de lenta eres única 😉

  2. Cómo te entiendo!! Y lo queme gusta esa canción de Enrique y Ana que por supuesto trasmití a mis hijas, irnos infantiles que no pueden faltar!!

    • entremadridybuenosaires on 6 junio, 2015 at 4:53 pm said:

      Tal cual, querida!
      Este momento ensimismamiento creo que es muy compartido y generalizado! más allá de la lentitud a la que esté asociado! jajaja
      Un beso Sandra

  3. CAleman on 14 junio, 2015 at 1:12 am said:

    Me niego a que aceptes lenta como rasgo de tu persona: No es lo mismo ser “lenta” que “pausada”. Tú eres PAUSADA.

    Según la RAE, una definición de lenta es: poco vigorosa y eficaz, y eso en modo alguno se te puede aplicar a ti, que tienes más que demostrada tu fuerza y energía para tirar de ti y de esa gente menuda ( incluidas las negociaciones con las tres cabecitas, que no de delincuentes sino a cual más testaruda).
    Recuerda que Napoleón decía “Vísteme despacio que tengo prisa”.

    Como aportación y colaboración con el título de tu blog, transcribo lo escrito por un argentino:
    “Recordá: la lentitud es equilibrio.
    Si querés estar más organizado, lograr más de lo que te proponés sin dejar de lado cosas realmente importantes y disfrutar de cada instante, aprendé a regular las velocidades y equilibrarlas.”

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