ÁGELES Y DEMONIOS

Cuando consigo mirarme de soslayo a un espejo me descubro, con aflicción y mansedumbre, cual pálida azucena que besó el jazmín, como dice el bolero. Mustia como el más anémico de los alhelíes. Encarnando la más actual de las tendencias revestida del color rosa palo de una epidermis típicamente urbana. La vanguardia del estilismo en tonos pastel me toca de lleno en todo su esplendor. Exhibo un semblante mezcla de blanco roto, amarillo ictericia o rosa niebla. Y tengo sobresaltos que me llevan incluso hacia las tonalidades verdes.

De más está decir que encuentro muchas justificaciones para no haber abonado mi propio jardín y no poder lucir otra gama de colores más favorecedores para mi rostro de madre abatida por las tempestades. En realidad, creo que son innumerables. Pero faltaría a la verdad si os dijera que todas tienen el mismo peso. Una sobresale en todo este ajetreo mundano que vivo, capaz de abolir hasta mi conciencia.

Estoy pálida porque noto como el pánico me está engullendo y no encuentro brebaje que me ayude a digerir el áspero trago por el que estoy pasando con la menor pérdida de compostura. Estamos a las puertas de un embarque. En avión. Sí, ese aparato que odio con tanta sinceridad como entusiasmo, porque en el fondo me subo a él sometida y doblegada por la ley de las compensaciones.

Cierto es que tengo la fortuna de amontonar una larga ristra de tareas en las que centrarme. Son la mejor distracción para no reparar en el innegable sino al que estoy predestinada (y para ser reflejo, en mis entrañas, de un pantone de colores de diseñador artístico). No puedo estar más que agradecida por tener que hacer maletas para nada menos que cuatro. Otros tienen la anhelada desdicha de tener solo una, dejando su mente libre y desprotegida a merced de los peligros derivados del canguelo. Qué suerte la mía.

Pero la suerte, amigos, también se busca. A veces viene sola. Las menos. La mayoría hay que llamarla. A gritos. Tiende a hacerse la sorda. Pero yo me encargo de captar su completa atención y atraerla y retenerla.

-¡Suerte! Ven. Aquí te quiero. Bien arrimadita a mi vera. Quédate conmigo y bríndame el privilegio de ser sepultada bajo la esponjosidad de una montaña de ropa que desprende aromas intensos y entremezclados tras meses en el armario. No me abandones en la estimulante tarea de convencer a mis hijas que deben probarse los modelos del verano pasado en aras de saber cuál es la mercancía rescatable. Vente conmigo a hacer esas gratificantes compras de último minuto tras darme cuenta que la mayor no tiene más que su herencia genética (que no es poco) y al pequeño debemos frenarle en sus ansias por travestirse. Concédete aceptar la regalía de hacer las maletas de manera única. Es por el bien de la comunidad. Hacer el trabajo una sola vez y uno mismo, sin necesidad de revisar los estándares de calidad de otros, ahorra tiempo y evita duplicar tareas. Acompáñame en mis rezos para encontrar las sandalias que hace meses dejé en el zapatero. El zapatero no las tiene. Yo tampoco. Disfruta conmigo de las relaciones sociales que estoy entablando con los operarios que pasan por mi casa para solucionar el problema de las humedades. Saca a pasear tu sentido artístico e ilústrame sobre nuevas tendencias en pavimentos y platos de ducha. Enorgullécete del tino que tienes para combinar un viaje con una cita médica programada hace casi un año, ofreciéndonos el placer y disfrute de rutas turísticas a deshora por los centros de salud. Regodéate victoriosa en el spring final de la carrera para entregar los papeles de solicitud de plaza en el colegio para el pequeño en tan sólo dos días de plazo. Es un acicate para llegar a ser una virtuosa de la ubicuidad.

Quédate conmigo. Si te vas te espera la fruslería de recoger la cocina tras la cena o la soledad de una maleta. A lo sumo, gozarás de facturarla (a ella y las de los otros cuatro). Y lo que es peor, el deshonor de no reconocerte como suerte y tildarte con desdén semántico de desorganización. Ten cuidado, que el demonio de la simetría o la igualdad te persigue. Igual que a mí. Ponte a cubierto.

Te espero en el Caribe.

CARIBE

Fotografía de viajaralcaribe.net

2 Thoughts on “ÁGELES Y DEMONIOS

  1. Marta on 7 abril, 2016 at 4:21 pm said:

    ¿Cómo estará mi adorado Caribe Panameño???!!!
    ¡¡¡Cuánto lo echo de menos!!!
    Me compadezco de tí en ese momento terrorífico de maletas… Que nadie me hable, que nadie me mire, que nadie se acerque a mí, que le puede caer cualquier bronca, que algo habrá hecho…

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