CONTIGO APRENDÍ

Enseñar y aprender son artes y, como todas las disciplinas artísticas, deben cultivarse. Incluso los genios no son inmunes a la decadencia por la falta de práctica, porque son habilidades unas veces innatas, pero otras no.

Hace ocho años que vengo ejercitando mis habilidades para aprender, los mismos que mi hija mayor las suyas para enseñarme. Desde su venida al mundo, las dos estamos inmersas en nuestra mutua instrucción y, aunque aún hoy ninguna puede considerarse del todo avezada en el desempeño de su rol, por fin hemos asumido, no sin esfuerzo, que una de las grandes leyes que rigen el universo (a saber: cada postura responsabiliza a la contraria) tiene tanto de simple en su mención como de titánico en su aplicación. Y es que mientras el título de primogénito se lustra a base de límites inciertos y desconocidos, el de madre, no sólo se sostiene, sino que se engrosa, rebelión tras rebelión. Una sufre el desgaste por la lucha contra la obediencia y la otra por la merma de la paciencia y la difícil tarea de su renovación. Así deambulamos juntas por el trayecto de la vida, empujándonos mutuamente por sendas colmadas de espinas convertidas en flores a base de abonar con equivocación tras equivocación. Olemos su aroma y dejamos que la primavera y su flora orquesten, en ocasiones, nuestras vidas, permitiéndonos disfrutar de algunas épocas doradas en las que entendemos la fluidez de las relaciones materno-paterno-filiales como el maná del existir.

Esta dinámica en la que nos vemos inmersos padres e hijos, conocida como el arte experimental de educar, es siempre desconcertante, pero más aún si cuenta con la desventaja de la inexperiencia, algo con lo que el primogénito ha sido ungido con honores y martillea la puerta de todas las conciencias para ir abriendo camino. A él y al resto de la piara.

Pero el desconcierto del desconocimiento convive con la inconmensurabilidad de haber sido agraciado, aunque durante un leve espacio temporal, con el privilegio de la exclusividad, el disfrute sin hartazgo de la novedad y la euforia incandescente de la primera vez.

Todo contigo y a la vez, hija mía.

Contigo sentí por primera vez un latido rebosante de energía. La primera patada de unos pies que pisan con fuerza y determinación, no temiendo más que a la injusticia y a la mala condición. Has sido la única de los tres a la que he ayudado, con mis propias manos, a salir de mis entrañas. Te puse en mi regazo, palpitante de la emoción, y me encontré con unos oscuros ojos abiertos como platos devorándome y revelándome su ser.

Contigo en mis brazos aprendí a olvidarme de lo mundano, a recrearme en el misticismo; a identificar los verdaderos moradores de nuestra historia. Arrojaste una luz espiritual a mi vida convirtiéndola en una fase de iniciación sin fin.

Contigo he saboreado el placer de abandonar la búsqueda febril y a tientas de la felicidad, porque no es más que la revelación de que descubrirme admirándote comienza a ser rutina.

Se me antoja complicado irradiar mis sentimientos con la potencia expresiva de la que son merecedores. Cuaja un punto al que mis erráticas dotes de “juntapalabras” con querencia al uso de los adjetivos  no consiguen llegar sin resoplos.

Tamaña ocasión, la de tu cumpleaños, siento que impone un inusitado respeto a mi verborrea, pero no por ello renuncio a intentar exhalarla con el poco hálito de frescura que me queda después de ocho años de hipnosis, en los que, por cierto, creo seguir inmersa.  Dicho lo cual, hoy mi soliloquio está dedicado a ti, mi pequeña gran maestra de vida.

Vivir nuestro idilio de la mano, al compás de nuestras vidas, es acariciar el cielo. Tu cariño me envuelve. Tu energía me traspasa. Sólo espero que en el  anhelado futuro, cuando agarres al mundo con una mano, no sueltes mi corazón de la otra.

Felicidades atrasadas hija mía.

2 Thoughts on “CONTIGO APRENDÍ

  1. Elena on 26 mayo, 2017 at 10:17 am said:

    Precioso María! cómo le gustará leer esto de mayor.

  2. Conchita on 29 mayo, 2017 at 3:13 am said:

    Admiro tu capacidad para expresar con palabras todos esos sentimientos.
    Estoy de acuerdo con Elena en que le encantará leer esto cuando sea mayor.
    Ojalá hubiera tenido yo ese arte para deciros a todos los que os quiero unas cosas tan bonitas y tan reales.
    A falta de ello, sólo puedo decir que te quiero mucho, muchísimo, y que estoy muy orgullosa de ti.
    Un abrazo grande.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation