LA CUESTA DE ENERO

La cuesta de enero, además de tener magnitud en términos económicos tiene su propia medida en términos psicológicos. Ambas dos terribles escalas son. Muestran como evidente lo que cuesta reponerse. A mí ,en particular, mucho, que en estas fechas tengo el bolsillo roto y no hago más que tirar de mi excusa de austeridad para comprar en las rebajas ropa infantil para el año que viene. Teniendo en cuenta además que el pobre bolsillo ya estaba bastante maltrecho después de las Navidades, en enero el agujero termina con envergadura de socavón de altura.

De los desajustes psicológicos nos cuesta igualmente recuperarnos. Pero en este caso cada uno tiene su propia saca que enderezar, no como en el otro, que solo hay una, común y familiar.

Por orden.

Barrunto que mi bebé quiere seguir siéndolo, aunque su padre no haga más que instigarle a que en adulto se convierta. Después de casi dos semanas al cobijo y calor del hogar, período en el que además ha recibido dosis extra de mimos por enfermedad, digamos que la vuelta a la rutina se torna algo más complicada, un poquito más costosa. Sufre en propias carnes los inconvenientes de ser protagonista del refrán “no temo mi niño enfermo, sino la mañita que le quedó”. Como resultado del suplemento que le fue otorgado tenemos que ahora separarse le lleva a encabritarse. Como un loco. Gimiendo y llorando como si no hubiera un mañana. Y a todas horas y por cualquier motivo. Los primeros días con la tontería de la novedad parece que no había realidad, pero al tercer día se desenmascara. Ella solita. Sin ayuda. Se presenta al desnudo a ver quién gana a concienzudo, si la realidad o los llantos. Y tienen batallas campales. Ayer nada más y nada menos que tres.

La primera fue por la mañana. Aunque a quien madruga Dios le ayuda, él se sentía el más miserable de los miserables habiendo sido arrancado de la cama y de sus hermanas, que aunque le perturban, también le ayudan. Su desdicha no tenía fin ni consuelo así que se tiró todo el trayecto entero como si estuviera de duelo. Veinticinco minutos cual plañidera de las buenas.

La segunda fue tras la recogida. No os puedo concretar cuál fue el motivo, pero el caso es que fue hilando una desgracia tras otra a cada cual más gravosa. Un mordisco propio a la galleta le hizo creer que estaba rota. Del enfado se rompió de verdad, enorme fatalidad. Le doy un bocadillo para ver si recapacita y tras apenas dos minutos de sosiego vuelve a cortocircuitar. Resulta que encontrarse en las manos el polvito de harina que el pan suelta es una contrariedad de las difíciles de sobrellevar. Tan mayúsculo es el infortunio que la pena más grande le invade y le lleva a expresarla durante cuarenta y cinco minutos que no para de llorar. Seguidos. Sin descanso. Ni para él ni para mí.

La tercera y última del día, presiento que no de la semana, fue para recordarme que debo hacer uso de mis dotes de mujer orquesta si no quiero olvidarlas, porque hay cosas que no son como montar en bicicleta, desgraciadamente. Tuvo a bien empezar a llorar reclamando brazos y estrechar lazos, que hemos estado mucho tiempo separados. Aunque una sea moderna y se descubra en su modo dialogante, comprueba que no es efectivo. Por mucho que le repita que tengo que hacer la cena y que se quede tranquilo, no hay manera. Termino rendida. No puedo más. Ni mi cuerpo, ni mi alma, ni mis oídos. Ya os dije que soy débil. Me doy a la “malcrianza”, al consentimiento absoluto. Vamos a hacer el bacalao al punto. Juntos. Arremolinados. Tú en mis brazos y yo en tu “caprichazo”. A ver quién es el valiente que nos separa, que la cosa tiene bemoles. Los de sus gritos.

Por suerte para mi “Yo” más desestabilizado, compruebo gratamente que a medida que voy avanzando en la línea sucesoria la lacra psicológica va mermando. Están madurando.

Aun así, la mediana está dolorida. De sentimiento, palabra y omisión. La vuelta de mi etiqueta negra nos ha permitido recuperar nuestras rutinas y ya no me llevan de carabina. El reparto escolar se divide, con tan mala suerte para ella que el pequeño de la saga es el agraciado con mi persona para llevarlo. Yo adoro muy mucho a mi etiqueta negra, por todos es sabido, que de pelota hasta suena a timo, pero es que la criatura tiene razón. Al pequeño le ha tocado el gordo. Como para no envidiarlo.

Con la mayor, de momento, vivo bajo la euforia de un espejismo en el desierto. Espero que se mantenga.

