DEL VOSEO AL MODO MINION

No hay mayor manjar, a los ojos y paladar de una criatura, que las popularmente extendidas chucherías. Al menos eso pensaba yo acerca de esta realidad tan mundana, hasta que el patriarca, desde esa austeridad más propia de sus genes navarros que argentinos, me confirmó que en Argentina los niños no ingieren semejante guarrería; que quien sabe lo que son, lejos de catalogarlas como delicias, las incorpora en la lista de subproductos tóxicos derivados del petróleo.

Yo, pese a que mi bolsillo y a mi conciencia les duela ir al dentista para arreglar los desaguisados causados por una ingesta inapropiada de azúcar, clamo (con mesura y mano que custodia a la par que dosifica) por una infancia con chuches. No sólo es por ese halo de nostalgia romántica que me invade a medida que pasan los años, sino por el espíritu de supervivencia que se ha despertado en mi persona tras la maternidad, que además crece al mismo ritmo que se me llena la cabeza de canas.

Y es que entre múltiples definiciones, las chuches destacan sobremanera como arma de negociación en caso de encontrase en situaciones farragosas; que por otra parte, quien tiene descendencia experimenta a veces con una cotidianidad no deseada. Yo, que estos avatares los sufro, no precisamente en silencio, reconozco tener un bote siempre en casa al que le otorgo la dualidad de castigo o recompensa. Soy débil, mi verborrea se agota, mi mente y mis glándulas salivares se bloquean; así que la incomodidad de una mente y una boca espesa me llevan a entregarme a la simpleza de la dulzura infantil, que anhelada con desesperación, sólo se ve materializada en tan petrolera materia.

Otra de las grandes cualidades de las chucherías es la capacidad de sembrar y germinar la semilla de la amistad. Si un niño saca una bolsa de chuches, en escasos instantes se encuentra rodeado de sus congéneres que le ofrecen la mejor de sus sonrisas a cambio de poder catar al menos una pizca de tan preciado tesoro. Venderán su alma a través de los mayores halagos. Una marcada enemistad puede desembocar en un momentáneo, pero fácil de creer, arrepentimiento. A veces, cerca de propiciar disputas, suelen fomentar la camaradería y el compañerismo.

Fue un tarde veraniega, rodeados de una pequeña agrupación infantil que alcanzó el consenso de implorar su dosis vespertina de chucherías, el momento en el que el patriarca se vio obligado, en contra de sus principios, pero en aras de no parecer un ogro a ojos de hijos ajenos, a repartir, bajo premisa de equidad, tan magna cochinada. Hete ahí que en un alarde de cercanía hacia los niños, según les va entregando la mercancía les va diciendo: “para vos”, “para vos”…. A lo que uno de los que allí se encontraban, con natural desconcierto contestó, “para vos, NO, este es para mi”… como si ese tal “vos” fuera a ser beneficiado con las chuches que por turno a él le tocaban.

Creo, con bastante certeza, que un reparto “estilo minion” (“TOMA, PARA TÚ”) hubiera resultado anecdóticamente menos divertido pero más comprensible para los receptores…

En la familia Entre Madrid y Buenos Aires somos muy muy fans de los minions… para muestra, un botón…

MI PEQUEÑO MINION

One Thought on “DEL VOSEO AL MODO MINION

  1. No llegué a verlo, pero puedo imaginarme perfectamente la cara de tu querido esposo al acometer la heroica proeza de repartir chuches entre los niños…..
    Este yerno mío cada día demuestra un poquito más de apego por la “ciénaga” y las costumbres de sus visitantes habituales, cosa que, como es comprensible, me alegra enormemente.

    Tienes que decirme quien fue el de “para vos, NO, este es para mi”… ¡genial! para que me haga una idea mejor de la cara y el tono con el que lo dijo.

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