“LLÉVAME AL HUERTO” PODRÍA SER UN BUEN COMIENZO

Ahora mismo tengo un dilema de los gordos. De esos de los que, más asiduamente de lo que yo quisiera, se me presentan y me hacen devanarme los sesos hasta quedar extenuada además de mentalmente tocada. Me encuentro sepultada por un exceso de actividad cerebral que me tiene viviendo en un desorden mental bastante pintoresco.

Mi gran disyuntiva es que no sé si por una sola vez, y sin que sirva de precedente, debo dar la razón a mi etiqueta negra, que siempre ha defendido que en unos años nos debemos ir a vivir al Tíbet, donde el porcentaje de hombres que no catan mujer es más elevado que aquí. Él es de los que se agobia en una playa sin chiringuito y sin sombrilla, de los que necesitan urbe directamente inyectada en vena, pero sólo pensar que algún varón se arrima a sus hijas creo que le debe agobiar más. Mucho me temo que en Argentina, aunque esté lejos, sentiría más de lo mismo. Tíbet es una solución más adecuada y él un padre sacrificado.

Hace unos días tuve la ocasión de escuchar a una psicóloga hablando sobre la sexualidad en la familia. Bastante interesante la charla y brillante ella en su exposición.

Confieso aquí que no le dije que iba a ir. Quería evitar, por una parte, una previsible respuesta del tipo: “es muy pronto, por favor, no seas histérica”. Por otra, que a lo mejor tuviera la reacción contraria y mi siempre amado marido, que como casi todos los varones heterosexuales en su momento de juventud ni se planteaba que hubiera hijas, viera ahora, bajo el prisma de la madurez, un peligro inminente y desempolvara el Tíbet como destino más que turístico.

Pero yo tenía claro que quería asistir y que me ilustraran. No quiero verme en unos años como mi madre que tuvo que hablar con una mamá de un amigo de mi hermano para preguntarle sutilmente qué era lo que les había contado a los chicos que les llevaba a exponer con seguridad que para hacer los niños los papás debían meterle a las mamás el brazo hasta el codo, como aquel que dice. Por una cuestión de pudor mío personal, prefiero lanzar mensajes concisos, adecuados y lo menos equívocos posibles que no me lleven a tener que pasar no solo por el momento de la explicación, sino de la rectificación, que esto último de verdad es más bochornoso si cabe para todas las partes implicadas.

El caso es que yo, madre entregada y preocupada, llegué y escuché las consideraciones, recomendaciones, peligros y demás que es conveniente tengamos presentes para educar a nuestros hijos en una sexualidad sana, responsable y gratificante, siempre desde el cariño. Y es por esto que el dilema me tiene casi entregada a la causa de ir ahorrando para comprar cinco billetes.

No creáis en este punto que me voy a meter en competencias que no me atañen. No voy a ser yo la que quite trabajo a grandes profesionales de la comunicación y la psicología. Máxime porque igual que otros tantos, tengo mis propias interpretaciones, que así, a groso modo podrían resumirse en que los entendidos en la materia parecen confirmar que cuanto antes se les habla a las criaturas del tema en cuestión y se hace con naturalidad y sin tapujos, más se retrasa la edad de toma de contacto con este mundo tan particular.

Estoy en un sin vivir. Emocionalmente desestabilizada. No me he recuperado aún del trauma por haber quitado la cuna y quedarme sin bebés en casa. Tener este otro frente abierto es como tener una lucha encarnizada en mi interior. Las declaraciones de los expertos me llevan a plantar encima de la mesa la gran lección de biología y de la vida mañana mismo, no en el desayuno, por si se lía la cosa más de la cuenta, sino en la cena. Pero por otra parte no quiero que mis hijos sean como ese niño de la peli “Poli de Guardería” que no hace más que gritarle a un Arnold Schwarzenegger tan musculoso como mujeriego: “los niños tienen pene, las niñas tienen vagina”, como si precisamente él tuviera alguna duda.

Mientras tanto y no, yo voy a empezar por la fotosíntesis y luego la polinización.

No estaría mal abastecerme de un kit como el que incluye Inma en su blog “Peonías en mi ventana”… me ha parecido sensacional para iniciarnos en el asunto de las semillitas.

Si no, siempre nos quedará el Tibet.

huerto

Fotografía de Peonías en mi ventana

4 Thoughts on ““LLÉVAME AL HUERTO” PODRÍA SER UN BUEN COMIENZO

  1. Qué bueno María! Muchas gracias por la mención, ya sabes que te leo siempre que puedo porque empiezo, se me pone la sonrisa en la cara, y así hasta que termino… Me encantas!

    Ya me contarás que tal la lección de fotosíntesis y la polinización! jajaja Graaaandee!!! Un beso enorme guapa!

    • entremadridybuenosaires on 29 enero, 2016 at 11:33 pm said:

      Tú a mí “sique”!
      A medida que me hago viejita es el piropo que más me gusta escuchar!
      Y ya sabes que esto aún no ha terminado, solo sigue postergado en pro de la ciencia!!!
      Un beso!

  2. No te imaginas cuanto entiendo a tu marido. El tibet, un convento de carmelitas descalzas…
    Pero creo que lo más sensato es informase e informarlas, donde va a parar.

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