EL TIEMPO PASA

El tiempo pasa. Se nos escapa. No hay que enfocar los recuerdos a las profundidades del tiempo para darnos cuenta. A veces pasa por nuestra vida coqueteando con alegría y nos recibe no sólo con afables apretones de manos, sino con tiernos besos y abrazos. Otras veces llega turbulento, dotado de una descarada cualidad para fastidiar. Viene dispuesto a abalanzarse sobre nuestro pescuezo y hacernos sentir frágiles y modestos.

Pero estoy dispuesta a hacerle frente. Si hay que batirse, lo hago ¡Menudo desvergonzado!

Y es que el tiempo no sabe con quién se ha topado. Soy un alma de diablesa revestida de seda; una auténtica bruja lista para escribir mi conjuro, porque a santo de qué tanto apuro.

Me quiere alguien explicar por qué el tiempo se empeña en pasar llevándose a mis hijos sin rechistar.

Hace cuatro días yo era un amasijo de cuarenta y ocho kilos a la que le sobrevino una barriga como un pepino que albergaba a mi primogénita. Entonces, que tenía encima tan poca sesera como kilos, no hacía más que ambicionar velocidad, queriendo alcanzar lo que en la actualidad considero un estándar de insustancial comodidad. Esa que psicológicamente una se autoimprime tras leer modernos (o antiguos) manuales de maternidad. A ver si doy a luz ya. A ver si empiezo a introducir alimentos ya. A ver si duerme ya. A ver si deja de llorar ya. A ver si deja el chupete ya. A ver cuándo la pasamos a la sillita de paraguas ya (que llevar la otra es un infierno). A ver si empieza a dormir en cama ya. A ver, a ver, a ver…

Hace dos días, tuve a mi segunda hija y con el pan que bajo el brazo traía venían también un par de kilos más y nueva dosis de cordura para mi descerebrada mollera. Aunque en ocasiones fui titubeante, me vi capaz de hacer uso de mi mano izquierda, hasta ese momento anquilosada por desuso. Tuve el iluminado momento lingüístico de modificar la expresión “a ver” por “tarde o temprano”. Bendita la hora en la que me sobrevino este cambio divino. Pasé de un compungido cansancio a un ostensible descanso. Mental exclusivamente, por si había dudas. El arte de la aceptación os aseguro que es una auténtica relajación. Veía los acontecimientos pasar con mayor calma y serenidad.

Y fue casi ayer cuando tuve a mi tercero. Eso sí que fue embarcarme en un insólito derrotero. Con él llegaron ya las dosis completas de kilos. Juicio y sensatez me volvieron a tocar en suerte, si bien es cierto que aún no estoy exenta de que llamen de nuevo a mi puerta, aunque os aseguro que no vendrán de la mano de un hijo nuevo, más bien de los antiguos, que me irán poniendo en el camino alguna que otra cita ineludible con la razón, la moderación y la reflexión. Todas, venid a mí ya. Que buena falta me harán.

Tras la llegada del último vástago de nuestra estirpe, la sabiduría me lleva a frenar con gallardía. No hay “a ver” que valga, ni “tarde o temprano”, solo hay un silencio agonizante, casi una tristeza paralizante, que ocupa nicho en el abismo de mis entrañas. Mi bebé se hace niño. Y yo, lo evito. Pero qué difícil tarea. Hacer frente a estas lides con mi etiqueta negra de por medio no es sencillo. Necesito un conjuro con brillo. Él no sólo quiere que su bebé se haga niño, sino un hombre. De los de verdad, de los de pelo en pecho, como él. Qué es eso de seguir con chupete. Qué es eso de tomar biberón. Qué es eso de dormir en cuna. Qué es eso de dormir acompañado (hasta tu mocedad nada y ya se encargará tu madre de que ni entonces).

Este fin de semana le hemos quitado la cuna. Es el primer paso en su carrera personal hacia la hombría. Llevaba ya durmiendo en una cama adecuada a su pequeño tamaño un par de semanas, pero yo mantenía la cuna. Mi lánguida energía me impedía guardarla. Y que conste que soy consciente de que fue una decisión de lo más eficiente. Duerme mucho mejor, las cosas como son. Y su sueño es el mío, mejor que no diga ni pío. Pero a mí me duele el alma. Admito ser una auténtica petarda. Ver de manera tan evidente que me estoy quedando sin bebés en casa me da vértigo; tanto como nostalgia.

A veces me descubro a mí misma deshaciendo el camino. Desandando lo andado…. Toma tu chupete hijo mío… mamá te lo da con mimo.

Sigue a mi regazo que tus hermanas están casi rompiendo el lazo.

Esta fue una de las últimas instantáneas que tengo de él en la cuna. De pie. Como siempre estaba, porque bien poco le gustaba.

en cuna

Un año más termina. Un año más ha pasado. El tiempo parece que nos lo han quitado. Sólo espero que lo hayáis disfrutado. Como yo. Que incluso sin cuna me sigo deleitando.

¡Feliz año a todos!

Y que el tiempo siga pasando, puesto que no significa más que la vida es nuestro más preciado regalo.

8 Thoughts on “EL TIEMPO PASA

  1. Aunque quites la cuna, siempre será tu pequeño y además… Tienes más sitio en casa!!! Piensa en positivo!
    Feliz año María, feliz de haberte encontrado! 🙂

  2. entremadridybuenosaires on 30 diciembre, 2015 at 5:22 pm said:

    Lo será. Por lo siglos de los siglos!
    Siempre positivo, nunca negativo!
    Un beso Inma

  3. Feliz año querida! No me cabe duda de que será un hombre de los que merecen la pena, pero con o sin cuna, va a seguir siendo nuestro pequeñito un poco más, te lo aseguro 😉

  4. Ayyyy como te entiendo!! Estoy pensando en echarle cemento en las encías a mi tercero (como diría alguna)para que no le salgan dientes nunca!!
    Feliz año para ti y tu preciosa familia!!
    Y te diré querida q todavía tienes 3 bebés en casa….
    Lo que nos queda!!!!!!!!!!
    Muas muas

  5. yonosoypepa on 2 enero, 2016 at 1:21 am said:

    Ellos siempre serán nuestros bebés aunque ya no sintamos ni las piernas al cogerles en brazos…

    • entremadridybuenosaires on 3 enero, 2016 at 3:53 pm said:

      Esa es una VERDAD ABSOLUTA!!!! de las que ni siquiera un gran abogado puede llegar a rebatir jamás

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