El patriarca, que como buen macho y hombre de pelo en pecho se cree libre de carga psicológica, tiene su guerra particular. Interna. Nunca la admitirá. Pero nadie me podrá negar que a la buena vida uno se acostumbra muy rápido y volver a cohabitar implica tener que levantarse a las seis de la mañana para tener un poco de tiempo para leer, tener un sueño interrumpido con visitantes incluidos y tener conciencia plena y absoluta de que con la vuelta a la rutina vives menos tu vida y más la de otros; cuestiones que aun pareciendo insignificantes a veces se amotinan en la hondonada de nuestra alma por muy pura y fuerte que sea.

Pero la que de verdad sufre la cuesta psicológica de enero soy yo. Que además de aguantarlos a todos me tengo que aguantar a mí misma.

Por si no tenía suficiente, sigo sin poner solución a lo de mi vena androide. Yo creía haberme hecho cargo ya de mi naturaleza y aunque los demás tuvieran una poderosa capacidad para hacerlo, al menos yo a mí misma no me sorprendería. Llevo una pila de años conmigo y además, hilando fino… pero parece ser que no, que no aprendo la lección. Mi alma ilusa persiste y me sigo sorprendiendo Navidad tras Navidad, enero tras enero, proyectando automáticamente mi lista de nuevos propósitos para año nuevo. Esa misma que parece que carga el diablo y termina convertida en la lista de los despropósitos de mi año natural que tan sólo dura 9 meses en intervalos que van de septiembre a noviembre y de enero a junio. En julio aparece Fiona, excusa perfecta para culpar a un tercero por el abandono de mis afanosas ambiciones.

Este año además, es más preocupante… tengo en mi poder una libreta nueva. El peligro es inminente y más patente. Las intenciones, igual que las palabras, se las lleva el viento, pero lo escrito ahí queda, marcado a fuego en nuestra débil psique. Hecatombe. Blog y libreta. De esta cuesta de enero no salgo viva.

Ahí están mis propósitos caligrafiados en mi libreta que aún tiene esa sensación de apresto de la ropa nueva. Me plantan cara con desaire arrogante. Y yo los miro, algunos hasta los subrayo, les hago frente con gesto desafiante, blandiendo como espada mi cualidad más obstinada. El tesón.

Con lo que cuestan las cuestas y yo poniendo escollos en el camino. Veremos a ver cuántos llegan a cumplirse o si me vuelve a ocurrir un año más que algunos los abandono con el mismo entusiasmo con el que los empiezo.

Hagan sus apuestas…

Felipe

8 Thoughts on “LA CUESTA DE ENERO

  1. Gemma on 15 enero, 2016 at 8:22 am said:

    Bueno, esta claro. Necesitamos vernos cuanto antes.
    En mi primera escapada a Madrid lo organizamos, ¿vale? (Así por lo menos lloraremos juntas)

    Un besote, corazón, y mucho ánimo.
    Confío totalmente en tí y sé que dentro de nada empiezas a tachar tareas pendientes de ese cuaderno.

    Bssssss

  2. entremadridybuenosaires on 15 enero, 2016 at 9:11 am said:

    Chica valiente!! apuesta arriesgada!!!
    Uno de los objetivos era vernos, así que encantada de que me ayudes a tacharlo de la lista 😉

  3. Lo que daría por ver esos propósitos que has escrito en la libreta… ¡Ánimo que tú puedes! y si no, para eso está el tipex, se cambian y punto 😉

  4. Marta on 15 enero, 2016 at 5:38 pm said:

    Lo que me sorprende es que aún saques humor para escribir una jornada de momentazos, como esa, de las que disfruto con frecuencia gracias a Juanito!!
    A Javi le ha regalado unos bolígrafos que se borran( parecidos a los replay que usábamos depequeñas)… Cuando vaya te llevo uno, por si acaso te da por escribir más objetivos!!
    Bss

    • entremadridybuenosaires on 15 enero, 2016 at 11:03 pm said:

      humor y psicoanálisis, viste?
      El boli (birome, como dicen en Argentina) muy bienvenido será a mi humilde morada y lo tendré bien a mano (junto al tipex de Lucía 😉 …)
      Un beso

  5. Anda que…solo a mí se me ocurren escribirlos en el blog en lugar de en una de mis miles de libretas bonitas que tengo por todas partes como hiciste tú,…Estoy por quitarlos!!!!

    Qué nooo. No solo te pasa a ti que nos pasa a todas. Donde este septiembre.. ! Me identifico mucho contigo y lo sabes pero animo que solo quedan 15 días de mes, y febrero ya pinta de otra forma. Seguro!!!
    Un beso enorme!

    • entremadridybuenosaires on 16 enero, 2016 at 5:17 pm said:

      Ni se te ocurra quitarlos!!! Tú eres cumplidora!!! Y además los acompañas con unas fotos que incitan a cumplirlos!
      Yo tengo mucho de Felipito ya te dije!!!
      Pensar en febrero me anima! Me salta el corazón! Mi espíritu holliwoodiense entra en éxtasis con San Valentín y más teniendo aquí a mi etiqueta negra! Me olvido de cuestas y propósitos en un suspiro…

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