ÁTAME…. BY LA GRAMOLA

Yo, que hace unos años me veía velando por mi ausencia de ataduras y me vanagloriaba de predicar con el ejemplo, me veo a día de hoy con poco y nada de aquella joven. Cualquier vestigio de ella es fruto del ilusionismo barato.

Ahora mismo, ataduras, tengo lo que se dice unas pocas.

La cosa empezó cuando mi etiqueta negra y yo decidimos comprarnos el primer bien en común. El coche. Un desembolso de esa índole, al mismo tiempo que une, ata. Al menos te hace recapacitar más ante un conato de locura de esos de soy una mujer del siglo 21, independiente y no tengo por qué aguantar tonterías de ningún hombre. Nena, tú vales mucho. Y entonces piensas ¿y quién se quedaría con el coche? Por si acaso no me gustaba la respuesta, el coche se puso a nombre de mi progenitor, amparando la decisión en el beneficio que ambos podríamos obtener del plan Pive si entregábamos un coche viejo de mi padre a cambio. El coche viejo que se entregaba tenía que estar a nombre de la misma persona que compraba el nuevo. Ante ruptura, “ni pa ti ni pa mí”, para mi padre. Eso es justicia. Claramente.

El siguiente paso después del coche fue la casa. En este caso la compramos juntos e incluso escrituramos juntos. Un escalón más. De ese día recuerdo, además de la cantidad de firmas que tuve que estampar y la cantidad de ceros que me quedaban por desembolsar, una frase que alguien que andaba pululando por ahí soltó con tibieza: “esto une más que el matrimonio”. Le faltó añadir ata… Me he casado, digo… hipotecado…

Si a esta secuencia “coche-casa-…” se incorporan los hijos, no es que se multipliquen los niveles de atadura, es que se elevan a una potencia equivalente a tantos vástagos como se tienen. Entendedme, libre soy. Lo que no me dejan es ejercer. Ni siquiera de boquilla. No es que no tenga libertad para salir al cine, para ir al baño sin séquito, para ver algún canal de televisión que no sea de dibujos, para utilizar algún dispositivo electrónico que comenzó siendo mío, para mirarme al espejo y acordarme de que me tengo que echar crema hidratante en la cara, que salir con estos fríos con la cara como un reptil es duro y hostil; Es algo que va más allá. Es que tengo la lengua atada. Cualquier intento de conversación con un adulto se ve boicoteado. Lo que inevitablemente se traduce en que mi etiqueta negra y yo tenemos mucho atrasado que contarnos, por no mencionar lo que tenemos por desahogarnos. Y si esto es así entre nosotros, que ahora ya nos vemos a diario, imaginaos lo atrasados que estamos con el resto de los mortales. Para mí, esto es una tortura, que soy de las que les gusta hablar hasta que le duelen las mandíbulas.

Aquí es donde llegan los illuminati de turno y te restriegan por la cara que tú solita te lo has buscado en el ejercicio de tus libertades.

Total, que en mi espíritu de moderna libre voy y me dedico a escribir parte de mis desahogos en un blog. Para qué tiene una un blog si no es para llorar y desahogarse. Con todas las limitaciones que también conlleva. A ver si os creéis que todo el monte es orgasmo. Que a mí el cuerpo me pide a gritos pegar patadas y mi conciencia, a modo del maestro Miyagi, no hace más que instruirme para que repita con serenidad “dar cera, pulir cera” a ver si voy a cavar mi propia tumba, tarea que a cualquier egoblogger de pro se nos da de maravilla. Algunas empiezan poniendo morritos, no quiero ni pensar cómo acaban. Hay pérdidas de honor que son irreparables. Lo que viene a ser la vida misma.

En este mi tenebroso conflicto que me lleva a vagabundear por los lugares más sórdidos de mi interior, yo sigo llorando. Una vez escuché que tras una buena catarata de llantos, se ilumina la mirada. Debe ser lo que en mi subconsciente me persigue para soltar la lágrima con tanta facilidad.

Y resulta que un día descubro que en mis llantos y mis quebrantos no estoy sola. Ella me acompaña. Os aseguro que es la caña.

Dicen de ella que es un trozo de pan duro y que en su momento fue la niña sin blog. Para mi es alivio y consuelo, ánimo y energía, pulmón y corazón, todos órganos con los que me guía en mi andadura por si acaso la cuesta es dura. Bendita sea mi atadura. A ti.

Hoy mi querida Gemma, te dedico especial y cariñosamente mi moneda de la gramola. Siempre siento que me llega un susurro con viento del Norte…

If you ever need someone to cry to
If you ever need someone to hold you
I will be there
Standing by your side

If you ever need someone
To just love you
If you ever need someone
To simply adore you
I will be there
Standing by your side

¡Gracias siempre!

Que conste que esto lo hago solo porque me ha prometido obsequiarme con un cachopo de su tierra… ¡Asturias!

2 Thoughts on “ÁTAME…. BY LA GRAMOLA

  1. No me he olvidado de ti, que conste. La gripe de Guille le ha dejado como un trapo a él, y agotada a mí a partes iguales. He buscado huecos para contestarte y poder estar a la altura, pero sé que nunca podría hacerlo ni tan bien, ni tan bonito.
    Es increíble que a pesar de la distancia, y de no haber coincidido ni una sola vez, tengamos “ese algo” tan especial, así que sólo puedo darte las GRACIAS.
    Este año será el nuestro. El de ponernos caras la una a la otra, el año de los cachopos, las risas, y todas esas conversaciones que hasta ahora hemos tenido que mantener a través de un teclado.
    Nos vemos pronto, AMIGA
    Un besote

  2. Constanza on 9 febrero, 2016 at 4:10 am said:

    Hola María! Estoy poniéndome al día… y cómo me ha gustado!!! Y como te entiendo!!!! Un besote!

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