UNA GRAMOLA REAL

Abrir la puerta a los nervios es humano. Impedir que se instalen en mi interior me resulta oficio divino.

Sin necesidad de proferir conjuros dialectales, tengo la endemoniada habilidad (o la inmadura virtud, compañera de toda buena jovenzuela) de invocar a los nervios, abriéndoles, ante mí, un camino expedito, libre de trabas. Es más, pongo la alfombra roja para que se asienten a sus anchas. No en vano, solo consigo quedarme titubeante y en actitud contemplativa, como si mi única e inabordable tarea fuera asimilar lo difícil que se me antoja escapar de mi excitante realidad, sin poder hacer mucho más al respecto.

Los nervios ahora mismo se están cebando en mi desvergonzada existencia.

La primera dosis de nervios me la inyectó mi etiqueta negra hace unas semanas cuando me comunicó haber planeado otro de sus viajes con aspiraciones apoteósicas. De los transatlánticos. De los que en lugar de apaciguar la tormentosa relación que tenemos mi miedo a volar y yo, la incentiva de manera fervorosa. No puedo hablar más del tema, aún estoy tratando de digerirlo y de hacer acopio de fuerzas para sobrellevarlo.

La segunda dosis me la inyectó mi vecino al subir a notificarme que el agua le cae a chorro desde mi casa. Lo que empezó siendo un pequeño contratiempo ha evolucionado a una inyección de nervios como para un caballo. Los distintos operarios que pasan por mi casa parecen haber entrado en una competición para ver quién de todos me hace aullar más de histerismo. De momento va ganando el que verbalizó, espero con más desconocimiento que osadía, el término “martillo hidráulico”.

Ya no puedo ocultarlo más. Está claro. Los nervios se están apoderando de mis entrañas con una diplomática parsimonia que, lejos de propiciarme sufrimiento de úlcera, azuzan a mi Yo más creativo para asumir retos de dimensiones palaciegas. Resulta que hoy no sólo debo ser capaz de seducir a mis lectores con mis escasos destellos lingüísticos, sino que precisamente hoy deben ser especialmente brillantes, por quien van a iluminar. Una reina entre las reinas de la blogesfera.

Junto con La Madre Tigre, a quien ya tuve el grato placer y honor de homenajear en mi espacio, y Molinos, dueña y ama de una verborrea tan entretenida como constante, ocupa pódium entre las estrellas del cibermundo. Ella es musa y deidad de la inspiración y la fantasía. Una de esas artistas que aparecen con eras geológicas de diferencia, luciendo con energía y recursos propios sin necesidad de tirar de la intuición olfativa de los cazatalentos.

Penosamente debo admitir que no la descubrí por méritos propios, porque ya sabéis que soy lenta para todo y para las tendencias más. Yo no sabía lo que era un blog y que la creatividad podía ir más allá de mi tradicional inventiva en el campo de las palabras. Pero un día, en mi segunda baja maternal, una de mis primas, todas ellas emisarias de estilismo del bueno, tiene a bien sugerirme que entre en una página web. La cantidad de cosas que encontraría para mis hijas me iba a hacer perder el juicio de la emoción. Y así fue. Así me convertí en una auténtica fan/follower.

Su blog es uno de esos básicos imprescindibles que toda madre debe atesorar en la difícil andadura de traer criaturas a este mundo. Te ofrece planes increíbles, actividades de lo más originales, ideas brillantes para encandilar a tu prole y colindantes, recetas exquisitas y un sinfín de recomendaciones más que, sin haberlas hecho aún todas, me creo, con vocación carmelita, son éxito seguro en mi hogar.

Y todo siempre desde una perspectiva que no incomoda ni empacha, porque sabe transmitir con enigmática mesura y sin someter a juicio a nadie, como mucho a ella misma.

Cuando creías que todo estaba inventado ya, tiene la afable cualidad de seguir sorprendiéndote. Es la que mejor sabe ir un paso por delante, dejando un surco que no hace sino despertar en mi persona el más sincero respeto y admiración. Llegar a la cima es más fácil que mantenerse y ella no contenta con esto sigue creciendo y proyectando su estrellato por un universo cada vez más amplio.

Su absoluto dominio de la comunicación, así como su distinguido estilo y elegancia, le hacen manejarse por la cuerda floja de la fama como una auténtica funámbula malabarista, acompañada de otras dos artistas en esas lides, las de Sonambulistas. Entre las tres han puesto una pica en Flandes y han creado HelloCreatividad, lo que ya le dije personalmente, auguro tiene los ingredientes para posicionarse como una gran agencia de las de tirón mediático.

Imagino que a estas alturas no queda ninguna duda sobre quien estoy hablando. De la reina entre las reinas. De Beatriz Gaspar y su inconfundible blog, “Con Botas de Agua”.

Una de sus últimas secciones del blog me ha tocado muy de lleno: “Alta Fidelidad”. En ella, la principal protagonista es la música. Mi debilidad. Uno de los gritos de mi manifiesto. La única sección que yo también tengo en mi blog más allá de mis historietas de argentina consorte y madre en ciernes.

Para que una de mis gramolas vea la luz debe haber alineación de planetas. En primer lugar, debo tener a una persona especial en mente por algo. En segundo lugar es preciso encontrar una canción que, además de gustarme tanto como para colgarla, muestre vínculo directo con esa persona por algo concreto también. Y lo más importante, la inspiración tiene que llamar a mi puerta para brindar un homenaje que no sólo le guste al afortunado, sino a los cuatro locos seguidores que cada semana me acompañan e incluso me extrañan si falto.

Cuando escuché la canción que hoy suena en mi gramola lo tuve claro no, cristalino. Era para ella.
Hoy, querida Beatriz, meto mi moneda de la gramola como un flan. Nerviosa y con pulso agitado, porque dirigirse a una reina no deja de ser osado. Va por ti, querida.

Pareces haber encontrado de nuevo la ilusión en el yoga.

Yo, contigo… ¡gracias!

Presagio terminas tocando el piano que tienes en casa con una pierna arriba como este chico. A tus hijas les va a encantar; si no te adelantan ellas… que a lo mejor su naturaleza se lo brinda más fácil…

 

2 Thoughts on “UNA GRAMOLA REAL

  1. Puf, madre mía, ¿y que digo yo ahora después de semejante honor y semejante post?
    Que gracias, gracias y más gracias. Que yo, que no soy reina más q de mi casa (y cuando me dejan), lo único que hago es tratar de pasarlo bien, traer cosas que puedo pensar que os interesan y sobre todo disfrutar de lo que hago. Y la mayor recompensa la obtengo en personas como tú y en post como éste que hacen que recargue pilas cuando las fuerzas flojean. Respecto a la canción, en cuanto me suba ahora al coche se la pongo. Y te quiero de invitada en Alta fidelidad, ya te escribiré. Un besazo grande y gracias de las de verdad.

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