28 DÍAS

Algunas mentes elucubradoras, de esas que andan sueltas por ahí, defienden que tres es el número cabalístico por excelencia. Tres eran los cerditos del cuento, las madrinas de la Bella Durmiente, los ositos de Ricitos de Oro, los Reyes Magos, las carabelas de Colón y las gracias de Rubens. Otros expertos en las artes divagatorias, sin embargo, trasladan una magia especial al número siete. Las siete notas musicales, los siete colores del arco iris, los siete pecados capitales, las siete maravillas del mundo antiguo o los siete enanitos de Blancanieves.

Tras un pormenorizado estudio de una materia tan enigmática y misteriosa como la maternidad y todo lo que le rodea, incluidas las portadoras del gen que les otorga la titularidad en cuestión, creo que podría fijar mi número cabalístico en el veintiocho. Continue Reading →

OH MI ROMEO

Los roles en las familias se adquieren desde el principio. Críate la fama y échate a dormir. En la nuestra ya tenemos muy asumido que yo soy la austera y mi etiqueta negra el derrochador. De los que se da al lujo y al dispendio con honores en menos que canta un gallo. Su apodo no le ha sido otorgado por casualidad.

A modo de compensación, me embebo rigurosamente en mi papel olfateando cualquier rastro que me conduzca directa a una oportunidad de ser mínimamente ahorradora. Y aunque mi tercero se empeñe una y otra vez en destrozarme la excelente pituitaria que me tocó en gracia al nacer, sigo jactándome de ser una gran sabuesa. Continue Reading →

UNA GRAMOLA CON ESPECIAL AROMA

Lo que intuís es cierto. Tengo hordas de seguidores al más puro estilo “Bienvenido Mr Marshall”. Me cuesta ponerlos en orden y concierto. Se amontonan, de momento no se amotinan. Me leen en su remanso. Comentan sin descanso. Aprovechan cualquier oportunidad para conmigo disfrutar. Y yo… sin enterarme…

Mantienen cubierto, con un manto de silencio, lo grato que les resulta formar parte de esta mi privilegiada fracción, a la que recibo con fanfarria y alfombra roja, cada vez que tengo ocasión.

Cuando hace escasos meses la generalidad era aún más silente, unos pocos en solitario se distinguían. Algunos de manera ruidosa, como la mía, que siempre entro como un elefante en una cacharrería. Otros discretos y sencillos, agazapados detrás de un visillo.

Pero los veo y los vigilo y me pregunto, apretando los dientes, si la curiosidad inocente se convertirá en apego permanente.

Mis ojos, tan torpes como entusiastas y a los que les encanta tirar de nostalgia, quieren creer que sí.

Con mi seguidora número 5 sí.

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