UNA GRAMOLA DE LO MÁS INSPIRADORA

Para gustos los colores. Mi predilección es el verde.

Desde luego hay pocas cosas tan personales e intransferibles como los gustos, por mucho que digan que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición.

Personalmente me decanto por los platos de cuchara. Mi etiqueta negra por los de tenedor y cuchillo. Hace honor a su patria siendo un gran devorador de carne y un férreo detractor de la sopa. No sé si hace falta recordaros uno de los gritos más característicos de Mafalda, mítico personaje con el que nos ha obsequiado de por vida el genio argentino Quino: “sopa, NO”.

MAFALDA SOPA

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FESTEN, LA CELEBRACIÓN

Las excusas son malas o buenas. No suele haber término medio. Pero sí extremos. Hay excusas que son sublimes. Sin ir más lejos, la que voy a utilizar como justificación para haber abandonado mi insigne espacio un tiempo más dilatado del que acostumbro.

Cuenta la leyenda que tener un argentino en casa es, según una de sus expresiones favoritas, como estar de joda todo el día. Son divertidos. No hay duda. Bien lo sabe hasta la publicista más ingeniosa, no quedándole más remedio que sucumbir  ante la irrefutable realidad que les corona como reyes de la comunicación. Tampoco cabe vacilación respecto a su rol de románticos embaucadores capaces de desprestigiar las labores del más convencido Romeo. Ni que decir tiene que son dueños y amos en el arte de celebrar con pompa y boato. Son únicos a la hora de alzar la copa sin desánimo, brindando por todo y por nada. Cualquier excusa es buena para empinar el brazo al son del chin-chin. Verbal, no el procedente del sutil roce entre las copas. No callan ni para eso. Y si compartes mesa con argentinos es preciso estar preparado para afrontar un brindis de surrealismo sin fin. Al menor descuido brindarán hasta por tu abuela, a la que no conocen, pero intuyen sus longevos méritos para ser la protagonista del alzamiento. Continue Reading →

ÁGELES Y DEMONIOS

Cuando consigo mirarme de soslayo a un espejo me descubro, con aflicción y mansedumbre, cual pálida azucena que besó el jazmín, como dice el bolero. Mustia como el más anémico de los alhelíes. Encarnando la más actual de las tendencias revestida del color rosa palo de una epidermis típicamente urbana. La vanguardia del estilismo en tonos pastel me toca de lleno en todo su esplendor. Exhibo un semblante mezcla de blanco roto, amarillo ictericia o rosa niebla. Y tengo sobresaltos que me llevan incluso hacia las tonalidades verdes.

De más está decir que encuentro muchas justificaciones para no haber abonado mi propio jardín y no poder lucir otra gama de colores más favorecedores para mi rostro de madre abatida por las tempestades. En realidad, creo que son innumerables. Pero faltaría a la verdad si os dijera que todas tienen el mismo peso. Una sobresale en todo este ajetreo mundano que vivo, capaz de abolir hasta mi conciencia. Continue Reading →

BATIENDO RÉCORDS

Batir récords es una moda incluso más antigua que el propio libro que los acoge. Allá por 1951, una discusión entre cazadores sobre cuál era el ave más rápida de Europa, fue el origen del libro Guinness. Dado que no encontraban ninguna respuesta convincente, Sir Hugh Beaver, en aquella época director de la marca de cerveza irlandesa Guinness, planteó elaborar un libro incluyendo los records más extravagantes que se le pudieran ocurrir. En 1955, la compañía londinense a la que se lo encargó, publicó el primer Libro de los Récords (Guinnes Superlatives), con un resultado de noventa millones de copias en veinte lenguas. Eso sí que es un récord.

Pero batir récords se estila desde que el hombre es hombre y la mujer madre. Ya desde el Paleolítico, cuando abundaban las historias simples pero vigorosas, desde el Australopitecus hasta el Homo Sapiens habían hecho gala de sus propias listas de récords. No solo eso. Seguro lucían en el lugar más digno y privilegiado de la caverna, después de haber sido talladas con esmero.

Hoy en día seguimos fantaseando con nuestras listas de récords particulares, enfrascados en la tarea de alcanzar directos una cúspide desde la que otear el paisaje como si de un cuadro alegórico se tratara.

Ni siquiera yo soy una sana excepción. Continue Reading →